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Sergio Rodríguez Beristain, el hombre que llegó a Cuba “vestido de sheriff”, explicó durante una entrevista concedida al canal América Tevé de Miami, que en su viaje a Cuba se encontró con un “país envejecido” y con jóvenes que solo piensan en irse.

Me encontré una Cuba de gente cansada, decepcionada. Un país envejecido donde no hay mucho joven y el joven que está allí tiene como objetivo irse de la Isla“, lamentó Rodríguez, ayudante de la Oficina del Sheriff en el condado de Jefferson, Alabama.

En la entrevista, Sergio Rodríguez confirmó que llegó a Cuba vestido de uniforme. La idea era no solo darle una sorpresa a su madre por sus 69 años, sino complacerla, pues ella soñaba con verlo vestido algún día, cara a cara, con su uniforme.

Una de las “críticas” que recibió Sergio Rodríguez en Facebook estaba relacionada con este hecho; para muchos es prácticamente imposible que lo hayan dejado viajar a Cuba de esa manera.

Peor aun: para muchos resulta imposible que lo dejen entrar así. ¿Lo habrán confundido con un disfraz?

Sergio aseguró categórico que no; simplemente lo vieron, hablaron entre ellos, pero al parecer desconocían el procedimiento pues es un caso que nunca se les había dado.

Sergio Rodríguez Beristain, Suboficial de la Oficina del Sheriff del Condado de Jefferson en Birmingham, Alabama

Foto: Sergio Rodríguez Beristain, Suboficial del Sheriff de la Oficina del Sheriff del Condado de Jefferson en Birmingham, Alabama

Rodríguez dijo que lo reconocieron como un cubano más, y lo saludaron.

En la entrevista al 41, Sergio Rodríguez dijo que por encima de su familia “y del pueblo de Cuba no hay nadie“, al hablar del porqué de su viaje a la isla.

No solamente critico la situación que hay en Cuba, defiendo al pueblo cubano y exijo que los cubanos tengan más derechos,” puntualizó.


Al hablar de la situación de los jóvenes, no hizo más que confirmar lo que desde hace unas semanas le dijera desde la isla a este redactor una destacadísima profesora, con varios años de magisterio en La Habana.

Yo soy maestra, expresaba ese día vía chat L.B. “Tengo un grupo de quinto año que cada vez que entro a darles clase me cortan las alas del corazón. Dicen que todo está mal, que en las escuelas nada sirve, que no van a tener a sus hijos aquí, que no van a ejercer.

Algo de razón tienen y lo que me jode más es que a mis 22 años yo todavía creía que iba a cambiar el mundo; pues de 17 a 23, que es la edad en que uno es así de ingenuo y Quijote, nuestros muchachos ya no lo son, uno por aquí, otro por allá. Antes el amargado era una excepción, ahora es la regla,” dijo vía chat.

Y concluía:

Yo no doy más. El día menos pensado salgo a sentarme frente a la Plaza, para nada, para mirarla con mala cara y nada más, y preguntarle a todo el que se acerque qué c… tenemos en la cabeza. Es que es todo. Los animales, la violencia, la carencia, el triunfalismo, el canibalismo que tenemos aquí dentro jodiéndonos unos a otros por un viaje, una prebenda, un diploma. Y encima aguanta callado y da las gracias.

Algo similar se encontró Sergio Rodríguez en la isla, dos semanas y tanto después.


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