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Cuba

Sanciones para “evitar propagación de enfermedades” en Cuba no satisfacen

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Por María Carla Prieto

Ante sanciones para evitar propagación de enfermedades, muchos cubanos se llevan las manos a la cabeza, otros tienen interrogantes y la mayoría las ignora

Las medidas se han extremado y nadie se salva. Una alarmante epidemia de dengue se ha destapado en Cuba y, aunque el gobierno no da cifras exactas de los contagios, las estrategias para combatirla hablan por sí solas.

No tenemos combustible ni para fumigar, por esa razón la Fiscalía Provincial de La Habana ha establecido un nuevo orden de sanciones, encauzadas a evitar la propagación de enfermedades.

La cifra tope es de 1 000 CUP y castigarán tanto a personas naturales como jurídicas. Según el comunicado oficial de la entidad, cuya base es el Decreto 271/2001, serán multados quienes mantengan salideros de agua en sus instalaciones o locales, siempre y cuando tengan la obligación de repararlos.

Asimismo, es punible el abandono de escombros u objetos en desuso frente a áreas de tránsito común o solares yermos, el incumplimiento de las normas de extracción, transporte y descarga de basuras, y la permanencia de centros de trabajo cuyo funcionamiento infrinja las disposiciones sanitarias decretadas.

Muchos son los que se llevan las manos a la cabeza, otros tienen interrogantes claras en su mente, mientras la mayoría ignora las nuevas disposiciones.

Los vecinos de Oquendo y San Lázaro no paran de pensar en el charco de agua formado a escasos metros de la parada, un auténtico criadero del mosquito aedes aegypti.

Mercedes, residente de la cuadra, argumenta no saber “cuántas veces hemos planteado lo mismo. Ahí hay un salidero de aguas albañales hace años; además, la alcantarilla de esa esquina está tupida, por lo cual tenemos esa pestilencia casi siempre”.

¿Tienen los pobladores cómo solucionar el problema? Obvio, no. La declaración de la Fiscalía no menciona sanciones a las entidades cuyo trabajo es velar porque no se den eventos de esta índole.

“Está prohibido verter escombros en los depósitos de basura. Generalmente uno los ponía afuera para cuando pasara el camión colector, pero ellos tampoco los recogen. ¿Dónde los pongo? En mi casa no los puedo tener. Entonces me arriesgo a ser sorprendido mientras los boto y pago 1 000 pesos de multa, así funciona la cosa”, manifiesta un vecino de la calle San Lázaro.

En efecto, la recogida de remanentes de construcción y elementos de poda no compete al servicio nocturno. El joven Yansel, parte de una brigada encargada de la tarea, dice que “la falta de combustible dificulta la recolección; nosotros trabajábamos diariamente, ahora lo hacemos solo dos veces por semana”.

Las sanciones y los cuentapropistas

El sector cuentapropista es uno de los más afectados con las nuevas regulaciones. En un recorrido por algunos negocios privados, nos topamos con que muchos dueños y dependientes malamente conocen las disposiciones vigentes.

“Sí, cada mes recibimos visita del compañero que nos atiende en el Departamento de Higiene y Epidemiología. Él es muy estricto, por eso me cercioro siempre de que los dependientes hagan su chequeo médico semestral, de que las pinzas estén en buen estado, los delantales limpios, el agua tratada”, declara Dania, dueña de una cafetería.

Sin embargo, en el establecimiento El Come-Come, de Neptuno, los trabajadores reclaman por el desconocimiento de la correspondencia entre infracciones y reglas instituidas.

Para la dueña de Miss Karina, “la mayor sanción es el cierre de la unidad, aunque siempre empiezan por las multas. Uno debe tenerlo todo en orden, porque incluso te exigen conservar muestras diarias de los alimentos comercializados”.

Por primera vez se castiga por el delito de Propagación de Epidemias a aquellas personas que les nieguen el acceso a los trabajadores de la campaña anti vectorial, extraigan objetos de los vertederos con fines de venta o se nieguen a recibir asistencia médica.

“Yo estoy realmente preocupada. Muchas veces los clientes no quieren ir al hospital porque les resulta muy caro. Hace como un mes tuve un muchacho enfermo. Cuando fue a la clínica le cobraron 400 dólares, y al final no tenía dengue. Cosas como esa atentan contra la fiabilidad de nuestro sistema de salud”. Como Reina, dueña de una casa de renta en la Villa Panamericana, otros se alarman. “Uno no puede controlar las acciones de los turistas, el dengue está en todas partes, por eso no me parece justo que si se contagian en otro lugar me sancionen a mí”.

 


 

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