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Fue el buque Ana Cecilia, al que le correspondió el honor de llevar la ayuda humanitaria a Cuba en julio del 2012.

El próximo 13 de julio se cumplirán ocho años de un hecho histórico en las relaciones EE.UU.-Cuba: la llegada de un buque de carga estadounidense con ayuda humanitaria a la isla.

Es un hecho que ocurrió por vez primera, en julio del 2012, en más de 50 años. Fue la primera vez que exiliados cubanos residentes en los Estados Unidos, gente de bien, hizo llegar un donativo a la isla. El buque anterior había completado su travesía en 1962. Con posterioridad, el presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, impuso un embargo comercial al gobierno de Cuba.

El barco, que en su primer viaje a Cuba transportó solo un contenedor, ingresó a la bahía bajo banderas cubanas y bolivianas. El porqué de bandera de Bolivia tiene mucho que ver con el hecho de que esa nación sudamericana no tiene salida al mar, y no está registrada ante la Corporación Portuaria Internacional (IPC, por sus siglas en inglés).

Fue el buque Ana Cecilia, al que le correspondió el honor de llevar la ayuda humanitaria a la isla, algo que concretó el viernes 13 de julio de 2012, tras partir del puerto de Miami el miércoles 11.


Se esperaba que ese fuera el inicio de un servicio de envíos regulares sin precedentes; una prueba de fuego que debió sortear incluso en la travesía. La idea era que el buque atracara un día después, pero problemas burocráticos retrasaron su llegada con la carga humanitaria. Fue el primero en 50 años, y el último que llevó ayuda humanitaria a Cuba.

Un portavoz de la IPC dijo que la llegada del barco se hizo posible gracias a la autorización brindada por el gobierno de los EE.UU. A bordo trajeron medicamentos, alimentos, ropa, electrodomésticos, muebles, materiales de construcción, piezas de automóviles y generadores eléctricos. La mayoría de los productos fueron enviados por empresas e individuos de la gran población de exiliados cubanos de Miami, y estaba dirigido específicamente a personas dentro de la isla. La compañía Cubapack fue la encargada de hacer las entregas.

Fue una manifestación inequívoca de una pretendida relajación de la tensión entre los Estados Unidos y Cuba; algo que vino a concretarse, no sin reticencias, en diciembre de 2014, estando en la presidencia Barack Obama.

La entonces congresista republicana Ileana Ros-Lethinen manifestó su oposición clara al envío de tal ayuda humanitaria a la isla. Ros-Lethinen escribió una carta a la Oficina de Control de Bienes Extranjeros del Departamento del Tesoro (OFAC) señalando que la International Port Corporation (IPC) violaba la ley Helms-Burton. La representante del Partido Republicano argumentó que “si un barco sale de un puerto (no solo estadounidense sino cualquier otro) y arriba a Cuba para hacer negocios, deberá esperar 180 días para volver a territorio estadounidense”.

El tornado de enero del 2018 y la ayuda humanitaria

Tras el paso del tornado en enero de 2018 por La Habana, otra vez la comunidad de Miami se reunió para enviar ayuda humanitaria a la isla con la esperanza de que el gobierno de Cuba abriera al menos temporalmente sus aduanas.

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Se esperaba además que la Oficina de Control de Activos Extranjeros otorgara las respectivas licencias. Ni de un lado ni del otro se obtuvieron señales positivas, y los exiliados cubanos debieron enviar la ayuda a través de las conocidas mulas. El resto de la inmensa ayuda recogida se decidió entregar a gente necesitada y de bajos recursos ante la imposibilidad de enviarlo a la isla.

El llamado “bloqueo interno”

La comunidad de cubanos en el exterior ha mostrado en innumerables ocasiones su disposición a ayudar al pueblo cubano en la isla, sin embargo, las leyes vigentes no se lo ponen fácil. Cuba no permite que ninguna persona natural u organización política o religiosa reciba ayuda humanitaria. La ley establece que cualquier donación enviada a Cuba solo puede ser distribuida a través del Estado.

Múltiples denuncias se han hecho a lo largo de la historia sobre el paradero de ayudas humanitarias gestionadas por el gobierno de la isla. Productos donados al pueblo cubano en momentos de crisis o catástrofe han sido posteriormente vendidos a la población, incluyendo alimentos, medicamentos y agua.

En medio de la pandemia por el Covid-19, activistas del exilio cubano hacen una vez más un llamado al gobierno cubano para que estas restricciones sean eliminadas, así como impuestos y aranceles para comida,  medicamentos, y artículos de primera necesidad. 

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