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Artes Visuales

Museo de Cera de Bayamo “desordena” a Carilda Oliver

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Carilda Oliver Labra en cera

De lejos, parece que la voz de Carilda Oliver se alza y clama a gritos, por ayuda.

“¡Salid de la memoria evocadora

con vuestro amor, pues tengo frío ahora!”

El Museo de Cera de Bayamo confirmó la víspera los temores de muchos cubanos, amantes todos de la cultura, la historia, la literatura, el amor, la poesía, la belleza y el arte en general, cuando se conoció que el recinto acogería una escultura en cera, a tamaño natural, de la excelsa poeta cubana Carilda Oliver Labra. Motivos de preocupación no faltaban.

El Museo, en el pasado, ha sido objeto de duras críticas por el resultado final de algunas de sus obras – sobre todo las últimas – que provocaron hasta el retiro de una de ellas, la de la cantautora cubana Sara González, por considerarse una verdadera afrenta a la genial Sara. No faltó quien, cercano a Sara hasta los últimos días de su muerte, dijera a este redactor que la propia Sara “tan jodedora” se hubiera horrorizado de verse así, convertida en lo que la dejaron Rafael Barrios y sus hijos.

Pues bien, otra vez ha sucedido. La familia Barrios, que tantos halagos oficiales han recibido por su trabajo “artesanal”, único en el país, “desordenaron” la idea de plasmar una Carilda Oliver Labra como lo que es y representa. El resultado final ya está provocando rechazo entre los internautas; algunos de ellos – como este redactor – profundamente devotos de la figura de Carilda Oliver.

Carilda Oliver

No voy a repetir las comparaciones que le han hecho. Quizás, la menos escabrosa de todas, y hecha hasta con respeto tal vez, es que Carilda no se parece a Carilda, sino a la actriz norteamericana Susan Sarandon. Y razón no le falta a quien lo dijo.

El rechazo, tal como lo han visto varios de los conocedores y admiradores de la poeta, se centra en un detalle fundamental: no había porqué utilizar el “modelo” de una Carilda de 70 años. El resultado estético final de esta Carilda de cera es como mínimo, deprimente. Para nada se trata de “La Novia de Matanzas”, como en algún momento la llamaron sin hacerle verdadera justicia pues, Carilda, era la novia de toda Cuba. Al menos en versos.

Estoy seguro que, si la propia Carilda pudiese hablar, ahora, seguramente le diría a ambos artistas:

“El cuchillo tenía la forma de tu alma; yo quería ser otra, hablar de las estrellas…”

Carilda Oliver en estatua de cera

Haber sido una mujer hermosa, esplendorosa, transgresora, símbolo de la pureza y el pecado mismo; imagen exuberante de la poesía femenina cubana, la belleza y el amor, exigía de los artistas bayameses reflejar una Carilda que resumiera en sí mismo todo eso. Y más también. Hasta un guiño concupiscente en su mirada – para quien sin dudas ruborizó con sus letras a más de un lector femenino y masculino – hubiese sido indispensable.  Nada de eso hicieron los artistas bayameses.

En el arte, en general, existe una fusión insoslayable: forma y concepto. Las obras que cumplen a cabalidad con esta máxima artística, triunfan por sí solas; violarla, equivale al olvido.

“Y sin embargo, a veces… ¡qué ganas de llorar!”

Es por ello que no se entiende una Carilda – perdón, maestra – “anciana”, cuando pudo resumirse toda la belleza que inspiró, la ternura de sus poemas, el rítmico baile de sus manos en el viento cuando la poeta – junto a Gertrudis Gómez de Avellaneda, Juana Borrero, Dulce María Loynaz, Reina María Rodríguez, Fina García Marruz, entre otras, lo mejor de la poesía femenina cubana en al menos dos siglos y medio – gestualizaba la lectura de sus versos.

Es muy probable que los artistas bayameses jamás hayan disfrutado de una lujuria tan ordenada como lo eran, sin dudas, las lecturas de sus poemas en su propia casa, o donde quiera que esta leyó, al menos, un poema. Su voz, siempre, se elevaba a lo más alto de la noche, o la tarde, mientras el quorum hacía mutis extasiado. El amor, la devoción por escucharla era todo un rito.

Develación de escultura en cera de Carilda Oliver

Una estatua de cera de Carilda Oliver Labra, exigía una Carilda “en la locura de sus treinta años”, un modelo “besado en julio bajo luna llena, al tiempo de la herida y la azucena”, y no lo que con mucha pompa oficial quedó inaugurado en Bayamo en el día de ayer.

Adiós Carilda, “adiós, sin una queja, sin un grito; sueño nunca abandonado” de miles de cubanos. Esta estatua de cera no te hace justicia. Toda tu obra sí.

Borraremos con esponja de vinagre, con un poco de asco” este mal recuerdo que intentan decirnos que eres tú, pero que en realidad no eres.

De lejos, parece que tu voz se alza y clama a gritos, por ayuda.

“¡Salid de la memoria evocadora

con vuestro amor, pues tengo frío ahora!”

 

texto de opinión, por Roberto Ariel

 

 

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