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Cuba

Madre cubana con 3 niños pide ayuda y encuentra sordera gubernamental

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Destrozos provocados por el Huracán Ike
Foto Referencial. Tomada por Roxana Arias en una vivienda destrozada por huracán Ike.

Una madre cubana soltera, con tres hijos, quiere ayuda para trabajar.

Ha ido a tres lugares del gobierno y le han dicho que “nananina tres patines”.

“Madre cubana con 3 niños pide ayuda y encuentra sordera gubernamental”. No lo dice “la maldita prensa independiente”, lo cuenta el propio “diario de la Juventud Cubana” cada vez más del Partido Comunista de Cuba y de cuatro gatos viejos en el gobierno que de los jóvenes: el oficialista Juventud Rebelde.

El diario, dirigido por el insufrible Yoerky Sánchez, ese que no se reúne ni escucha a sus subordinados y se encierra en su oficina para protagonizar sesiones de sexting con el internet que le regala ilimitado el Estado, para también escribir décimas machistas, recoge en sus páginas la carta escrita a la sección Acuse de Recibo por Dayany León Torres.

Esta cubana, residente en El Marino, municipio de Manicaragua, Villa Clara, es madre soltera con tres niñas bajo su tutela y amparo que afirma haber pedido ayuda y haber encontrado la sordera gubernamental en su máximo esplendor. Si es que la sordera puede ser calificada de “esplendorosa”.

Todo lo contrario. Y el periodista oficialista Pepe Alejandro, gestor de la columna de quejas y lamentos lo resume así: “Pide ayuda y no la encuentra en su territorio”.

¿De quién no la encuentra? Pues de los organismos creados por el Estado y el gobierno cubanos. Ese que pone al frente de los territorios a individuos de sobrada capacidad revolucionaria pero de bajo coeficiente intelectual y mucho menos dinamismo a la hora de tomar decisiones pensadas desde el pueblo y para el pueblo; o al menos con los pies puestos en la tierra y no con “el qué dirán allá arriba”. Sí, se sabe, hay una excepción: Lázaro Expósito. Dicen.

De vuelta a la queja… Dayani tiene una hija de seis años y dos de cuatro, gemelas; y su esposo se fue para México.

A este en tierras aztecas no le ha ido muy bien que digamos. Como emigrante al fin, si encuentra trabajo, debe ser algún trabajo temporal.

“No percibe ingreso alguno, vive malamente de la ayuda de algún familiar y de lo que a veces le envía el padre de las criaturas”, explica Pepe Alejandro en la introducción del nudo gordiano.

Hasta ahí todo está mal. Luce terrible; pero la joven tiene más sobre sus espaldas y hombros.

Cuenta Pepe en el Juventud que la joven ni siquiera tiene casa propia, pues vive en la de su mamá que solo tiene dos habitaciones donde residen hacinadas ocho personas y que está en pésimo estado constructivo. La casa es de piso de tierra, con paredes de tabla y techo de tejas.

El “inmueble”, si es que puede llamársele así, ni siquiera tiene “un baño”. No tiene ni toilette. Lo que existe es un excusado en el exterior.

La joven lo explica así:

“Tengo necesidad de trabajar, pero en donde vivo no hay posibilidades. A pesar de mi interés en trabajar, si las hubiera, mi nivel escolar es de 12mo. grado. ¿Y quién me cuida a mis hijas? No hay círculo infantil ni ninguna otra opción que me permita incorporarme”.

Cero ayuda del gobierno

La joven señala en su carta que ha hecho gestiones. Ha pedido ayuda pero, siempre le dan evasivas. “Ninguna respuesta concreta,” dice Pepe.

La joven estuvo en la Dirección Municipal de la Vivienda, expresa además Pepe en su doloroso texto. Allí quiso averiguar – quiso – “qué posibilidad había de arreglar la casa o levantar una en mejores condiciones.” Y recibió una respuesta: le dijeron que no era posible, porque la vivienda donde habita no tiene propiedad.

Allí, en el país donde legalizar una vivienda es más engorroso y demora más que construirla, a Dayany le dijeron sin cortapisas – no lo disfracen mucho, porque es así – que debía vivir condenada a su miseria. ¿O tal vez que aguantara un poco más a que su esposo “levantara cabeza” en México?

Lo cierto es que no fue ahí donde le dieron una luz de esperanza para que resolviese su triste situación y la joven, más tarde, encaminó sus pasos hacia el Gobierno municipal. Por gusto.

Dice esta madre cubana soltera y con tres hijos, que “la atendió una funcionaria que le expresó finalmente que ella nada tenía que ver con su problema”. ¿La habrá atendido la pantrista encargada de repartir el café?

A pesar de eso, la joven no se amilanó.

“Fue a la Dirección Municipal de Trabajo y Seguridad Social, a ver si podía recibir una ayuda hasta que pudiera encaminarse a trabajar y resolver lo del cuidado de las niñas. Y la sustituta de la directora le planteó que en su caso no procedía una chequera. Que se pusiera a trabajar”, resume Pepe Alejandro.

“Como pueden ver, afirma, quiero trabajar y ser útil a la sociedad; pero necesito ayuda para encaminar una solución para mis hijas”, afirma Dayany en su misiva.

Pepe concluye su doloroso relato con nada más que la verdad. Esta madre cubana vive en “un círculo vicioso infranqueable hasta ahora, que requiere destrabarse con una mirada sensible y diferenciada allí en su territorio”.

“¿Es tan imposible?”, se pregunta Pepe y él mismo se responde:

“Decir no, o imposible, generalmente es lo más fácil.”

Ariel P.

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