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Cuba

Los “pedidos” de Bruno Rodríguez y de Díaz-Canel

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Díaz-Canel y Bruno Rodríguez

El canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla dijo a través de Twitter que Cuba estaría fortaleciendo “relaciones con los cubanos residentes en el exterior“, apenas unas horas después de que el presidente cubano Miguel Mario Díaz-Canel Bermudez dijera que los cubanos en el exterior se sienten “orgullosos y nostálgicos de su patria“.

Rodríguez, hizo tal aseveración a través de la red social, y dijo que esas relaciones “son de carácter irreversible”. Por su parte el portal web de la emisora Radio Rebelde apuntaló las declaraciones de Bruno diciendo que la participación de los cubanos emigrados en los debates sobre la nueva Constitución de la República, es una muestra reciente “de las relaciones entre la isla y los residentes en el extranjero“; y dijo que ellos tuvieron la “oportunidad de realizar propuestas de modificación, adición o eliminación al texto a través del sitio web Nación y Emigración“, aun cuando no les fue permitido al voto desde las sedes consulares cubanas en los países donde estos residen, y se les exigió que, para que su voto fuera tenido en cuenta, viajaran a la isla. Ni siquiera los cubanos residentes en países como Ecuador, donde cientos de funcionarios cubanos ejercieron su derecho al voto, le fue permitido el sufragio a los cubanos emigrados.

Horas después, el gobernante cubano se refirió a otros “fortalecimiento”, y en reunión con funcionarios del sector de la alimentación en Cuba se quejó de la calidad del pan normado, ese que los cubanos dicen “viene por la libreta”. Al hablar de su calidad, seguramente pensó que estaría “duro”, entre tantos otros problemas que presenta.

Díaz-Canel expresó que “tenemos que aspirar a que todo el (pan) que se produzca tenga la misma calidad”,y a continuación exhortó a los funcionarios a establecer las medidas necesarias para que los alimentos que se elaboren en el país, todos, tengan los requisitos de calidad indispensables. O sea: fortalecer la economía.

Las palabras pronunciadas por Canel en el balance anual del Ministerio de la Industria Alimentaria (MINAL) fueron escuchadas con atención, aunque la mitad de los asistentes no tuviera una idea clara de cómo lograr “aumentar la producción”, garantizar ofertas “variadas” y percibir finalmente “calidad en los alimentos”.

Los pedidos hechos por Bruno y Canel, de un tipo y del otro, por demás justos y necesarios para lograr el bienestar del pueblo cubano, contrastan con realidades indiscutibles.

La crisis económica del país, la crisis en Venezuela – principal socio comercial de la isla -, el cese del programa de salud “Más Médicos” en Brasil, el fenómeno creciente migratorio, el recelo por la entrada de la inversión extranjera al país, la demora en las aprobaciones de leyes relacionadas con esta inversión, y el lento despegue de lo que se anunció en años pasados como “la joya de la recuperación económica cubana”, la Zona de Desarrollo Especial del Mariel; todos juntos, conspiran contra el flujo de liquidez financiera tan necesario en las depauperadas arcas de la economía cubana. Sin dinero, no es posible comprar materia prima de calidad, y el país tendrá que conformarse con comprar “más con menos”.

Con una harina de menor calidad, el pan no quedará nunca como a Díaz-Canel le gusta, y sin dinero para invertir en la economía y en la sociedad, el cubano seguirá “inventando” y “fortaleciendo” ideas para trazarse a la menor brevedad una ruta migratoria. A pesar de las “buenas intenciones” de Bruno Rodríguez y Díaz-Canel.


 

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