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Cuba

Llevar un plato a la mesa: una carrera de obstáculos para los cubanos

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Texto y foto: Liliana Suárez

Lucía sufrió una descarga de adrenalina cuando al regresar del trabajo al filo de las 4 de la tarde, su vecina le espetó que en el mercado de Ayestarán y Tulipán, el más cercano, en ese momento vendían paquetes de muslos de pollo. “Apúrate porque la gente se está llevando dos y tres, si te demoras no alcanzas”.

Especialista en Medicina Interna, entre las largas consultas diarias y las post guardias que la dejan extenuada, Lucía no dispone de suficiente tiempo para dedicar a las altas y bajas del mercado, en las que son más las ocasiones en las que faltan los suministros, sobre todo aquellos de precios más asequibles. Por estos días hasta en medio del quehacer en el hospital recordaba, inevitablemente, que en su despensa solo quedaba la bolsa de picadillo de soya de la bodega a la que acude cuando se queda sin opciones y un paquete a medias de perros calientes reservado para preparar un arroz amarillo o espaguetis.

Ya había perdido la oportunidad de comprar algún nailon de pechugas de pollo que aunque caro (cerca de 9 CUC) al menos le restaba algo de preocupaciones a la hora de enfrentar el turno extra de la cocina con la ayuda ocasional de sus dos hijas gemelas cuando terminaban sus estudios de secundaria básica y en medio de la ausencia de su esposo, también médico, que presta servicios en Bolivia.

Como ella, la casi totalidad de los habaneros enfrentan los avatares de cómo llevar un plato la mesa. En la capital cubana lo más habitual es que el consumidor acuda a las tiendas en divisas, incluso hasta en grandes mercados como el de Carlos III, Almacenes Ultra o Puentes Grandes y las neveras estén vacías. Por rachas impredecibles llegan modestos surtidos de “tubos” (llamados así por su forma circular) de picadillo de pavo o cerdo mezclado con res; hígado de pollo; salchichas y hamburguesas, renglones estos que a menos de 3 CUC, son los más recurridos por el pueblo. Pocas horas duran en venta en tanto se corre la voz por el vecindario.

Otros productos que sí permanecen en la mayoría de los comercios son la carne de res (de segunda, aparte del alto importe), pescados, entre estos la merluza, y mariscos; jamones y chorizos, todos costosos.  Cuballama pudo comprobar en el mercado de Puentes Grandes que un envoltorio de falda vacuna, de 1 kilo y medio y calidad dudosa por su aspecto, se proponía en 36 CUC. Algunos observaban los productos marinos sin intentar llevarlos, así como el pollo deshuesado a 8.75 CUC que queda, sin que se le preste mucha atención. “Eso es una comida, a mí no me resuelve el problema de tener una reserva para alternar con otras provisiones que pueda gestionar por la vía que sea”, decía una señora a otra.

En Puentes Grandes una larga fila sí esperaba ante la caja solo para pagar algunos pequeños fajos de croquetas de pollo importadas a menos de 2 CUC. Ante la pregunta de un comprador la dependienta más cercana le sugirió “venga a mediados de esta semana, deberán entrar muslos de pollo”. “¿Y el picadillo de res uruguayo de 2.10 el tubo? inquirió el hombre. “Sobre eso es imposible decirle, vino en una ocasión y no lo hemos tenido más, usted sabe”, le respondió la trabajadora.

A mediados del 2018, con fluctuaciones, aún se podían adquirir paquetes de leche en polvo entera que oscilaban entre poco más de 3 CUC los de 500 gramos y 5.25, los de 1000. Aunque no estaba al alcance de todos, en un país en el que salario medio ronda los 30 CUC mensuales. En la actualidad la leche resulta un añorado recuerdo que desapareció, según  medios de prensa oficiales, “a causa de problemas técnicos y de mantenimiento en el Complejo Lácteo de La Habana”.

De la agricultura cubana: precios de abuso

La otra cara de la alimentación de los ciudadanos de la capital cubana que acentúa el estrés cotidiano y conduce a más de uno a cuerpos de guardia con crisis de hipertensión arterial, es lo que brinda la agricultura local que por sus nunca resueltas ineficiencias y la cadena de intermediarios que existe entre los productores y la población, las mercancías se alzan a precios de susto en ventas tanto de cooperativas privadas como estatales. Ya apenas se notan las diferencias.

De manera cotidiana por los canales de la televisión pasan spots que alertan a los ciudadanos de velar por la salud para evitar la diabetes, eventos cardiovasculares o cerebrovasculares, con la ayuda, sobre todo, de una adecuada ingesta de frutas y vegetales. Al respecto comentaba este fin de semana en el agromercado cercano a las avenidas 26 y 51 Julia, una profesora de Biología de un preuniversitario de la zona. “Yo me esfuerzo por conducir por buenos caminos en cuanto a salud a mis alumnos, pero te confieso que creo lo realizo porque es lo correcto. Hago malabares con mi salario porque vienes al agro con 120 CUP y te marchas con apenas unos centavos. Los precios son de abuso”, refería Julia a una clienta que estaba a su lado interesada en comprar unas zanahorias y no salía de su asombro cuando el vendedor le señalaba que era a 10 CUP el mazo.

En los negocios donde rige la ley de oferta y demanda al estilo cubano, se pide por una libra de frijoles colorados 16 CUP, o de judías o garbanzos, un poco más. Lo más común además es que se salga con un cuarto de onza de menos ( y en ocasiones casi media). Las acelgas y lechugas rondan los 7 u 8 CUP el manojo, las remolachas hasta 10 la libra, y la de los ajíes pimientos a 15 CUP; una frutabomba de tamaño mediano puede comprarse de 25 o 30, o un mamey a 10.

Pero los mercados estatales, que un día fueron más discretos en las cifras de sus ventas hoy ya quieren competir con los anteriores, sin haber nadie que ponga freno a esta espiral.

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