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Por: Fernando Vargas

Cuentan los mayores que en los años 60 del pasado siglo era muy codiciado en Cuba un manual llamado Mil recetas industriales, que permitió realizar en casa productos de primera necesidad para suplir las carencias del mercado; mas la dinámica del país fue cambiando y el texto quedó obsoleto, entre otras razones, por la pérdida de las materias primas que recomendaba.

En los años 90 también fueron conocidos varios inventos de jabones, champúes y desodorantes, pues para la mayoría de los cubanos, hasta en las situaciones límite, bañarse y estar limpios siempre ha sido una prioridad.

Sin embargo, aunque ya se pueden encontrar en las tiendas nacionales estos insumos —con mayor o menor estabilidad en la oferta, calidad y precios—, una autodenominada “bruja” decidió retomar la tradición alquímica que habíamos desarrollado por necesidad, para ponerla en función de quienes prefieren lo artesanal por encima de lo industrial.

Sandra Aldama, licenciada en Educación Especial, después de terminar su servicio social trabajó un tiempo en Ecuador como profesora y regresó a Cuba embarazada. Su alumbramiento coincidió con la apertura del trabajo por cuenta propia en el país, y probó con la actividad de peluquera, pero se dio cuenta de que necesitaba inventar una propuesta novedosa. “Decidí buscar algo diferente a lo que habitualmente se estaba haciendo y que además me motivara. Al tema de los jabones artesanales le pasé muchas veces por encima”, le comenta a Cuballama recordando su motivación principal para emprender un negocio.

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Su pasión por la experimentación con productos cosméticos viene de familia. Su abuela materna fue asesora de una casa de belleza francesa antes de 1959 y llegó a tener su propia perfumería. Luego de 1976 comenzó a trabajar en una línea de productos naturales sobre la base de componentes cubanos que fue muy bien recibida. Su sello distintivo siempre fue el trabajo con ingredientes naturales y Sandra siguió sus pasos: “Sentí que el jabón era una puerta para entrar en este mundo de cosmética artesanal. Los elaboramos sin utilizar hidróxido de sodio, sino una base neutra enriquecida con sustancias naturales como miel, romero, café o vino, que tienen probadas, a nivel internacional, propiedades beneficiosas para la piel. Nunca hablamos de algo medicinal, pero al evitar ciertos químicos, nuestro producto limpia a profundidad sin ser agresivo, hace una espuma diferente”.

Los inicios no fueron fáciles. Desde 2011 Sandra comenzó a indagar posibles soluciones dentro del territorio nacional que permitieran una producción rentable, sostenida en el tiempo y con calidad. Luego de varios experimentos en la cocina de su casa, D’Brujas abre con una primera línea de productos en 2013: “Le puse ese nombre porque las brujas trabajan con plantas, hacen pociones mágicas que enamoran. Quise jugar con ese misticismo y relacionarlo con la naturaleza, por eso nuestro slogan es: Sé natural, sé tú mismo”.

La emprendedora cubana explica que su filosofía se resume en “menos es más”. Utilizan una base neutra de jabón de Marsella, a la que no adicionan colorantes, ni buscan exagerar el aroma, si bien hay productos más olorosos que otros. Con respecto al diseño de envases, aunque tienen variadas ofertas, potencian una visualidad minimalista y prefieren materiales biodegradables para un mejor cuidado del medio ambiente.

Actualmente D’Brujas es un negocio en expansión abierto a distintas salidas de mercado nacional e internacional y varía sus productos en dependencia de las necesidades del cliente. Tienen un punto de venta en los almacenes San José, en La Habana Vieja, y abastecen otra tienda en la calle Línea de El Vedado, más enfocada en el público cubano.

Aunque Sandra identifica la comunicación cara a cara como el principal camino para la promoción, sabe que las tecnologías digitales constituyen una herramienta sumamente útil para estar en contacto con sus compradores, y por eso ha contratado los servicios de la publicitaria Gerbet, que gestiona su página en Facebook y le permite una retroalimentación constante: “Nosotros teníamos la referencia del cliente en tienda, pero es muy reconfortante cuando te escriben personas de tantos lugares para felicitarte porque les regalaron tus productos y les han servido. Es muy importante para darte a conocer, pero no debes descuidar las otras aristas del negocio. Todo puede estar muy lindo en la página, pero si cuando llegan el punto de venta la oferta no coincide con eso o los atienden mal, en el propio Facebook te pondrán que es mentira”.

La emergencia del sector privado ha permitido un efecto dominó que se revierte sobre una cadena de producción en la cual unos halan a otros para brindar un grupo de productos y servicios de calidad y tener ganancias personales y sociales. En el caso de la elaboración de jabones, emplea envases de papel de estraza elaborados al por mayor por otro cuentapropista, y gran parte de su producción va a parar a los hostales, con los que ha consolidado fuertes relaciones comerciales.

Como hoy les venden a 54 hospedajes, han perfilado un jabón en pequeño formato que garantiza rentabilidad, tanto a los alojamientos como a la artesana, pues algunos turistas solo permanecen unos días y no requieren de uno de gran tamaño. También han pensado, para este segmento de mercado, una línea de productos exclusivos basados en la mezcla de diferentes esencias que permiten tener un aroma personalizado para quienes así lo soliciten. Aunque este tipo de alianzas son realmente beneficiosas para ambas partes, la titular asume como reto mantener una producción constante en los tiempos indicados: “Nos buscan, entre otras cosas, porque cumplimos con lo que se acuerda. Si establecemos que la entrega se realizará diez días después del pedido, sabemos que debemos hacerlo puntualmente. No es solo que el producto quede bien, sino que el cliente sepa que puede contar con tu seriedad,” nos asegura desde la conciencia de que esto no siempre es una práctica habitual en Cuba.

Aunque puede decirse que D’Brujas es un negocio exitoso, Sandra asegura que siempre ha tenido como máxima establecer un equilibrio entre ingresos y responsabilidad social, y reconoce la importancia de que sus trabajadores se sientan cómodos en sus labores.

Entre el taller y el punto de venta laboran siete mujeres, y un hombre de reciente incorporación, con jornada laboral de lunes a viernes entre las 9:00 am y las 4:00 pm. Como mujer y madre, sabe todas las responsabilidades de las cubanas, por tanto, la solidaridad y la comprensión son claves fundamentales para crear un clima laboral favorable. Por otro lado, aboga por una distribución justa de las ganancias para darle a cada cual, según su trabajo, además de cubrir gastos básicos como almuerzo: “Al principio teníamos salarios fijos, pero luego decidí cambiar la forma de pago; ahora se gana de acuerdo con la producción en el caso del taller, y las ventas en el de la tienda. Los salarios pueden fluctuar entre 100 y 200 CUC al mes, en dependencia de la demanda y lo que haga cada cual. Todo ha sido un aprendizaje para mí, pero tengo claro que yo no puedo ser la única que se beneficie de los resultados finales, pues D’Brujas es obra de todas”.

Este negocio se erige como un ejemplo más de lo favorable que puede ser una buena gestión económica y organizacional. Pese a las limitaciones y carencias provocadas, tanto por factores externos como el embargo —o bloqueo, como se llama en la isla—, o las incomprensiones e impedimentos internos como la posibilidad de importar o abrir más de un taller, logran un producto acabado, de considerable comercialización, sin necesidad —ni intención— de explotar a sus trabajadores con inhumanas jornadas laborales o salarios inapropiados.

Además, han colaborado con programas de televisión y eventos culturales como la gala organizada en homenaje al compositor norteamericano Leonard Bernstein celebrada en el Teatro Martí, ofreciendo sus jabones como un souvenir para los invitados especiales, en demostración de que los cuentapropistas también pueden aportar a la vida social del país.

No sabemos cuál podrá ser el destino de este sector en un panorama cambiante, y a veces contradictorio, con sus avances y retrocesos. Por lo pronto, Sandra sigue aprovechando las ventajas que le brinda su autonomía, pues, para ella, la verdadera pócima está en emprender con deseos, creatividad y buena voluntad. Por eso concluye: “Yo pienso que el límite te lo tienen que poner los demás, no tú misma. D’Brujas es la prueba viviente de que se puede hacer algo diferente y que ha funcionado. Si algo yo aprendí es que resulta mejor ser el primero. ¡Ah!, hay que abrir puertas y luchar mucho. Hay miles de cosas más que se pudieran hacer, pero tienes que estar dispuesto a hacerlas de verdad, buscar las alternativas, y si te puedes rodear de buenas personas que te acompañen en el sueño, es la perfección”.


 

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