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Iroel Sánchez se arrastra ante Biden y llama “injerencista” a Obama

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Iroel Sánchez
Foto: Video screenshot

Iroel Sánchez quiere que Joe Biden revierta las medidas extremas impuestas contra Cuba por Donald Trump, sin siquiera reconocer derechos de los cubanos en el exilio.

Hay pocos ideotólogos dizque pensantes dentro de la “sociedad civil cubana” que se arrastren más que Iroel Sánchez. Menos aún son los que hacen tanto daño como él, que por hacer daño -desde joven- provocó daños y fracturas en su propia familia allá, en la ciudad de Santa Clara.

Actualmente, reconocidos, Iroel tiene un tío, una hermana y un primo que ni le hablan; no porque defienda a la Revolución, sino porque conocen que es un arribista, un doble moral, un aprovechado que, mientras da un discurso revolucionario por un lado, lleva sobre su espalda, por ejemplo, el hecho de haberse robado dos botellas de vino en una cantina de Buenos Aires, Argentina. “El Iro” dice que no se acuerda, porque estaba borracho, pero se las robó. De hecho, forzó la puerta del establecimiento, para robarse la segunda botella.

Ahora, desde La Habana, Iroel nos llega con otro manzanazo, quizás aburrido porque como no hay eventos en el Palacio de las Convenciones a los cuales pueda asistir para tirarle el brazo por encima a jovencitas periodistas a quienes ni conoce, y tentado por trazar pautas futuras en cuanto a la relación con el nuevo presidente electo de los EE.UU. -aún no reconocido por Donald Trump- del cual espera milagros, muy probablemente que afloje la mano con el embargo, y así él no tener que zapatear tanto La Habana buscando duralgina que le alivie el dolor sacrolumbar.

iroel sánchez mete pata en Twitter

Iroel Sánchez, el día que divulgó en Twitter una noticia falsa.

Si él fuera Valladares, resolvía sus dolores y de paso nos podría hasta donar unas pastillas para aliviarnos el dolor de cabeza que da leerlo. Este hombre pretende ahora congraciarse, aunque con límites, claro, con Biden, pero no pierde oportunidad para arremeter contra Barack Obama, por el “preocupante discurso” que el único presidente afroamericano en la historia de los EE.UU. les lanzó en su propia cara, allí en el Gran Teatro de la Habana, en marzo del 2016.

No pierde oportunidad el Iro de pedir, sin reconocer que Cuba, tiene que dar mucho a cambio. Sobre todo en materia de derechos humanos con su propio pueblo o en reconocimiento pleno de los derechos que tiene el exilio.

De esto nada dice Iroel, que achaca toda la culpa al embargo y le dispara la papa caliente a Obama olvidándose que, por ejemplo, existen unas palabras recientes del ex Secretario de Estado de EE.UU. en la presidencia de Obama, John Kerry, quien según Andrés Oppenheimer le dijo que Obama se sintió muy desanimado porque el gobierno de La Habana no le dio nada a cambio, aunque él se lo ofreció todo. Una verdad más que evidente, con la ralentización y recelos con que asumieron “la apertura” y con los miedos a firmar acuerdos; acuerdos que firmaron a la carrera cuando Trump venció a Hillary en las elecciones del 2016 y desde La Habana se lanzaron en feroz desbandada a firmar “todo lo que tenía que ser firmado”.

Iroel, claro, sabe que la isla no tiene ya ni de donde sacar la papa, para calentarla y mandársela al otro lado de la cancha a Biden, y con mucho dolor en su alma partidista y de “fiel revolucionario” -desfalco en el Instituto Cubano del Libro y serruchamiento del piso de Abel Prieto aparte- dice que la llegada de Biden al poder -si es que finalmente llega- “es una oportunidad para volver (…) hacia la normalización entre Estados Unidos y Cuba,” una normalización que se quedó en un juego de pelota en el Latinoamericano, a donde ni siquiera pudo entrar la periodista deportiva Julita Osendi y unos audífonos, al parecer rotos, que se quitó Raúl Castro para luego confesarse magnate poderoso y decir que él podía liberar a los presos políticos en menos de 12 horas (algo que no hizo, que conste).

Iroel, como todos por allá, se aferran con denuedo a las palabras de Kamala Harris cuando en vísperas de la votación del 3 de noviembre, dijo que ella y Biden pensaban revertir las medidas extremas impuestas contra Cuba por Donald Trump.

Este vocero gubernamental cubano dice que esas palabras “son esperanzandoras” pero luego, fiel al libreto que le vienen dictando desde que descolló como fiel al gobierno en el municipio de Santa Clara, en un pre en la calle porque su inteligencia no le permitió entrar a la Escuela Vocacional, dijo que  exigir la liberación de los presos políticos y hacer de los derechos humanos una pieza central en la relación diplomática, es reproducir “la retórica descalificadora y propagandística propia de la Guerra Fría”.

Borracho seguramente, mete mano a las noticias falsas y dice que ante las “sugerencias económicas en su seductor e injerencista discurso en el Gran Teatro de La Habana –eliminación de la doble moneda, facilitar la apertura de negocios privados y la relación de estos con la inversión extranjera”–, Cuba ha fortalecido “la empresa estatal, que es la base de los servicios sociales que disfrutan los cubanos, en las transformaciones que se pondrán en marcha a partir de solucionar el nudo gordiano que es la unificación monetaria y cambiaria con la llamada tarea ordenamiento, que incluye también la eliminación de subsidios generalizados y una reforma salarial y de precios”.

Javier Gómez Sánchez (camisa amarilla) junto a Iroel Sánchez y Giusette Leon, otra periodista oficialista cubana.

Iroel evidentemente repite las campanas que en su mente escucha, porque la empresa estatal no se ha fortalecido en lo absoluto, y eso cualquier cubano que se empeña, como Sandra, colaboradora nuestra, en conseguir todos los días “algo” en las tiendas y en los agromercados, lo sabe.

Tal vez a él le surtan su casa con comida suficiente y le digan que viene de una “empresa estatal” para que él piense así, pero la verdad más redonda es que, si existe el embargo externo, también existe el interno. Sobre todo en materia de derechos humanos.

La administración norteamericana seguramente les pedirá que, para el año que viene, aunque sea reconozcan en los libros del deporte, el pasado en las Series Nacionales de Orlando “El Duque” Hernández, René Arocha, Euclides Rojas, José Ariel Contreras, entre otros, a quienes el gobierno que defiende Sánchez eliminó, así, sin más ni más, precisamente apegados al pensamiento de Guerra Fría que él, Iroel Sánchez, critica al vecino del Norte.

Ya al final de su retórica mareada, Iroel habla de un capitalismo que “parece volver cada vez más graves en sociedades preñadas de racismo, violencia e inequidad, cuyo modelo de producción y consumo amenaza con extinguir la especie”.

Sánchez al parecer viaja de su casa al trabajo en su auto, viejo y achacoso, pero con cristales calobares. Si existen, es verdad, sociedades en el mundo entero donde se manifiestan el “racismo, violencia e inequidad”, este hombre al parecer no mira las redes sociales o no sabe que, por ejemplo, Mariela Castro cena langosta mientras cientos de familias en Cuba, cocinan y se alimentan con lo que aparece, una vez al día.

Mariela Castro cena langostas mientras miles de cubanos apenas pueden comer una vez al día

Ariel P

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