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Cuba

Corrupción en tienda en MLC de Boyeros y Camagüey

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Tienda MLC
Tienda en Boyeros y Camagüey. Foto: Marcel Kunzmann

Desorganización, corrupción, indolencia, … todo eso en uno. Una periodista cubana vive una terrible experiencia en la tienda MLC de Boyeros y Camagüey

La periodista cubana Mariana Camejo abordó esta mañana el caso de corrupción acontecido y visto por ella ayer 14 de enero en la tienda en MLC ubicada en la esquina de Boyeros y Camagüey.

En un texto plagado de absurdos -los que ella cuenta con detalles- Mariana narra como incluso los militares encargados de custodiar la cola se hicieron los de la vista gorda ante las denuncias, esgrimiendo frases como: “Yo no sé nada de eso”, la frase típica de quien intenta quitarse responsabilidades de encima y no resolver nada

Narra la joven que ella, en otras tres ocasiones había visitado esa tienda y jamás había vivido una experiencia de ese tipo.

Sin embargo ayer, 14 de enero, sucedió un verdadero desastre.

Dejemos que sea ella misma quien nos lo cuente, así no le cambiamos ni una coma a esta historia.

“Llegué pasadas las 9:00 am de la mañana. La cola de la tienda de Boyeros y Camagüey no se hace cerca de la tienda. Tienes que caminar hasta el final de la cuadra (bien larga), doblar a la derecha y en una plazoleta grande que es la entrada de un centro de trabajo se hace la cola (nadie entiende por qué pero sí que hay opiniones). Cuando llegué, la cola empezaba al inicio de la plazoleta, llegaba al final, doblaba y volvía a quedar paralela a los primeros en la fila. Un militar estaba escaneando a todos los presentes. Mi mamá y yo “tuvimos la suerte” de ser escaneadas. En ese momento el primer grupo de 30 personas había pasado para la tienda. Me enteré de que había pollo y debido a eso era la cantidad de personas. En la entrada de la tienda estaban unos 4 o 5 militares con chalecos naranjas, además de varios policías si la memoria no me falla”, comienza Mariana.

“Cuando el militar terminó de escanear, se fue. Nunca más lo vimos. Pasado el mediodía ante las protestas de la gente todo lo que se dijo fue eso, que ya se había ido“, revela en el segundo párrafo de este cuento de horror.

“Alrededor de las 10 se llevaron un segundo grupo y sobre las 11 a algunas personas que solo querían comprar electrodomésticos. La cuenta aproximada a las 2:30 pm era que unas 72 personas habían pasado en todo ese tiempo desde la hora en que abrió la tienda. A las 11:30 aproximadamente dijeron que había problemas de conexión.

Tienda MLC

Tienda de Boyeros y Camagüey. Foto: Paola Rodríguez

Ante el abandono (porque ni siquiera estaba un policía allí, en aquel lugar apartado, junto a las personas que estaban esperando) y la demora inexplicable de venir a buscar grupos para entrar a la tienda, varias personas se movieron hasta la entrada. Regresaron diciendo que había personas que entraban en carro al parqueo y de ahí a la tienda, y salían con cajas de pollo y varios quesos Gouda (que mucha gente también quería comprar). Otros dijeron que vieron cómo se daba dinero a quienes cuidaban la puerta, para entrar. Pasadas las 2pm cuando ya una muchacha regresó de la entrada, muy alterada por todo lo que había visto, la cola en pleno, completa, empezó a caminar, molesta, y se plantó frente a la entrada del parqueo, que fue cerrada por militares y policías.

La oficial que debía cuidar la cola pasó sin explicaciones entra la turba de gente y se fue para aquella plazoleta desde la que no se puede ver la entrada de la tienda, pero las personas decían que no se moverían de donde estaban. Un hombre le decía a un militar que él mismo había visto gente entrar por allí e irse sin hacer cola y cargados de cosas. Las respuestas siempre fueron “yo no tengo nada que ver con eso” (bueno, ¿y entonces quién sí tiene que ver?)

Finalmente, y ante la imposibilidad de conseguir nada allí la gente se movió de nuevo para atrás, junto a dos nuevos policías que no respondían a los reclamos, solo decían que había que formar la cola.

La gente se organizó de nuevo y todo volvió a lo mismo. Los policías volvieron a irse y las personas en la cola quedaron abandonadas de nuevo”, explica Mariana en un largo post en Facebook donde duele cada letra.

“Eran cerca de las 2 pm. Mi mamá, hipertensa y diabética, como tantos [email protected] en la cola, ya había consumido todo lo que habíamos llevado para comer. Varias personas preguntaban por un baño porque eran demasidas horas esperando. El baño era un trillo en un matorral al que entraban las mujeres solas (vi varias) para poder mantenerse en la cola (esto, sobra decir, es inhumano). Una mujer hasta me pidió que la acompañara y le cuidara mientras ella entraba. Yo lo hice, por supuesto.

En ese tiempo, conversé con mujeres que habían amanecido, literalmente, en la cola, porque habían llegado mientras aún era oscuro.

Mi mamá ya me decía que era mejor irnos pero yo no acepté. Me levanté y me fui sola de nuevo, para la entrada de la tienda. Habían llegado más policías y un camión lleno de militares estaba llegando también. No se quedaron, los policías sí. Cuando llegué, varias personas se quejaban con un oficial. Yo saqué mi carnet de prensa y hablé con él. Le dije lo siguiente:

“Yo soy periodista de Bohemia, estoy aquí desde las 9 y algo de la mañana. Todavía hay gente que amaneció en la cola y no ha entrado. Incluso cuando yo llegué estaban escaneando. Solo han pasado a dos grupos y hay personas aquí diciendo que han visto cómo se da dinero para entrar. Mi pregunta ahora es: si van a cerrar la tienda a las 5 ¿Cuál es el plan para que toda esa gente que está allá, pueda entrar?”

Respuesta: “yo no sé nada de eso, acabo de llegar. Voy a entrar a hablar con el administrador”.

Otra oficial informaba desde la patrulla sobre lo que estaba pasando. Evidentemente alguien le preguntaba por los policías que debían estar custodiando la tienda, porque ella respondía que la gente decía que no estaban haciendo nada (o algo parecido, perdonen las imprecisiones).

Tienda MLC

Tienda de Boyeros y Camagüey. Foto: Paola Rodríguez

Entonces, 4 policías, entre ellos un capitán, se llevan a todo el mundo de nuevo para atrás, para la plazoleta. El capitán dijo que él iba a pasar a todo el mundo (al fin alguien con sensibilidad había llegado). A las 2:40 pm pasaron a un tercer grupo (donde se van aquellas mujeres que me habían dicho que habían amanecido allí). Se había dicho que cerrarían a las 5pm. Ahora dijeron que a las 6 y que repartirían 200 turnos; mucha gente ya se había ido. No obstante mi mamá y yo fuimos el 157 y 158.

Luego de coger el turno tuve que ocuparme de caminar tres cuadras para comprar pizzas de 85 cup para que mi mamá y yo pudiéramos comer, sobre todo ella que ya se sentía medio temblorosa.

A partir de entonces el capitán garantizó que cada 30 minutos, sin falta, entraran a 30 personas y se quedó allí todo el tiempo (lo que demuestra que es posible que funcione la cola como debe ser). Cuando me tocó entrar, a las 4:40 pm todavía quedaba gente allí.

Cuando entré al mercado, detrás de mí entró un extranjero que no vi en todo el día en la cola y a pesar de que quedaba gente esperando en la plazoleta. Aún así no hubo problemas con que entrara.

Entonces supe por una trabajadora de la tienda (que estaba acomodando mercancía en los estantes) que cuando abrieron por la mañana había pollo y al mediodía entró más pollo, pero esas mujeres que entraron en el tercer grupo a las 2:40 pm y que habían amanecido allí, no alcanzaron. Esta trabajadora también me aseguró que la falta de conexión había sido solo media hora. Las personas que estuvimos todo el día esperando, no pudimos alcanzar ni un paquete.”

Y termina diciendo:

Llegué a mi casa cuando ya había oscurecido, pasadas las 6:00 pm.

¿Algún organismo responde sobre lo sucedido?

Ariel P.

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