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Cubana se casa dos veces para legalizar su matrimonio de 45 años ¡y sigue soltera!

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Raquel María se casó dos veces para subsanar un error burocrático. Lleva 45 años casada, pero el Registro Civil se empeña en que siga estando soltera.

Una mujer cubana identificada como Raquel María Lavernia Naranjo, residente en Rafael Oro 55, entre Mercedes y Esperanza, en la ciudad de Manzanillo, provincia de Granma, debió pagar cientos de pesos y contratar abogados para hacer legal su matrimonio de 31 años.

Cual si fuera un “La Muerte de un Burócrata, 2da parte” esta cubana debió enfrentar “un muerto distinto” al que enfrentó el genial Salvador Wood en la película de Titón.

Y aunque “el muerto” era distinto, tenía “los mismos apellidos”: Burocracia e Ineficiencia.

Cuenta Raquel que el 22 de noviembre de 1974 se casó ella con Gaspar Verdecia Novás en la notaría de esa ciudad.

Según sus registros, el casamiento se había asentado en el tomo 70 y folio 22 del Registro Civil.

En el año 2005 cuando quiso solicitar en el Registro Civil la certificación de matrimonio, esta no aparecía.

Después de abonar $10 pesos moneda nacional, una búsqueda más exhaustiva encontró el matrimonio, pero aparecía ella con otro nombre: Raquel Lavernia Arias. Legalmente no era ella quien se había casado con Gaspar Verdecia 31 años antes. A esta “otra Raquel” le faltaba el segundo nombre (María) y el segundo apellido estaba cambiado.

Subsanar el error le costó $115 pesos a Raquel.

Aunque evidentemente no había sido su culpa, sino de la persona que en el Registro Civil asentó mal el dato, Raquel no se fue sin solución. Aunque salomónica.

Los del Registro Civil le orientaron que “debía solicitar los servicios de un abogado en el Bufete Colectivo para iniciar un proceso de subsanación.”

Eso le costó 115 pesos más sellos de timbre, búsqueda de las inscripciones de nacimiento de ella y de su mamá, además de numerosas entrevistas con la abogada. Por culpa de errores y descuidos ajenos,” explica en la columna Acuse de Recibo, nuestro amigo Pepe Alejandro.

Increíblemente, el Tribunal de Manzanillo declaró sin lugar la reclamación para subsanar errores mediante la sentencia 284 del 9 de agosto de 2005. O sea, que Raquel María Lavernia Naranjo seguía casada en la casa, pero soltera en papeles. Y era “otra persona”.

La mujer no se quedó de brazos cruzados y se buscó otra abogada. Esta, le dio otra idea: que su esposo le hiciera una demanda, por haberse casado con otro apellido. Por supuesto, debía pagar otros $115 pesos, muy probablemente por los servicios de esta nueva letrada.

Raquel María se planta en 3 y 2 para resolver su matrimonio

Por supuesto, la mujer, montó en cólera como el pélida Aquiles y se negó a seguir soltando dinero por un problema en el cual ella es la víctima, y no fue provocado por ella.

«No soy culpable de que me hayan puesto mal mi nombre, cuando toda la documentación necesaria fue presentada correctamente el día de la boda», explica con justeza la atiborrada mujer.

El error, como bola en la pelota, “picó y se extendió”

Raquel continuó reclamando y entonces, surgió “la luz”: casarse de nuevo. Con eso, le aseguró la letrada, todo quedaría resuelto.

Fue así como Raquel María Lavernia Naranjo volvió a casarse con Gaspar Verdecia Novás en la notaría de esa ciudad el 3 de noviembre de 2005!, quedando registrado en el tomo 126, folio 381. Por supuesto, para casarse, sacaron un certificado de “soltería” (recordemos que estaban casados, pero ella, no era ella), y otra vez debió pagar por los servicios del abogado del Bufete Colectivo, además de los sellos timbrados.

Sin embargo, justo cuando Raquel creía que todo aquel calvario quedaría en el olvido, y en su memoria como una triste pesadilla, la ineficacia y la burocracia volvieron, como ave del infortunio, o boomerang.

Tiempo después solicitó una certificación de matrimonio. Tenia los nombres correctos, tenía la fecha del nuevo matrimonio. ¿Qué podía irle mal? Todo.

Lo que apareció fue la primera certificación, aquella del 22 de noviembre de 1974, pues la segunda había sido congelada, en lugar de la primera.

Raquel, sin matrimonio vuelve “a las raíces”… del problema

Y como todo volvió al mismo principio, en el Registro Civil le dijeron que tenía que volver a contratar un abogado, con el consiguiente pago de $115 pesos (no olvidemos, por favor, los sellos timbrados)

«Mi temor es que pase lo mismo, afirma, gastando tiempo y dinero, que no están para botarlos. Según me informan, yo estoy casada dos veces porque tengo dos certificaciones; pero al mismo tiempo me dicen que ninguna de las dos son válidas.

«Yo no comprendo por qué, pues la segunda tiene todos los datos correctos. Sería eliminar la primera, que fue realizada mal en ese momento; y dejar la correcta. No comprendo qué quieren que haga. ¿Tendré que casarme una tercera vez? Alguien me dijo que me divorciara, pero si supuestamente no estoy casada, ¿cómo voy a divorciarme?

«Sé que las cosas llevan sus mecanismos y controles, pero no me parece que este sea el caso. Han pasado muchos años y muchos gastos para que me digan algo tan ambiguo como que estoy casada dos veces y al mismo tiempo no lo estoy. Espero ver si este caso tiene solución. Tanto yo como mi esposo somos de la tercera edad, vamos a cumplir 45 años de casados y queremos dejarles todo en orden a nuestros hijos», concluyó Raquel su carta que es todo un manual de burocratismo e ineficiencia en la isla. Al menos, en el Registro Civil de Manzanillo.

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