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Cuba: la idea de emigrar crece entre los jóvenes que no ven futuro

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Jóvenes cubanos piensan en emigrar
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Mientras algunos luchan porque haya cambios en Cuba, otros jóvenes se centran en la idea de emigrar

Hace 8 años decidió quedarse en Cuba a pesar de tener todas las posibilidades para emigrar. Como muchos otros jóvenes. Con el tiempo vio que su círculo de amigos se reducía cada vez más y ya no le era fácil encontrar personas cercanas con las que compartir las salidas nocturnas a los cines, a los bares, o completar el equipo de fútbol para los partidos los domingos en la Ciudad Deportiva. A las ausencias se le sumaban las crecientes escaseces y las llamadas desde Miami o España incitándolo a salir de Cuba como fuese. Ya no desechaba la idea pero tenía a sus padres de más de 70 años de los que se sentía responsable y debía cuidar.

Alberto, vamos a llamarlo así, se graduó de Filología en la Universidad de La Habana hace 10 años. La mayoría de sus compañeros de aula, nos cuenta, ya no están en Cuba. Optaron por emigrar. Unos se quedaron cuando cumplían algún compromiso de trabajo, otros se casaron con extranjeros y el resto encontró la vía para salir hacia Estados Unidos, México o Europa.

“Quedamos dos o tres de mi curso solamente en Cuba. Yo había elegido quedarme pero hoy me arrepiento. Si me hubiera ido quizá hasta mis padres ya estuvieran conmigo. En cambio ahora tengo que enfrentar la situación de este país solo y buscar dinero para sobrevivir y sufragar los gastos de ellos que se jubilaron hace 5 años y hoy con los nuevos cambios económicos seguirán con una pensión de hambre”.

Él ha intentado llevar adelante varios negocios pero no le han dado resultado. Dejó de ejercer su profesión porque el trabajo en un centro de estudios no le alcanzaba para casi nada. Le gustaba la investigación pero con los 425 pesos cubanos (menos de 20 USD) que ganaba no podía cubrir los gastos. Decidió entonces probar suerte en varios emprendimientos y hoy se dedica a repasar ilegalmente Español a alumnos que cursan el preuniversitario.

Las razones por las que los jóvenes deciden emigrar de Cuba han sido muchas después de 1959. La permanente crisis económica, la represión ideológica y política, la falta de libertad de expresión, o la ausencia de posibilidades de desarrollo económico y profesional. Son un variado abanico que se ha abierto en 60 años de acuerdo a los intereses y necesidades de cada cual. Cuba es uno de los países más envejecidos del mundo y eso responde también a la ausencia de sus jóvenes que en buena parte siguen buscando cómo salir de la isla. Unos lo intentan y otros, quizá con menor edad, solo guardan la idea en la mente como una posibilidad.

Me fui por el futuro de mi hija

Elizabeth tiene 35 años, estudió Derecho en la Universidad de La Habana y se fue hace cinco con su pequeña de 4. “Yo me fui por el futuro de mi hija. En Cuba hay un gran deterioro moral y es en parte por la educación pésima que están recibiendo las nuevas generaciones. Si no hubiera sido por esa situación, no me hubiera ido a pesar de la grave situación económica. Tuve que dejar a mi padre en La Habana y eso me duele cada día. Al menos puedo enviarle algún dinero mensual que le permite vivir más o menos cómodamente. De lo contrario él, mi hija y yo, estaríamos pasando bastante trabajo”.

Elizabeth, quien reside en Miami, trabajaba en la isla como abogada en un bufete, pero comenzaron a acosarla por sus opiniones políticas. “Todo empezó cuando vino a verme un ingeniero que lo sancionaron y sacaron de su plaza por criticar públicamente en una reunión a Fidel Castro. Su caso partía de una injusticia contra él y así lo dije. Pero entonces fui a quien comenzaron a mirar mal y una amiga me sugirió que me fuera del bufete porque estaban tratando de armar una sanción contra mí”, dice la abogada que viajó por primera vez a Cuba este diciembre para las celebraciones de fin de año.

Su situación no es muy distinta a la de Javier, un joven economista que vivía en Cuba -antes de salir hacia La Florida- de vender discos y grabar el llamado paquete semanal (una suerte de Netflix cubano). Aparte de no ejercer la carrera porque no le cubría los gastos básicos para vivir, no se callaba su opinión sobre las políticas del gobierno. “Una vez dije en una reunión de mi primer trabajo en una empresa mi opinión sobre el régimen cubano y al otro día el director me llamó a su oficina. Me dijo que si no reconocía públicamente que estaba equivocado tendría que “irme”, que mi puesto de economista en aquel lugar era solo para “revolucionarios”.

Javier abandonó la empresa en 2010 y durante dos años emprendió varios negocios hasta que salió de Cuba hacia Miami y se acogió a la Ley de Pies Secos-Pies Mojados. En Cuba no le queda familia aunque vuelve con frecuencia. “Sigo extrañando muchas cosas, los lugares, mi antigua casa, pero cada vez que voy ratifico que apenas me queda algo aquí. Mis amigos más cercanos ya no están y mis padres fallecieron antes de irme. Es una realidad particularmente dura por lo que creo que espaciaré mis visitas hasta que un día decida no ir más”, nos aclara cerca de su casa en la barriada del Cerro, a donde llegó hace una semana desde la Florida.



Una visa hacia un futuro mejor

Con la apertura de las nuevas tecnologías muchos jóvenes cubanos usan sitios de citas en Internet para conocer personas de otros países y entablar una relación de pareja. Algunos llegan a enamorarse y otros solo ven en ese vínculo una “visa” hacia un futuro mejor. El servicio de Internet en el celular ha sido clave para cumplir ese objetivo.

Este es el caso de Iván, de 45 años, quien se casó con una mujer polaca y vivió diez años en Varsovia, la capital de Polonia. “Todo comenzó cuando hablé con ella en un chat de cubanos al que había entrado. A partir de ahí nos comenzamos a escribir diariamente hasta que ella decidió venir a Cuba. Al principio no me gustaba lo suficiente pero después todo cambió cuando nos casamos y me fui para Polonia”, comenta con una sonrisa en el rostro.

Sin embargo, no todo le fue sobre ruedas en Europa. Tuvo varios problemas legales hasta que decidió volver a Cuba. Ahora vive de su trabajo como “mula” (personas que viajan y compran diferentes productos para vender a sobreprecio en Cuba) y ya ha creado otra familia en La Habana.

“La emigración es difícil pero cuando me casé con mi antigua esposa me fue bastante bien. Viví muchos años en Polonia, después en España y en otros países. Hasta que la relación se acabó y tuve que enfrentar algunos litigios legales. Por eso decidí regresar a Cuba, que a fin de cuentas es el país de uno. Yo me fui por la grave situación económica aquí, que en vez de mejorar ha empeorado”, explica mientras no descarta la posibilidad de emigrar otra vez. “Si la situación sigue como va creo que en cualquier momento me salgo de nuevo hacia Europa o Estados Unidos”.

Los jóvenes suelen encontrarse con sus amigos en el Malecón habanero. Foto del autor

Hay cubanos que no habían pensado en emigrar pero a algunos la idea les ronda con fuerza ante el empeoramiento de la situación económica de la isla. En las calles de Centro Habana y en el Malecón habanero hablamos con varios jóvenes sobre la emigración y la vida que llevan en Cuba. La mayoría coincide en que habían pensado alguna vez en esa posibilidad aunque no la tenían muy clara porque no contaban con el dinero ni conocían a nadie que los pudiera ayudar en esa empresa.

“Obama terminó con la ley que permitía a los cubanos quedarse en Estados Unidos cuando llegaran de la forma que sea. Eso fue como un cubo de agua fría para todos los que como yo tenían pensando salir para Miami en algún momento. Ya no tengo facilidades para hacerlo y seguiré dedicándome a vivir como pueda en Cuba. Quizá la vida me dé alguna sorpresa”, admite Orlando, un joven al que se puede ver pescando casi todos los días en el Malecón. “A esto me dedico y alguna que otra vez tengo suerte”, bromea.

Cerca de allí varios jóvenes descansan sobre el llamado “sofá de La Habana”. Hablan en voz alta sobre las reformas económicas que vienen en enero, del coronavirus, del grupo de San Isidro y la situación del país. A la caída de la tarde algunos bajan al mar y otros prefieren quedarse sobre el muro mirando ese horizonte que siempre recuerda a miles de cubanos que han perdido la vida en busca de un futuro mejor.

Ariel Peñate

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