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Por Fernando Vargas

Si en los bares «de ambiente» de La Habana preguntas por Yanolis, probablemente nadie lo conozca; sin embargo, si hablas de Blanquita, casi todo el mundo te dirá que «morirás de la risa con ella». Yanolis Carrero Rojas se transformó en Blanquita de la Claridad del Sol por casualidad. Trabajaba en la Casa de la Cultura de Guanabacoa —espacio creado por el Ministerio de Cultura para el desarrollo del arte en la comunidad—, y un día le propusieron hacer de Joséphine Baker, la famosa vedette franco-norteamericana que bailaba con una falda de platanitos. Su éxito fue tal, que en ese momento decidió que por ahí iba su camino.

Debutó, ya como transformista en El Coral: «Tenía los nervios de punta porque salí de la nada y nunca había trabajado con transformistas de primera, pero un amigo que fue conmigo me calmaba “tú lo vas a lograr”», le cuenta a Cuballama. Ahí la captaron para amenizar la famosa fiesta gay capitalina del Fashion Bar Habana.

Poco a poco fue aprendiendo los trucos del arte del transformismo, mientras se perfeccionaba en el manejo de los tacones, y orgullosa declara que nadie en Cuba lo hace como ella. Además, adquirió varias habilidades imprescindibles en su profesión: usar adecuadamente las pelucas, moverse por el escenario, doblar de forma creíble, saber emitir la voz para los monólogos y maquillarse acorde con los espectáculos en los que participa.

Pero, definitivamente, el sello de Blanquita es el humor. Mientras otras colegas se limitan a emular las poses de grandes divas cubanas y universales, ella busca hacer un «antishow» que logra mezclar actuación, música, baile, acrobacias… Se transforma lo mismo en una sirvienta de principios de siglo cuya falda puede guardar «cualquier sorpresa», que en un unicornio colorido capaz de caricaturizar, en un mismo número, a cantantes tan distantes como Gloria Trevi y Lara Fabián.

Blanquita es su propia productora, maquillista, vestuarista… Suple la habitual parafernalia de grandes pelucas y vestidos de marca, enriqueciendo su personaje con accesorios que fue ideando para oxigenarlo y hacerlo más caricaturesco. Tiene un tacón con un imán en la suela para recoger las monedas que le van tirando y sus aretes son lo mismo cajas de cigarrillos que envases de detergente vacíos: todo es aprovechable si se trata de hacer reír. En este sentido apunta que uno de los valores principales del transformismo en Cuba es la capacidad de hacer mucho con pocos recursos: «Nosotros tenemos que lograr con cualquier cosa lo que otros países ya tienen. Allá hay tiendas de pelucas, aquí una persona, con una peluca deteriorada, la tiene que lavar, planchar y arreglar como si fuera nueva».

También agradece el apoyo de las amistades y lo cita como otra de las ventajas que los cubanos, con esa solidaridad que nos caracteriza, contamos a nuestro favor: «Tengo personas que vienen de afuera y me dicen, “Blanquita, te traje un par de zapatos y un vestido”; conocen ya mi personaje y me regalan lo que pueda servirme. Gracias a ellos poseo zapatos con hamburguesas o ropa de muñequitos de Disney. Entre eso, y lo que yo invento aquí, logro hacer humor».

Es común que en el espacio algunos pretendan meterse con ella, pero lo considera parte del show. Su impresionante capacidad de interpretación y agilidad mental siempre le permiten revertir la situación a su favor, en ocasiones con respuestas que, sin caer en lo chabacano, podrían ruborizar al más liberal de los mortales. Sobre este aspecto le comenta a Cuballama: «Me dicen una cosa por un lado y yo respondo por otro, siempre sin faltar el respeto. Nunca me planifico, es algo que me nace. A veces veo videos míos y me pregunto si será posible que yo haya hecho eso. También tienes que conocer el público, pues trabajo tanto para heterosexuales como para gays».

Blanquita y su talento para hacer reír

Aunque en Cuba el fenómeno del transformismo se ha desarrollado en los últimos años, Blanquita afirma que pocas tienen su capacidad de «levantar» a los espectadores. Sin falsa modestia reconoce que, si bien muchas de sus compañeras son buenas en otras cosas, su talento para hacer reír la ha convertido en protagonista de programas en los que estaba pensada como una figura más.

El mundo del espectáculo la ha curtido como una veterana de mil batallas, y además la ha entrenado en responder a los imprevistos, siempre con ingenio y picardía. En este sentido recuerda para Cuballama una de las tantas veces en que convirtió el revés en victoria: «En los espectáculos yo soy loca. Lo mismo me aguanto de un lado que brinco para otro. Una vez me enganché en la cerca que colindaba con una terraza. Un perro me llevó la peluca, y lo que atiné a decir fue “Dios mío, el perro es travesti”. Todo el mundo se murió de la risa».

La artista logró que la comisión del Ministerio de Cultura que dictamina si se puede o no trabajar como profesional la evaluara favorablemente, y por eso integra el catálogo de la agencia Caricatos, lo cual le permite presentarse en espacios estatales. Es, probablemente, la transformista cubana con más funciones a la semana, pues solo descansa los jueves. Alterna en varios centros nocturnos como el cabaret Las Vegas y XY Bar, además de colaborar con El Divino, empresa productora de espectáculos, famosa en Cuba por sus strippers y por ser una de las primeras en enfocarse en la comunidad LGBTIQ. Por otro lado, ha incursionado en proyectos audiovisuales: una breve participación en una película austriaca sobre Cuba, aún en producción, y en la próxima telenovela que saldrá al aire por la Televisión Cubana.

Su trabajo es muy reconocido dentro de la isla, donde fue coronada en el cabaret Las Vegas como «La reina del humor en Cuba, en el mundo del transformismo», pero Blanquita admite que, aunque está orgullosa de trabajar para sus compatriotas, pretende ser una artista internacional: «Tengo planes en otros países; mi sueño es actuar en escenarios grandes. Hay algunas propuestas de contrato. Realmente, pienso lograrlo. Si Dios quiere, será posible».

Desde lejos pudiera parecer que Yanolis, el actor que interpreta a Blanquita, vive rodeado de placeres y divertimientos entre bares y cabarets, aunque en realidad detrás de la transformista que se encarama en zapatos de impresionante altura y bebe de su copa al ritmo de una canción de Juan Gabriel, hay un hombre que ha dedicado su vida a hacer reír a los demás. «Aquí se cambia el día por la noche. Empiezo a trabajar a las 12:00 am y termino sobre las 3:00 o 4:00 am; de ahí tengo que ir para mi casa en Guanabacoa, y muchas veces no descanso». A las nuevas generaciones que pretenden iniciarse en el mundo del transformismo les recomienda que se preparen: «El talento para esto nace con uno, pero no se debe coger como juego. Esto es un arte y hay que interpretarlo con toda la profesionalidad que lleva». A pesar de su poco tiempo libre, se dice un hombre pleno y satisfecho, que ha encontrado una pareja que comprende su trabajo y es su mano derecha para alcanzar el éxito.

Los debates sobre la Constitución y la posibilidad de aprobación o no del matrimonio igualitario han despertado en muchos cubanos una homofobia que ya parecía superada. Dentro de dos años Cuba someterá la propuesta de Código de Familia a votación popular y muchos activistas temen que este derecho de minorías sea rechazado por una población de tradición machista. Sin embargo, tanto Yanolis como Blanquita concluyen diciendo que la comunidad LGBTIQ deberá pelear por lo que es suyo: «En todas las familias siempre hay un gay. Vivimos en 2019 y, si la sociedad no está preparada, pues nosotros la vamos a preparar. Hasta ahora hemos logrado muchas metas que hace unos años eran impensables. Si todos nos unimos y luchamos, el matrimonio se aprobará, claro que sí».

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