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Escambray denuncia aumento de delitos lascivos en Sancti Spíritus

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niños adultos delitos lascivos

Libros, tablets, caramelos, “un secreto”, cualquier ardid les funciona a estos abusadores para cometer su delito.

Bajo el título de “Trampas a la inocencia“, el periódico espirituano Escambray aborda con dolor el incremento de los delitos lascivos en el territorio, con mayor grado en la capital provincial.

Una historia hipotética, que no por “hipotética” deja de ser posible y real, revela como algunos adultos se valen de la ingenuidad de los más pequeños para abusar de ellos, y de su inocencia.

“El delito de abuso lascivo ha experimentado un incremento aquí en el presente año, sobre todo en el municipio de Sancti Spíritus. El 83 por ciento de los autores no poseen antecedentes penales, sino buena conducta social,” revela  el diario espirituano que, como cifras aporta lo siguiente:

“El 27,7 por ciento de las víctimas son hijastras de sus abusadores y el 22, hijas de vecinos con los cuales mediaban relaciones casi de familia, datos que no deben desestimarse. Aunque menos frecuente, también se han registrados casos en que los victimarios son menores de edad,” explica el diario espirituano.

El órgano oficialista recogió declaraciones de la jueza de la sala primera del TPP, Yamina de la Caridad Bernal Capote, quien expresa:

«Entre los delitos más frecuentes relacionados con el abuso sexual infantil se encuentran los abusos lascivos. Hoy las cifras de hechos conocidos han aumentado porque nuestra población ha ganado en cultura jurídica y los denuncia. En la mayoría de los casos, la víctima es menor de 12 años de edad, porque son más vulnerables», reconoce , con 27 años de experiencia.

«Los menores de edad no participan en el juicio. El tribunal asume la exploración hecha en la fase preparatoria del proceso, donde participan el instructor penal actuante, especialistas de salud y los representantes legales de la víctima. Si fuera imprescindible a los efectos de esclarecer el hecho —por notar contradicciones— se le vuelve a explorar fuera de la sala penal, sin togas, en un ambiente confortable», señala.

Otro especialista, Félix Sánchez Carrero, fiscal jefe del Departamento de Protección a la Familia y Asuntos Jurisdiccionales de la FP espirituana, añade a los factores de riesgo tales como la existencia de familias disfuncionales “y aquellas que por priorizar sus responsabilidades laborales no prestan la atención requerida a sus menores y desconocen con quiénes se relacionan”, y aquellas otras que “no tienen preparación para brindar una educación sexual adecuada, o son permisivas”, la falta de percepción de riesgo.

«Por eso es alto el por ciento de victimarios que son parientes muy cercanos o vecinos. Por lo general se ejerce mayor control si se tiene una hija y se deja más libre al varón, que también puede ser abusado», explica el especialista.

«En esos casos se orienta indagar por el padre, y si este no responde, representa los intereses del menor un fiscal, tal y como estipula la Convención de los Derechos del Niño y la ley cubana de Procedimiento Civil, Administrativo y Laboral cuando el menor no tiene un representante legal o sus tutores tienen intereses contrapuestos», precisa el fiscal espirituano.

«En la provincia no contamos con un Centro de protección a niñas, niños y adolescentes, pero los fiscales realizan entrevistas a los padres para conocer el impacto en la conducta de la víctima y ofrecerle seguimiento. En la mayoría de los casos, se orienta que vean a un especialista, tanto en la escuela con un sicopedagogo o en el área de salud, pero algunas secuelas son irreversibles», añade el fiscal.

Cuentan ambos entrevistados que a veces, cuando el padrastro es el acusado, la madre de la víctima mantiene las relaciones, lo protege en el acto del juicio o intenta retirar la denuncia, aunque se hayan acumulado pruebas suficientes de responsabilidad.

«Los mecanismos posteriores funcionan bien, pero toca a la familia y las instituciones sociales precaver, incluso los medios de comunicación. Hay que decirles a los menores que tienen derecho a la privacidad de su cuerpo, derechos a veces violentados por desconocimiento», refiere.

En ese sentido, quizás lo más que más angustia provoca es que no pocas parejas, luego de conocer de boca de sus hijos el abuso cometido prefieren, por encima del dolor de sus hijos, continuar con la relación.

Libros, tablets, caramelos, “un secreto”, cualquier ardid les funciona a estos abusadores para cometer su delito. La mayoría de ellos, luego de ser atrapados in fraganti, lamentan lo sucedido; dicen sentirse arrepentidos, y aún cuando los derechos de los menores “están protegidos por los Códigos de Familia, Civil y Penal, y por la Constitución de la República”, tal y como expresa Bernal Capote, las sanciones judiciales son hasta ridículas, lo que propicia que, una vez puestos en libertad, otro menor sufra el abuso por parte de estos depravados sexuales.

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