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Por Fernando Vargas

En Cuba, la organización de los retiros de Vipassana ocurre bajo principios totalmente altruistas, pues no se permite cobrar. Generalmente duran diez días que deben ser de silencio absoluto

Resulta un tanto difícil para un foráneo suponer que en Cuba se medita. El estereotipo del criollo jocoso, bebedor, bailador y parlanchín pareciera incompatible con la parsimonia oriental. Sin embargo, con la reciente conexión a Internet de la isla y los intercambios con otras regiones, cada vez son más los nacionales que buscan, de muy diversas formas, liberar su mente de los problemas y alcanzar el equilibrio.

María Antonieta Echezabal aún recuerda los motivos que la llevaron a empezar la meditación hace más de una veintena de años: padeció durante casi una década una úlcera en el pie que no sanaba pese a los numerosos tratamientos realizados. Comenzó a hacer yoga y le recomendaron el primer retiro. Fue con todo su arsenal de medicamentos a ver qué podía resultar… Hoy es una jubilada de 66 años que camina perfectamente, y de su herida sólo queda la cicatriz. Aclara que, para nada, la meditación vipassana es una técnica curativa, pero liberar la mente de cargas innecesarias tiene un efecto comprobado sobre el cuerpo. Incluso su doctora de cabecera le justificaba ante su centro de trabajo el tiempo de retiro como parte del tratamiento.

Ni una ideología, ni una religión, sólo un modo de ver la vida

Vipassana, una de las más antiguas técnicas de meditación de la India, significa ver las cosas como son. Fue diseminada por Occidente, sobre todo, por el maestro Sri Satya Narayan Goenk (más conocido como S. N. Goenka). Uno de sus presupuestos es la ausencia de cualquier precepto religioso, por lo que, en un país tan diverso como Cuba pueden coincidir ateos, católicos, evangélicos, babalawos, espiritistas… Tampoco existen límites por sexo, raza, edad o ideología. Si lo decimos mal y pronto, su objetivo principal es aprender a domesticar la mente con ejercicios que ayudan a asumir una actitud diferente ante la vida: enfrentar solamente lo que puedas remediar y evitar “cargarte” de aquellos problemas cuya solución está lejos de tu alcance. Para ellos, el quid está en asumir el universo como algo pasajero y cambiante, de ahí que no tenga sentido el apego a las cosas materiales. Si eres dueño de tu mente, serás dueño de tu felicidad.

Las reglas son esenciales

Los encuentros generalmente duran diez días que deben ser de silencio absoluto. La meditación comienza a las 4:00 am y termina a las 9:00 pm. Se hacen un desayuno y un almuerzo vegetarianos, y en la noche solo se ingiere té, que los principiantes, si lo desean, pueden acompañar con galletas. Hay dos personas con experiencia que asumen roles de coordinadores o gerentes, con vistas a resolver cualquier contratiempo que tenga el estudiante. Además, cuatro meditadores se encargan de preparar los alimentos y acondicionar los espacios.

Saylí Sánchez, actriz y productora de teatro callejero, es una de las personas, al igual que María Antonieta, que actualmente asumen la coordinación de estos retiros. Según nos dice, acatar las normas es fundamental para que la meditación llegue a feliz término; por tanto, los nuevos deben tener bien claro que permanecerán esos días sin teléfono móvil, cigarros o bebidas alcohólicas, y, lo más importante, sin ninguna comunicación física, verbal o escrita con el resto de sus compañeros. Tampoco se permiten fotografías o videos, pues interfieren con el proceso y pueden mostrar una visión distorsionada de la técnica.

Aunque muchos de los participantes poseen experiencia previa, hay otros que “caen de sopetón” y terminan asumiendo la dinámica de la escuela con una seriedad increíble: “Tuvimos un caso para recordar —comenta Saylí—, de una señora de Guantánamo que llegó sin saber a lo que iba. Se enteró por un comentario en Coppelia y creía que era un campismo común, pero cuando cayó en cuenta, asumió la disciplina y al final decía “tengo que traer a mis hijos, porque he aprendido muchísimo””.

Los retiros, difíciles pero no imposibles

El primer curso nacional se realizó en Santa Clara en 1996 por mediación de Eduardo Pimentel, uno de los impulsores del yoga entre nosotros, quien trajo un maestro especializado en el método vipassana. Por no existir en Cuba un centro de meditación especializado, han acudido como alternativa a los Campismos Populares —alojamientos con muchas menos condiciones que un hotel, ofertados por el Estado a la población en pesos cubanos y a precios relativamente módicos—; conspira, entonces, contra los objetivos del programa, que sean espacios pensados para la recreación festiva, con música y bebidas alcohólicas.

El procedimiento es alquilar todas las cabañas en los meses de invierno, cuando hay menos huéspedes, pero no todos los administradores comprenden la utilización de sus establecimientos para esos fines: “Estuvimos una vez tres años sin poder hacerlos por este problema; recientemente hemos tenido un poco más de estabilidad porque ya hay más apertura. Ahora se ha dicho por la televisión y la radio, y creo que esto ha ayudado a que sean más flexibles con nosotros”, explica María Antonieta a Cubacomenta.

La organización del retiro se produce bajo principios totalmente altruistas, pues no se permite cobrar. Quienes al final de la experiencia deseen ofrecer una dana o donación, pueden hacerlo tanto en dinero como en insumos o trabajo. Muchas veces lo acumulado en territorio nacional no resulta suficiente para mantener el proyecto, y esto se compensa con las contribuciones de residentes en otros países que agradecen parte de su felicidad y éxito a lo aprendido en vipassana.

Actualmente la principal dificultad radica en el lugar, pues no todos los campismos son idóneos. Algunos están muy cercanos a los pueblos y funcionan como lugares de paso, mientras otros se encuentran enclavados en zonas de caza. Luego de mucho ir de un lado a otro, encontraron una instalación en Escaleras de Jaruco que resulta un valle tranquilo, rodeado de vegetación, cuyos trabajadores han respetado las dinámicas de los retiros. Sin embargo, actualmente el espacio está desactivado y se está intentando dialogar con las autoridades para destinarlo a este tipo de eventos.

A tal dificultad se le suma que el coordinador principal de la meditación siempre es extranjero, pues en Cuba no hay personas con suficiente veteranía, lo cual trae consigo que el ministro de Turismo deba autorizar la estancia del profesor en los campismos, regularmente destinados solo a nacionales. Por otro lado, las contrariedades para inscribir asociaciones en la isla les impide tener personalidad jurídica propia.

Meditar en Cuba significa abstraerte

Al culminar el retiro, la persona está lista para meditar sola, mas se recomienda hacerlo en grupo dos veces al mes. Aquellos que tienen condiciones ofrecen sus hogares para la actividad, y ello les ha permitido también constituirse como una comunidad de amigos que comparten energías en pos de hacer la vida más llevadera.

En un país de naturaleza ruidosa, donde conviven pregones, taladros, la música del vecino, el grito a falta de timbre…, meditar en casa no está exento de complejidades. Los practicantes de vipassana en Cuba confiesan que ha sido todo un reto de abstracción, pero esta es una de las ventajas de la técnica. Han logrado concentrarse incluso con reggaeton “de fondo”, pues su mente está blindada a las distracciones del mundo exterior.

María Antonia recalca que “el principio está en trabajar en tu interior, la realidad externa se queda afuera. Además, eso mismo de lo que tú sales impregnado se lo vas transmitiendo a los demás, no tienes que dar grandes explicaciones, las personas se dan cuenta de que hay un cambio en ti. Tengo una vecina cuyo niñito a veces viene a meditar conmigo; ellos saben que cuando la puerta está cerrada estoy meditando, y son incapaces de molestar”. Saylí, por su parte, reconoce haber asumido la actual crisis energética con mucha más calma: “En otro momento estaría histérica porque la guagua no pasa. Ahora me digo «lo siento, esto no depende de mí, por ponerme brava no van a aparecer siete transportes»”.

Pese a los embates, la experiencia sigue creciendo. Fuera de los retiros, han organizado otros espacios esporádicos para que niños y jóvenes vayan acercándose a la técnica. Actualmente están coordinando su próximo taller, planificado para el 27 de noviembre, si la coyuntura se los permite. Aquellos que deseen aventurarse en la meditación pueden escribir a [email protected]

 


 

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