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Cuba

Venden ron y bocaditos de cerdo en “actividad” efectuada en el Cementerio de Cienfuegos

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Cementerio Tomás Acea

Cuando lo inaudito invoca el concurso de un funcionario encargado de hacer cumplir un plan de ventas, un subordinado sin derecho a reclamar, y el poco sentido de común de ambos, además del silencio de muchos otros – o la imposibilidad de detener tanta irresponsabilidad e indolencia – suceden hechos como el que ahora nos ocupa.

El diario 5 de Septiembre de la provincia de Cienfuegos, reflejó en sus páginas de manos de la periodista Dagmara Barbieri un hecho que a muchos provocará indignación: en el Cementerio Provincial “Tomás Acea”, reconocido además por su valor patrimonial y arquitectónico, se expendió durante el llamado Día de las Madres, ron y bocaditos de cerdo como si en realidad fuera el popular bar de “Cartoqui“; o el conocido “Bar Pedro“; o “La Quirosana“, por mencionar tres lugares dentro del municipio cabecera más de “estas funciones”, que el lugar donde descansan los restos de cientos de cienfuegueros ilustres.

Bajo el título de Honrar difuntos sin empedrar el camino al cielo, el texto resume la idea de lo más absurdo que uno pueda pensar que existe: el Macondo del cual nos hablaba un día Gabriel García Márquez. Y sí, en cada ciudad de esta gran Latinoamérica existe un Macondo, o una actitud macondiana; porque solo de una mente nacida y criada en el Macondo puede surgir la “brillante idea” de vender en las puertas de un camposanto, refrigerios, bocaditos y hasta bebidas alcohólicas.

En un lugar donde sólo se deberían expender flores, sucedió y delante de la vista de todos tal irraciocinio, que deberá tener un responsable, sospecha la articulista.

Explica Barbieri que “las molestias tocaron la sensibilidad de los cienfuegueros“, e incluso llegaron a las redes sociales.

(…)“Ese día pasé por el ‘Tomás Acea’ y me importunó la venta de bocaditos de cerdo en la puerta, que además de ser antihigiénico, por estar expuestos a las altas temperaturas y al aire, sentí que irrespetaban el dolor de las familias que allí estaban, parecía más una plaza pública que un camposanto”.

(…)“Es triste, no se respeta el sentimiento ajeno, estamos perdiendo la humanidad”.

(…)“Lo único que está justificado es la venta de flores, pero bien se sabe que los comestibles atraen fiestas, eso unido a que donde hay cocheros, hay música alta…”- alegaban otros.

Lo más triste de todo es la respuesta emitida por dos autoridades locales entrevistadas, quienes – por supuesto – intentaron justificar el hecho y minimizar el daño.

Mauricio González Suárez, director de la Empresa Municipal de Comunales expresó que “el expendio fue por parte de Gastronomía” y dijo que él personalmente estuvo allí y que “la venta de alcohol no ocasionó disturbios”; aunque quizás el argumento más pueril y macondiano se lo dio a la periodista el Vicepresidente del Gobierno Municipal – ¡Vicepresidente del Gobierno Municipal! – Osmany Morejón Marrero quien expresó:

La idea fue facilitar ron porque algunas familias hacen rituales con esa bebida”.

Dicho esto, se ha dicho todo. Que la liturgia sea en otro lado. Por favor.

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