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Sputnik, la gasolinera de Camagüey que vende pollo

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Cola y Organizores de Cola
Cortesía: Trabajadores

Los veladores de cola en las tiendas dicen sentirse honrados y agradecidos. Es un trabajo que les permite garantizar el pollo para muchos, y para ellos.

La unidad comercial Servicentro Oro Negro Sputnik, ubicada en la cabecera provincial de Camagüey, no tendrá mucho combustible en sus depósitos, pero lo que es pollo sí que tiene. Y gente para custodiarlo.

Se vende regulado, dice Trabajadores, y para que no se forme el desbarajuste en la cola ahí están Claro, Nancy, Arianny, Orlando, Leydiana, María del Carmen, Leonardo y Marcos.

Estos son “algunos de los cientos de agramontinos que forman parte de los Destacamentos de Vigilancia Revolucionaria, brigadas creadas para evitar las ventas de turnos de colas, el acaparamiento de productos esenciales y otras ilegalidades que se generaban en las colas” apunta el diario oficialista.

Estos, antes de comenzar a impartir el orden, revisan parques, paradas, portales cercanos “para comprobar que nadie desobedeció la restricción de movimiento instaurada en la ciudad y no hay colas armadas o coleros estacionados.”

Ocho para custodiar la cola, un dependiente y un administrador. Diez personas para despachar un pollo; aunque en realidad, los veladores son once.

Por extraño que parezca, dice Ernesto Morales Díaz, administrador de la unidad comercial, que son imprescindibles.

“Antes de que existiera este grupo había mucho reguero, siempre eran los mismos los que compraban y hasta una vez terminé en una estación policial por cuenta de un colero.

“Cada vez que abastecían, en el parque cercano se aglomeraban revendedores de turnos y coleros. Dormían ahí esperando a que nos llegara mercancía y luego vendían el turno a tres CUC. Así que fue una bendición que pusieran a esta brigada porque de inmediato se eliminaron todos esos grupos”.

“El pueblo nos agradecía y era emocionante verlos cuando salían de la tienda diciendo coroné, que significa que al fin pudo comprar, o nos pedían que no nos fuéramos del área, porque, como decían algunos, los azules debíamos estar siempre. Como seres humanos eso es muy gratificante”, manifiesta por su parte Leydiana Linares, una de las “veladoras”.

Todos aseguran sentirse útiles. No es una labor fácil. Controlar sin ser policías, pero el pueblo parece haber aprendido que así, el mísero pollo que se expende en la gasolinera pudiera alcanzar a más personas.

Los viejos, son los que principalmente agradecen que “alguien” haya venido a poner orden en el barullo de siempre. En esa sociedad de sálvese quien pueda, sucede de todo. Hasta que llegue la guapa del barrio y forme lo suyo y quiera imponer “su cola”, con su gente.

La crisis alimenticia en el país ha investido a esta gente como autoridad y a los cubanos vulnerables en vulgares denunciantes. Es el único modo en el que al parecer, ellos vislumbran que pudiera alcanzar el pollo para todos.

La otra estrategia pudiera ser “producir”, trabajar; pero los bajos salarios no parecen estimular a nadie a trabajar.

Dicen, a mí no me crean, que muchos de estos veladores de colas se metieron en esas brigadas no para “ser útil a la Patria”, tal y como intenta vendérnoslo el oficialismo cubano, sino para obtener “beneficios” a la hora de poder adquirir esos productos: el aseo, el aceite, el pollo.

por Roberto A.

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