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Cuba

Michel Maza: El cantante cubano que necesita salir del fondo

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Michel Maza

No será ni el primero ni el único, que una vez necesitó una mano; y luego otra, y luego otra. Lo que no puede faltar es eso: la mano.

Hay varias imágenes que guardo de Michel Maza, el hijo de Beatriz Márquez; para muchos – me incluyo – el mejor cantante que jamás haya tenido la orquesta de La Charanga Habanera con la excepción, quizás, de Leoni Torres.

La primera es la de un Michel cantando “… cuando hagamos el change” en el Hotel Riviera. Actuación a la que sumaría otro coro: “mójame, mátame, pa´que se entera La Habana, agua mala“. De esa imagen, de esas dos imágenes que se componen en una, atesorada en el recuerdo de la primera y única vez que entré al Palacio de la Salsa cuando solo extranjeros y miembros de cierta “socialité” habanera podían entrar y gastarse 10 USD, viene el recuerdo de una de las pocas veces que he bailado en mi vida y que lo he disfrutado. No sabría decir con certeza, pero buena culpa de aquel fenómeno llamado “Charanga” recaía en la voz de Michel.


La segunda fue en un concierto masivo efectuado en el Malecón habanero. Abril ¿del año 1996?

La Charanga se batía de tú a tú con las principales orquestas de música popular bailable del país (Los Van Van, Adalberto y su Son, NG la Banda, Manolito Simonet y su Trabuco) y no pocas veces aquella competencia terminaba – ¿o comenzaba? – con el precio que cobraban las agrupaciones en las puertas de los lugares donde tocaban. Al Palacio de la Salsa se le sumaba La Cecilia, el Teatro Nacional y la piscina del Presidente, además del Capri de siempre.

Por tanto, que la Charanga tocara para todos, para nosotros los pobres, fue un escándalo. Y lo fue. Sucedió en un concierto por el 4 de Abril. Los presentes aseguran que Michel se pasó ese día. “Se subió a una farola”; “se bajó los pantalones y se quedó en tacacillos”, fue quizás lo que más trascendió ese día de un concierto, de una orquesta, que movía los esqueletos nacionales y extranjeros como ninguna otra. O como pocas. Y en eso, Michel Maza tenía buena cuota de responsabilidad.

La tercera imagen es esta, la que no quiero ver. La del talento desperdiciado en la calle. Mal vestido, en plena actitud casi hippie, pero manteniendo un timbre de voz que ténganlo por seguro, pocos cantantes en los últimos 30 años de música en Cuba han tenido.

Cómo llegó ahí se sabe, pero esa es la imagen que uno no quisiera ver nunca. La del talento alcoholizado, la del talento drogadicto. La del talento, perdido.

Algunos allegados con quienes conversé ayer sobre el video que anda circulando por la Internet, me aseguran que Michel ya no tiene remedio.

Otros, aseguran que Michel ya está “bien”.  Y… ¡qué bueno que así fuese!

https://www.facebook.com/juancanevello.percussion/videos/10220036292514694/

“Tocó fondo”, “No quiere salir”, “Se le ha ayudado” y frases similares escuché además, de boca de tres amigos suyos que también vieron el video y sufrieron. Incluso más que yo. A todos les dije lo mismo: puede salir. Solo basta que él quiera.

No será ni el primero ni el único, que una vez necesitó una mano; y luego otra, y luego otra.

Lo que no puede faltar es eso: la mano.

por Roberto A.

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