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Jubilada cubana se queja tras ser estafada con su vivienda

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Foto: Referencial

“Ahora ¡me están declarando la vivienda como terminada!”, se queja la jubilada con toda la razón del mundo y dice que le quieren quitar la tarjeta del subsidio.

Si el Estado da un subsidio para reparar o construir una casa, y la brigada que acomete las obras no es la más indicada y el arreglo se vuelve un tormento, se pierde el dinero del subsidio, se pierden los materiales, se pierde la fe en una vida mejor y si todo eso le ocurre a una mujer jubilada que indefensa acude a la prensa oficialista para ver si resuelve allí lo que los tribunales de justicia cubanos no pueden, entonces podemos decirle a Camilo que no vamos bien.

El caso de marras le sucedió a Bárbara Prieto Rodríguez, residente en Oscar Primelles, No. 12, entre José Antonio Saco y Narciso López, Nuevitas, Camagüey, según lo publicado en la sección Acuse de Recibo del oficialista Juventud Rebelde.

La mujer dice que en el año 2018 se le aprobó un subsidio de 90 000 pesos -bastante significativo, por cierto- pues su vivienda, en otras ocasiones, había sido declarada como “derrumbe total” debido a eventos meteorológicos.

Algo malo debió sospechar Bárbara, cuando los “bárbaros” de la brigada de construcción que le asignaron para construir el inmueble, levantaron y terminaron el mismo en apenas 15 días.

Se trataba de una cooperativa no agropecuaria de esa localidad agramontina, que en el más estricto apego al “mata y sala”, terminaron su nueva casa en menos de lo que canta un gallo.

Sin embargo…

“El techo de la casa lo montaron de planchas prefabricadas sin la malla electrosoldada. Y se moja completamente, incluyendo las paredes, y afectando, además de todo el repello, equipos electrodomésticos como el teléfono alternativo, el televisor al cual ya se le rompió el tubo de pantalla y la cocina eléctrica. Además, no está terminada la instalación hidrosanitaria ni la eléctrica”, explica la mujer en su misiva al Juventud Rebelde, que con su única columna que verdaderamente sirve, la de Pepe Alejandro, se ha convertido durante años en el resuelve entuertos de los cubanos desvalidos.

“La estafa” no terminó ahí, pues el técnico de la Dirección Municipal de la Vivienda le envió al jefe de brigada de la cooperativa para que ella le pagara. Este le comunicó que después le darían los materiales que faltaban para terminar el trabajo.

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Nuevitas, Camagüey.

La mujer jubilada confió en la palabra del hombre. Le dio el dinero, pero los materiales no aparecieron nunca.

Le dijeron que en cuanto entraran se los asignaría pero…

“Ahora ¡me están declarando la vivienda como terminada!”, se queja la jubilada con toda la razón del mundo.

“Me quieren quitar la tarjeta, a la cual le queda un tercio del dinero asignado. Otro problema es que cuando llegan los recursos se los están dando a otros casos que comenzaron mucho después, y que aún no han efectuado el pago. Y a mí, que ya pagué toda la mano de obra, no se me cumple lo prometido”, concluye Bárbara.

No es la primera vez que la prensa cubana, más específicamente el periódico oficialista Juventud Rebelde, recoge “experiencias paranormales similares” en el proceder burocrático en la isla que involucra a no pocas empresas cubanas y a gente que como Bárbara, no tiene “poder” para plantar fino en las altas esferas del Gobierno o el Partido, en Nuevitas. O en Camagüey.

Si Bárbara fuese un alto dirigente del PCC, de seguro nada de esto hubiese sucedido. Le hubiesen asignado no a unos vulgares tira mezcla, sino a unos verdaderos albañiles.

El resto de los desmadres, el intento de quitarle la tarjeta con el subsidio a esta mujer y otras sutilezas en las que, podemos intuir, premia el machismo como método de coacción contra una mujer jubilada, tampoco hubiesen tenido lugar. De haber sido un hombre ya hubiese “una cara explotada”. Y si hubiese sido un hombre el alto dirigente del Partido… los albañiles pone losas estuviesen penando en lo más recóndito de Camagüey en alguna obra de nunca acabar.

Ariel P.

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