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Cuba

Ni el gobernante de Cuba ni los ministros cogen el P9

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Texto y foto: Silvia Alemán Fundora

¿Qué deben hacer los que esperan explicaciones en la isla? Ni el gobernante de Cuba, Miguel Díaz-Canel, ni los ministros cogen el P9

Si pensabas salir hoy fuera de tu municipio te aconsejo que ni te lo pienses. En lo personal, estuve más de una hora intentando capturar un almendrón cualquiera en la calle G.

Las paradas están infernales. “Esta es la tercera 20 que no para”, me dice la señora de al lado. Aunque me urge llegar, puedo entender a los choferes. No tienen lugar para más gente.

Siempre es la misma excusa sobre cualquier cuestión que afecte a Cuba: “la culpa es del bloqueo”, “que las nuevas regulaciones de la administración Trump limitan la entrada de petróleo al país”. Pero ¿cuánto está entrando realmente?

Lo que pocas personas saben es que, semanalmente, ingresan el país unos siete barcos de combustible, que deben ser repartidos entre todas las provincias, y se prioriza la capital que es la más poblada. Así lo confirmó a Cuballama una fuente que prefirió el anonimato. Esta situación ha hecho que los trabajadores de la empresa Cupet limitaran en casi un 50 por ciento su volumen de trabajo.

La cantaleta revolucionaria habla de Helms Burton y de que no nos entendemos. La calle habla de otra cosa. El otro día, sin ir más lejos, llegué a mi destino en uno de los vehículos del Nivel Central del Ministerio de Salud Pública, lo supe por la pegatina. El chofer, a la vista de todos, estaba boteando. La pregunta es ¿de dónde sale ese combustible?

La respuesta es obvia: de donde siempre. Esta tarde, sin ir más lejos, la cola para la 55, que generalmente empieza debajo del puente del Amejeiras, llegaba casi a las inmediaciones del parque Maceo. “Pa´ mí que la solución es quedarse en la casa. Cada vez que uno sale es una odisea. Las guaguas no paran, los carros tampoco. Llevo más de una hora aquí, y hay quien ha tenido que volver para sus casas”.

La prensa oficial ya reportó el problema. En los numerosos trabajos que abordan el tema social del momento, se intenta ponderar las bondades de las guaguas eléctricas y los híbridos que el país ha importado desde China. Esa parece ser la solución a un tema más complejo: el robo de combustible.

Desde hace ya algunos años se viene reportando un desvío importante de petróleo en Cuba. En el año 2017 se reportaron más de 300 casos de robo de combustible, proveniente de los emplazamientos de los grupos electrógenos de la Unión Eléctrica, de acuerdo con Cubadebate.

El hueco fue de varios millones de litros, mas el castigo a los implicados no fue tan severo. Teniendo en cuenta que cada litro se vendía a un precio muy bajo, aquellos que los comerciaban obtuvieron jugosos beneficios, que fueron escasamente recuperados. Eso sí. Se anunció con toda rimbombancia que las personas implicadas en el asunto habían sido capturadas. De este modo, el pueblo cubano quedó más tranquilo ante la eficiencia de nuestras autoridades.

Eficiencia cuestionable, pues se habló siempre de los mismo: “elementos inescrupulosos que buscan lucrarse impunemente con los bienes del pueblo”, aunque no reseñaron que buena parte del combustible desviado salió de entidades estatales con alta asignación de combustible, como los ministerios de Transporte, de la Construcción, de Energía y Minas y el Grupo AZCUBA.

Otra cosa que no explicaron fue que el término corrupción administrativa, judicialmente hablando, se refiere solo a los cuadros, dirigentes y funcionarios del Estado; o sea, a las altas esferas. Es por eso que un simple trabajador no puede cometer este delito, pues entre sus competencias no está disponer, custodiar o administrar los bienes estatales.

Queda claro entonces que un delito de tal magnitud está orquestado por las más altas esferas administrativas de una entidad. Administrativos cuya sangre nunca llega el río.

Ante tal descontrol, el abastecimiento decreció para el pueblo, obviamente. Los apagones se sucedieron sin control, las guaguas comenzaron a desaparecer y el transporte privado se hizo más caro, incluso después de las restricciones estatales.

La solución al encarecimiento de los carros privados fue la red de metrobuses y taxis del Estado, que se mueven por una cuota fija, pero que últimamente están subiendo las tarifas al mismo precio de los cuentapropistas. ¿Y el gobierno de Cuba qué hace?

Mientras tanto, el pueblo no para de reclamar. Como en otras ocasiones, Twitter ha sido la vía para manifestar el descontento. En su cuenta personal, la usuaria Luz_Cuba, denuncia que una madre de la escuela de su hija debió mantener a su hija en casa, pues aunque llegó a la parada a las 6 de la mañana, a las 10 aún no había podido llevarla desde Los Pinos hasta Nuevo Vedado.

Por su parte, el medio independiente Periodismo de Barrio informó acerca de la disminución en la cantidad de vehículos de ciertas rutas, así como interminables colas fuera del horario pico de la ciudad.

Como ya es costumbre en mi Patria, paga el pueblo. Esa masa acrítica en la que recaen todos los palos, pero que no merece siquiera que alguien dé la cara, y le explique qué es lo que está pasando.

Segura estoy de que las altas esferas no conocen de esta crisis, pues de ser así, el carro que me llevó el otro día estaría en la piquera del MINSAP, esperando instrucciones precisas, ahorrando lo que no es suyo. Pero, ¿qué hacer? Ni el gobernante de Cuba ni los ministros cogen el P9.

 


 

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