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Cuba

Fidel Castro y los huracanes (anécdotas)

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Fidel Castro y José Rubiera

Los cubanos atribuyeron alguna vez poderes divinos a Fidel Castro. Aseguraban que era capaz de desviar huracanes, y que Cuba “tenía un arma secreta”.

Rubiera tal vez fue el único que lo desmintió o enfrentó en algún momento. La periodista Gladys Rubio un día “metió la pata” y le costó caro.

El fallecido gobernante cubano Fidel Castro tuvo una larga data de sucesos relacionados con los huracanes en la isla de Cuba.

Quizás, la más conocida por todos y la más divulgada en la isla por los medios oficialistas, es la relacionada con su presencia en Oriente durante los terribles días del paso del ciclón Flora por territorio cubano.

Otras dos anécdotas, muy graciosas, ocurrieron mucho tiempo después. Pido perdón de antemano por la imprecisión en el tiempo. Doy fe que son anécdotas reales ciento por ciento.

Fidel y dos huracanes

Al pensar en Dorian, la colega Massiel Rubio Hernández me recordó ayer jueves 29 de agosto una de esas anécdotas. No recuerdo en qué año fue – Massiel no lo precisa tampoco – pero sucedió tal cual lo cuenta ella.

Esa noche, Fidel Castro, delante de Rubiera, le insistió varias veces – alarmado – sobre el paso del huracán por Cuba; más bien expresando la necesidad de que el evento atmósferico cruzara por otro lugar. El meteorólogo intentó explicarle con datos y gráficos que era absolutamente imposible que su predicción – la de Fidel – se cumpliera.

Rubiera, al parecer, no entendía que Castro necesitaba que no se alarmara al pueblo por aquel monstruo. Castro, por su parte, parecía no entender que la ciencia es ciencia, y por más que uno lo desee, no hay modo en que se pueda “manejar” un huracán.

Agotado, en un momento, Rubiera le dijo algo parecido a que “sería bueno, sí, Comandante, pero…” sonríendo, mientras intentaba zanjar la ciencia con el interés de Castro; y el deseo de que, efectivamente, aquel ciclón cogiera por otro lado y no tocara territorio cubano. Como en efecto, milagrosamente sucedió “de la noche a la mañana”.

Massiel olvida que, desde ese momento, del otro lado del estrecho de la Florida, también la gente comenzó a decir que Cuba – entiéndase Fidel – poseía un arma secreta capaz de desviar los ciclones; porque dio la casualidad que hubo al menos dos temporadas en que ningún huracán mayor tocó la isla de Cuba. Todos los que amenazaron la isla, por condiciones meteorológicas de un tipo u otro, se desviaron hacia el norte, sustentando el rumor de alguna manera.

Fidel obliga a periodista cubana a comer chícharos.

Sucedió, no recuerdo en que año, pero es muy probable que haya sido en la terrible temporada de huracanes del 2005, si mi memoria no me falla.

La periodista de los servicios informativos de la Televisión Cubana, Gladys Rubio, era la figura designada por el organismo para cubrir día a día, parte tras parte, los acontecimientos relacionados con los huracanes en el país. Gladys era la que entrevistaba a Rubiera. Nadie más.

Incansable, coloquial, amena y hasta divertida si se quiere, Gladys no le perdía pie ni pisada a Rubiera, y tampoco a Castro cuando, en ocasiones, le daba por conocer de primera mano lo que estaba sucediendo con determinado huracán y se le aparecía a Rubiera en la estación de Casablanca.

Uno de esos días, Gladys entrevistó a Fidel Castro. Castro comenzó a hablarle de los preparativos de evacuación en determinada provincia según datos aportados por la Defensa Civil Nacional. Al hablarle de los alimentos que destinaría el estado para los evacuados y los extras que venderían en las bodegas, mencionó el arroz y el azúcar; alguna que otra lata de embutido o sardinas. Y los chícharos.

“¿Chícharos?”, repitió Rubio detrás de Castro cuando este mencionó la palabra, haciendo un mohín con su cara.

“Sí, chícharos,” le respondió Fidel mientras advertía la mueca de desprecio por parte de la periodista. Y de inmediato le preguntó:

“¿No te gustan?”

“¡No!”, respondió tajante Rubio, segura y confiada en que su sinceridad no le afectaría su empleo, ni tenía porque trascender – como mal – a mayores.

“¡Pues tienes que comértelos!”, le espetó Fidel en su cara a Gladys quien, asustada, inclinó la cabeza como diciendo: “Está bien; si Usted lo dice y ordena así, Comandante”.

Rubio fue “sancionada” a no aparecer más, ese año junto a Rubiera en los partes. De hecho, al menos durante seis meses, su nombre no se escuchó más en los noticieros del mediodía ni en el de la noche.

En los años siguientes tampoco se le vio detrás de Rubiera, cual cazadora de tormentas en la pequeña pantalla.

por Roberto A.

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