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Cine y TV

Enrique Colina busca propiciar debate sobre el racismo en Cuba

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Enrique Colina

Enrique Colina, el conocido conductor y director de 24xsegundo, asegura que en Cuba subyace el racismo y pide un debate público sobre el tema.

El destacado cineasta Enrique Colina, una figura muy querida y muy popular en Cuba tras haber dirigido durante muchos años el programa 24xsegundo, envió una carta a la directora del blog “Negra Cubana tenía que ser“, motivado más que nada por los sucesos vistos el otro día en la televisión nacional durante una emisión del programa “Con dos que se quieran III”.

Sobre lo sucedido, ya dimos cuenta en este blog (visitar enlace aquí), pero el debate generado ha superado las expectativas sobre todo en las redes sociales, y motivó además que un destacado activista por los derechos raciales y de la comunidad LGBTI+ entregara  una carta en la propia puerta del ICRT pidiendo al organismo que se disculpe por lo sucedido.


Colina, quien durante años mantuvo en la preferencia de la teleaudiencia un programa que enseñó sin dudas a los cubanos a ver el séptimo arte, asegura haber escrito la misiva “motivado por la inquietud ética, política y cultural que despertaron las burlas y comentarios racistas hechos por Amaury Pérez y su invitado, Miguel Cabrera, historiador del Ballet Nacional de Cuba, en el más reciente programa de “Con dos que se quieran”.

El destacado crítico de cine Enrique Colina expresa en su misiva que “si bien la presencia física del negro en los medios ha comenzado a manifestarse, aunque tardíamente, como imagen complementaria del blanco en la cultura mestiza compartida, la verdadera, auténtica y desprejuiciada asimilación de nuestra identidad étnica nacional necesita de una discusión pública ciudadana para superar los rezagos del controvertido racismo que subyace implícito en nuestro inconsciente o que se manifiesta desvergonzadamente en actitudes y comentarios públicos despectivos.

Casi al final de su carta, Enrique Colina se pregunta:

“¿Por qué no se le dedica una Mesa Redonda si este espacio a menudo aborda temas redundantes en su afán propagandístico oficialista? ¿Por qué no promover a través del sindicato, los CDR y la FMC alguna reunión para escuchar la opinión de blancos, negros y mulatos sobre la incidencia social, económica y cultural de estos prejuicios soterrados? Espero que estas líneas se interpreten en todo el sentido positivo que han animado su redacción.”

Sin más, el contenido íntegro de la carta, la cual fue enviada a Sandra AbdAllah-Alvarez Ramírez.

“Me llamo Enrique Colina, soy cineasta y dirigí durante 32 años el programa “24 por segundo”…

“Motivado por la inquietud ética, política y cultural que despertaron las burlas y comentarios racistas hechos por Amaury Pérez y su invitado, Miguel Cabrera, historiador del Ballet Nacional de Cuba, en el más reciente programa de “Con dos que se quieran”, he decidido escribir estas líneas para incentivar y contribuir a un debate sobre el tema del racismo en Cuba, aún hoy postergado sesenta años después del triunfo revolucionario.

“Si bien la presencia física del negro en los medios ha comenzado a manifestarse, aunque tardíamente, como imagen complementaria del blanco en la cultura mestiza compartida, la verdadera, auténtica y desprejuiciada asimilación de nuestra identidad étnica nacional necesita de una discusión pública ciudadana para superar los rezagos del controvertido racismo que subyace implícito en nuestro inconsciente o que se manifiesta desvergonzadamente en actitudes y comentarios públicos despectivos.

“El punto de partida de mi argumentación personal antirracista está en esta fotografía mía con los amiguitos del barrio El Vedado, en la calle 14 entre Línea y 11, del municipio Plaza.

De Enrique Colina llegado a mi correo:"Me llamo Enrique Colina, soy cineasta y dirigí durante 32 años el programa “24…

Posted by Sandra AbdAllah-Alvarez Ramírez on Monday, November 4, 2019

“Fue tomada alrededor del año 1950. Yo soy ese blanquito del Vedado, vestido de pelotero, hijo de empleados de la Compañía Cubana de Electricidad (Cuban Electric Company), pertenecientes a lo que se conocía como la aristocracia obrera, que tenía un nivel de vida similar al de una clase media baja. Vivía en un cómodo apartamento y estudiaba en un colegio bilingüe (St. George’s School).

“Los niños que me acompañan se reconocían por sus apodos: el Coreano, Mongo, Félix, Yo, Cesita y su hermana. Los “negritos” del barrio vivían en un cuartucho del solar de la calle 14 que tenía en su patio central un lavadero y un baño, compartidos por todos los vecinos, que ocupaban otros 10 cuchitriles similares.

“Mongo y el Coreano eran hermanos, hijos de una mujer negra ama de casa que se llamaba Nieves, madre también de otra hija. El marido y padre de familia era un albañil que a duras penas se ganaba la vida en la construcción.

“Mi relación infantil de estrecha amistad con ellos me sirvió para que se desarrollara en mi un sentimiento fraternal antirracista sensibilizándome en el reconocimiento de la pobreza y carencias en la que vivían.

“Por carácter transitivo esta experiencia contribuyó a que apoyara a la Revolución en su proyecto humanista para la reivindicación del sector históricamente más explotado y miserable de nuestro pueblo: el negro. Sin embargo, subyaciendo bajo la conducta racional y emotiva de esta convicción antirracista, una rémora inconsciente de los prejuicios raciales, alimentados desde la intolerancia esclavista hasta el presente, todavía sobrevive en nosotros a pesar y en contra de nuestra voluntad antidiscriminatoria.

“Y me refiero a esta discriminación en el doble sentido de su direccionalidad porque esta también existe, me refiero a los prejuicios raciales del negro hacia el blanco.

“Por eso creo indispensable que no solo aparezcan periodistas y comentaristas negros en el noticiero de la TV; o parejas birraciales mixtas en las telenovelas; o funcionarios y políticos negros como altos dirigentes del Partido y el Gobierno; se necesita abordar el tema públicamente para discutir esta imperiosa e incómoda inquietud que compromete nuestra integridad moral.

“¿Por qué no se le dedica una Mesa Redonda si este espacio a menudo aborda temas redundantes en su afán propagandístico oficialista? ¿Por qué no promover a través del sindicato, los CDR y la FMC alguna reunión para escuchar la opinión de blancos, negros y mulatos sobre la incidencia social, económica y cultural de estos prejuicios soterrados?

“Espero que estas líneas se interpreten en todo el sentido positivo que han animado su redacción.”


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