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Cine y TV

Después de Vivir del Cuento, llega la crítica a 23 y M

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Edith Massola 23 y M

Una crítica aparecida en el diario 5 de Septiembre contra el programa 23 y M pasó a ser por momentos un ataque personal, con un dejo hasta machista. ¿Qué sucedió? Aquí te explicamos.

Otro de los programas de mayor rating en la televisión cubana, “23 y M”, ha sido recientemente objeto de la crítica por parte del periodista cienfueguero Julio Martínez Molina.

En un artículo publicado en la prensa cienfueguera, específicamente en el diario local 5 de Septiembre, Julito, quien desde los años 90´ya ejercía la crítica especializada de cine en el heraldo cienfueguero, arremetió contra la presentadora Edith Massola, a quien llamó “ególatra y narcisista”.

El motivo que desencadenó la crítica no fue otro que la celebración, por parte de Edith, de su cumpleaños en su programa.

El paroxismo del autobombo en la televisión cubana se registró el pasado sábado 28 de septiembre, en el programa 23 y M, por intermedio de su propia guionista/conductora Edith Massola, quien a propósito de su cumpleaños hizo una nada saludable extensión de Facebook a su espacio televisivo. Por cierto, era una repetición; así que torturó por partida doble al espectador”, comenzó Julito quejándose en su artículo obviando que, por ejemplo, una de las causas fundamentales de la debacle televisiva en Cuba y en no pocos países del mundo ha sido precisamente esa: la irrupción cada vez más fuerte de las llamadas redes sociales en la vida de las personas.

Bajo ese precepto, no pocos realizadores, guionistas y directores de televisión actuales se encuentran hoy mismo rompiéndose los sesos buscando herramientas para mantenerse en la punta de la preferencia de la audiencia; entre un público cada vez más renuente a la televisión tradicional y amante de otras formas de expresión más propias de las plataformas de streaming. Al menos en el extranjero; en Cuba es posible que estén 20 años atrás, siguiendo las instrucciones del Departamento de Orientación Revolucionaria (DOR).

Para el periodista Julio Martínez Molina, resulta un desatino que en 23 y M se “hicieran loas y cantos de gesta, entre pucheros y mohines de la agasajada”, y lo llamó “triste puesta en escena con demasiado de esa frivolidad que solo la adquisición de educación y cultura permitirá desterrar de una vez de varios de nuestros universos de exposición pública”.

Sin embargo, lo peor de su crítica llegó cuando en cierto dejo hasta machista – sin dudas, despectivo y ofensivo – se viró para primera base y mencionó a la hija de la presentadora, Natalia Tápanes, a quien llamó “la hija desaparecida hace ya mucho”.

Yo, sinceramente, la única imagen que guardaba de ella era fungiendo de modelo para Baby Lores e Insurrecto Clan 537 en La Caperucita”, dijo Julito y olvidó los años en los que en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana se le enseñó a ejercer la crítica con respeto, y en el que seguramente le explicaron que términos como “paroxismo”, “totémico” y otros, era preferibles no utilizarlos en un medio de prensa como este. Para una revista de crítica especializada bien; para “el 5”, error.

Entonces, en eso, se quedó la crítica: entre el lenguaje rimbombante, impropio para un lector medio, y un cierto dejo de dolor en el periodista que, de crítico, pasó a ser criticón. No sabemos si el resbalón de Julito está relacionado con Edith o con su hija, Natalia, o con la forma en que Edith se proyecta, o los invitados que trae a su programa; o si está dirigido – o debería estarlo – a la sosa programación de la televisión cubana. Si fuera este último, el caso, propongo que Julio enfile sus cañones un par de pisos más arriba.

No es 23 y M el programa ideal, al menos no para mí y ciertamente no para Martínez Molina; pero no está descabellada la idea de “actualizar” el programa; de hacerlo más interactivo. De que funcione entre el guión y la espontaneidad. Hacerlo, sin dudas le permitirá llegar a un público mucho más joven, deseoso incluso de ver bromas en vivo; de escribir un comentario “Live” y que la presentadora lo lea segundos después y mencione su nombre.

Quizás a Julito, el provincianismo, la urna de cristal, la poca actualización en materia de lo que se está haciendo hoy en la televisión a nivel mundial le haya jugado una mala pasada. Quizás sus referentes más cercanos estén en los 90´, 2000´… ¿quién sabe?, pero a todas luces su ataque gratuito contra Natalia Tápanes y Edith Massola, deja su artículo bien fuera de lo que pudiéramos llamar “crítica” periodística.

Razón le doy cuando explica que en el programa los invitados “hablan de sí mismos en tercera persona, el modo más elocuente de la inmodestia.”

Pero esa no es culpa de 23 y M, ni tampoco de Edith Massola.

por Roberto A.

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