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Una nueva entrega cinematográfica, “Cuban Food Stories”, busca desentrañar los misterios de la comida cubana, más allá de lo que tradicionalmente se conoce en un país como los Estados Unidos.

Al menos, esa pudiera ser la intención de Asori Soto, un realizadora que “después de vivir diez años como expatriado en los Estados Unidos, decide regresar a su tierra natal de Cuba en busca de los sabores perdidos de su infancia.

Asori busca descubrir el por qué – por ejemplo – de la inserción de la comida cubana dentro del gusto del paladar estadounidense. Es algo que por años existe, y muy pocos se explican el motivo.

La causa pudiera estar relacionada con los llamados “lazos migratorios”, y no se circunscribe solo a Miami, esa ciudad santuario, y que aglutina en masa a millones de ellos, pero Soto no va a preguntarle a los ciudadanos residentes en Nueva York, New Jersey, o alguna otra ciudad de los Estados Unidos donde pululan los llamados “restaurantes cubanos”. Soto, tampoco tuvo que ir muy lejos, ni hojear decenas de libros para descubrir el dilema del llamado “sandwich cubano”.

“Es quizás el plato cubano más popular, pero no es de Cuba. Fue hecho por cubanos que viven en Tampa”, asegura.

La joven realizadora va a la raíz de todo. Al cómo surgió, cuándo, dónde. Va a Cuba.

Su film, aseguran, es “una película única sobre comida, sociedad y cultura en la isla de Cuba. Una aventura personal de viaje alrededor de la isla para descubrir los sabores más auténticos y las historias detrás de la cocina cubana.

Asori demuestra, en su obra, que la comida cubana fuera de Cuba, no es la misma que dentro de la isla.

“Son dos cocinas diferentes”, dice.

Quizás la mejor definición del “problema” o la explicación del por qué la diferencia la ha dado Ana Sofía Peláez, escritora culinaria de Miami, criada en Nueva York y autora de The Cuban Table:

A Cuba le preocupaba la escasez de alimentos; La Habana estaba preocupada por su mercado turístico; y Miami estaba preocupado por preservar la tradición “.

Afortunadamente – y es algo que refleja el film – después de diciembre de 2014, fecha en que los gobiernos de EE.UU y Cuba dieron pasos para la normalización de las relaciones entre ambos países,  la cocina cubana se ha revitalizado aún más dentro de los Estados Unidos, debido quizás al interés y a la interacción entre su gente.

“Estamos hablando de una nación que es grande y que ha tenido muchos problemas de comunicación con el mundo y también dentro del país, sin tener internet, sin transporte”, explica Soto.

“Todo esto ha dado forma a la comida cubana”.

En su filme intenta explicar por qué – por ejemplo – la cocina en Baracoa, una de las siete colonias fundadas por los españoles en Cuba, y ubicada en su extremo este es tan “autosuficiente y auténtica”, (…) mientras otras áreas de la isla estaban influenciadas por la inmigración y la modernización.

Y por supuesto, ha enfrentado “sus críticas”.

El gran desafío de hacer nuestro documental es que, donde sea que vayas, la gente te dirá ‘¿Por qué estás haciendo un documental de comida en Cuba cuando no hay comida en Cuba?” dice Soto. ‘Queremos cambiar esa perspectiva y decir que la ausencia de alimentos también es una historia sobre la comida.

Y asegura:

(…) los problemas con la infraestructura, la economía, la diplomacia y el comercio internacional a lo largo de las décadas han dificultado el acceso de los cubanos promedio a los alimentos y los ingredientes.”

Cuban Food Stories tendrá hoy su última proyección en Porsmouth y en San Diego, lugares en los que se exhibió desde el pasado 31 de agosto. A partir del 18 de octubre y hasta el 1 de noviembre estará presentándose en el Festival de Cine de Milwaukee.

 

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