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Querido colero, tú no alivias las colas

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Cortesía: Yunier Sifonte/Cubadebate

Un colero entrevistado por un equipo de periodistas del medio oficialista Cubadebate “reconoce” que su modus operandi para vivir no está del todo bien, pero justifica su accionar bajo una frase de lujo: «Si tienen el dinero, esa es su posibilidad de quitarse las colas de arriba”.

El problema radica en que precisamente el problema es ese: que la mayoría de los cubanos no tienen el dinero para “quitarse de encima una cola”.

Al menos ayer no lo tenía una excolega de trabajo que permaneció en la cola de una tienda en el municipio de Diez de Octubre desde las 7:00 am que llegó, hasta las 2:45 pm en que salió, para poder adquirir dos paquetes de detergente de 800 gramos que, asegura, le podrán durar dos meses para lavar toda su ropa, y la de su novio si, además, logra “estirar el fregado”.

El colero podrá creer que alivia las colas pero no; más bien incentiva un fenómeno, y crea un problema.

El reportaje del medio oficialista, y que conste que no somos “seguidores” del periodismo oficialista cubano, es pletórico en ejemplos. Marcar en tres lugares distintos de una cola, y anunciar cada vez que marcas que contigo vienen cinco, equivale a poner delante de un jubilado -que no pueda pagar un turno en una cola y pide el último como corresponde- a quince personas.


Y si fuera “un colero”… pero no, son varios los coleros que “viven en las colas”.

Hasta trabajan juntos; se organizan, se avisan, se auxilian, se meten entre unos y otros porque, ellos son de “los cinco” que anunció uno de ellos cuando marcó en la cola.

Lucía, ayer, logró conseguir el número 141 y alcanzó el detergente, pero Betty, protectora animalista estuvo tres días levantándose de madrugada para poder resolver unos muslos de pollo para sus callejeros rescatados y no consiguió ni un muslo.

detergente comprado en colas sin coleros

Tras ocho horas de cola, esto fue lo que pudo comprar Lucía. Foto: Cubacomenta

El problema es que todos, hasta Lucía y Betty, cuando marcan en la cola, marcan para cinco porque, con previsión, anticipan que aparecerá un amigo o una amiga; una anciana o una madre con su niño… entonces la cola se multiplica. Parecen ser cien y de pronto se convierten en 300.

Cubadebate califica “las colas” y los coleros como un “terreno a la deriva”, porque se trata de un fenómeno en el cual todos parecen tener sus motivos.

¿Acaso el mismo jubilado que percibe apenas unos 300 pesos al mes, o 400, o 500, no tiene motivos para “vender” un turno en una cola porque no le alcanza su salario?

Así, un champú que no sobrepasa los 3 CUC asciende a diez en manos de revendedores, un jabón a cinco, un tubo de pasta a quince o un paquete de detergente también a diez. Pollo, otros productos de aseo, cervezas y refrescos, junto a un gran grupo de mercancías, también triplican su valor en un mercado informal mucho más visible y peligroso en tiempos de COVID-19, pero que no nació ahora ni tiene una única forma de dañar,” dice Cubadebate sobre esta “reventa” de mercancías porque el colero no solo cuela y vende turnos en una cola. Una vez que entra y compra, lo que “le sobra” lo revende.

No es fácil trabajar todo el día, venir a comprar e irse con las manos vacías porque otros que viven de hacer colas se llevaron los productos. Incluso, duele más porque luego te los venden hasta en los mismos portales de la tienda donde tú no alcanzaste”, lamenta Marisela Ramírez, una arquitecta que cada semana sale a las tiendas y tiene que sufrir las consecuencias del accionar de los coleros.

Heriberto Díaz, un albañil de 42 años expresa: “Hace tres días llegué antes de las seis de la mañana y ya había una lista enorme. Enseguida una persona se me acercó y me propuso un turno entre los primeros de la fila. Allí en el mismo portal me dio el número y a las dos horas ya había comprado. Resulta que era el mismo que organizó la cola desde el día antes y por supuesto guardó turnos para su negocio”.

Un colero llamado Alain

La gente tiene necesidad de comprar y muchos no pueden pasar todo el día en la cola. Yo por lo general digo que conmigo vienen cinco personas para no quemar el punto. Cuando alguien llega y lo veo marcando al final voy y le propongo un lugar, aunque otras veces ellos mismos aparecen directo a buscar quién les resuelva. Si tienen el dinero, esa es su posibilidad de quitarse las colas de arriba”, comentó a Cubadebate un colero llamado Alain.

Esos son los argumentos que según él justifican esas acciones, justo antes de sentirse incómodo con las preguntas del periodista y decir: “Chama, aquí cada cual sabe lo que hace”.

por Roberto A.

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