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Cuba

Cuatro Caminos: el actor Luis Alberto García pone el dedo en la llaga

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Cuatro Caminos

Lo del Mercado de Cuatro Caminos fue combustión espontánea, según el actor cubano Luis Alberto García

Cuando casi ha transcurrido una semana, el aparatoso cierre del Mercado de Cuatro Caminos sigue dando de qué hablar. Uno de los que ha reaccionado ante lo ocurrido es el actor cubano Luis Alberto García.

Como ya viene siendo habitual con temas candentes de la realidad de la isla, en su perfil de Facebook Luis Alberto expone con una certera claridad su versión sobre lo ocurrido el pasado sábado y en medio de las celebraciones por el 500 aniversario de La Habana.

En dos palabras resume lo acontecido: combustión espontánea. Resultado de que “hay necesidades acumulándose durante décadas, faltantes ancestrales, billeteras vacías, refrigeradores tristes que se enfrían a sí mismos. Angustias, demasiadas familias con una sola comida al día y el papel periódico colgando de un clavito en los baños”.

El actor alerta asimismo de que no se puede mirar hacia otra parte, cuando hay algunas zonas y barrios de Cuba en los límites de la pobreza. Y además llama a no concentrar las ofertas en un solo sitio, solo con fines de “vitrina y propaganda“.

Sobre lo de los trabajadores por cuenta propia y el acaparamiento, Luis Alberto García se cuestiona: “¿No saben que si no acaban de abrir mercados mayoristas realmente abastecidos que les permitan a emprendedores y “cuentapropistas” sacar adelante sus negocios, éstos van a tratar de conseguir los insumos que necesitan, para que les dé la cuenta y poder pagarle a la ONAT sus inflamados impuestos, al precio que sea y siempre encontrarán la manera de burlar normas y prohibiciones?”

Aquí puede leer el post íntegro del actor en sus redes sociales:

Fue combustión espontánea. No una cabronada de la CIA ni de la USAID ni de la “mafia de extrema derecha”.

Se abalanzaron mis cubanas y cubanos sobre vidrieras y mostradores en Cuatro Caminos porque los que calculan y planean, calentaron en demasía las redes y los medios de difusión masiva con la idea de que aquello iba a ser el “non plus ultra” de los mercados cubanos. Un oasis “WALMART” en la frontera entre Centro Habana y Cerro. ¡Apúrate, Abelardo, que llegó Home Depot!

Y hay necesidades acumulándose durante décadas, faltantes ancestrales, billeteras vacías, refrigeradores tristes que se enfrían a sí mismos. Angustias, demasiadas familias con una sola comida al día y el papel periódico colgando de un clavito en los baños. Muchas personas que no saben ni cómo funciona Western Union. Viejos y niños recogiendo pomos plásticos y “escachando laticas”. Y “los viejitos que no han sido funcionarios, los viejitos que no han sido dirigentes.”

¡¡¡ ERROOOOOR !!!

Diversifiquen las ofertas. No concentren lo mejor en un solo lugar para que sea vitrina y propaganda. Trabajen duro como lo hicieron, para los humildes de todos los barrios, de todos los pueblos, de todo el archipiélago, no para los titulares. Ni por los 500 ni por los 60 o 70.

¿O no saben que demasiadas familias cubanas viven contando los centavos Día y Noche? ¿Trasladándose a distancias enormes para “luchar” dos libras de carne de cerdo a 5 ó 10 pesos menos que en la mayoría de los lugares? ¿Dos cebollas que no cuesten medio salario y hagan llorar? ¿Dos cabezas de ajo que no signifiquen “a joderse”?

¿No saben que si no acaban de abrir mercados mayoristas realmente abastecidos que les permitan a emprendedores y “cuentapropistas” sacar adelante sus negocios, éstos van a tratar de conseguir los insumos que necesitan, para que les dé la cuenta y poder pagarle a la ONAT sus inflamados impuestos, al precio que sea y siempre encontrarán la manera de burlar normas y prohibiciones? ¿ Por qué la ONAT les cobra una cifra fija mensual, tengan venta o no, clientes o no, huéspedes o no?

A los dueños particulares les avisan desde las mismas tiendas cuándo entrarán las estibas de cervezas, las maltas, los refrescos, el queso crema, la harina vital para pizzas y pastas, el queso Gouda, el agua potable, la carbonatada, las servilletas y un montón de cosas más para que sus compradores salgan a resolver lo que necesitan en sus cafeterías, restaurantes y hostales. Y no son delincuentes, ni acaparadores insensibles. Son cubanas y cubanos valientes, arriesgados, patriotas, que están tratando de que sus sueños sean rentables o sus inversiones y sus proyectos de vida se van a la mierda.

Es una pena lo que sucedió porque la idea es buena y loable. Sigue siéndolo. Los habaneros, los cubanos de a pie la merecen.

Tanto esfuerzo construyendo, remozando, soñando, no debería haber tenido como colofón ese coito interrumpido, ese orgasmo violento de dos segundos. Esa incultura de rodapiés.

Ni somos el país más culto del mundo ni el más instruido. Hay que despertar de ese sueño. Tenemos graves problemas como nación que deberemos enfrentar con dos cojones y todo el amor del mundo. Hay pobreza. No extrema en grado sumo, pero sí que la hay. En algunas zonas y barrios, coqueteando con el límite.

Menuda tarea la que tiene el gobierno.

Tendría que intentar llevar a la par la belleza del entorno, la solidez de los bolsillos y la distensión de los estómagos. No es tarea fácil por todos los tipos de bloqueos y embargos que nos acosan. Los mentales, los reales, los económicos y financieros. Externos e internos. Internos y externos. “Que no es lo mismo pero es igual”.

 


 

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