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Cuba

Conozca seis cubanas que ostentan título de nobleza

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Su Alteza Real de Luxemburgo

Maria Teresa de Luxemburgo no es la única cubana que pertenece a la aristocracia mundial. No. Porque estos títulos de nobleza una vez que se otorgan son para siempre, a no ser que como se dice en buen cubano “metas la pata” y el Rey te lo quite. Pero si mueres, te lo llevas con él a la tumba.

Esto es lo que sucedió con varias mujeres cubanas que en el pasado fueron nobles y que hoy acompañan a María Teresa de Luxemburgo, y a una que casi no se menciona, en esta especie de “reinado” o “seguro de vida”, que para algunos sería una bendición pero que para otros significa un verdadero calvario, por cuanto pertenecer a la nobleza implica mucha responsabilidad.

Los títulos nobiliarios son más que nada un privilegio de carácter legal que ha sido concedido desde la antigüedad, heredado de padres a hijos, o entre cónyugues y que sirve de marca distintiva entre los miembros de la nobleza, para “resaltar” por encima del resto de la sociedad. Al menos antes, era así. Y no es que todos privilegiados pensaran o piensen igual, pero algunos sí que se sentían superiores al resto y hasta las autoridades del estado y el gobierno les otorgaban ciertos beneficios a los miembros de la nobleza.

Eso ha cambiado mucho. Si antes los nobles podían – por ejemplo – acceder a puestos de mayor rango con mejores pagos ya fuera en el gobierno o en el ejército, hoy en día, los privilegios de la nobleza son meramente protocolares.

En España, por ejemplo, existen unos 2850 títulos nobiliarios. Y varios de ellos pertenecen a mujeres cubanas.

Cinco condesas, una duquesa y una Alteza Real engalan la realeza cubana. Algunos de esos nombres están hoy en los libros, o nombrando una calle en la isla y por ello los nombres “suenan” al oído de quienes le escuchan, aunque la mayoría desconozca quiénes fueron – o son – en realidad. Gran responsabilidad en ello la tiene la llamada Revolución, que al triunfar, eliminó todos los títulos de nobleza dentro del país, así como las propiedades.

La más antigua de todas es la Condesa de Jaruco. Su verdadero nombre era Doña Teresa Montalvo y O’Farrill y vivió entre los años 1771 y 1812. La Condesa de Jaruco es descendiente de una familia noble: hija del primer Conde de Casa Montalvo, nieta del primer Conde de Macuriges y del IV Marqués de Villalta, casta perteneciente a los progenitores de los Condes de Casa Bayona. Teresa realizó varias obras como la creación del Colegio San Francisco de Sales, de La Habana, el término de la construcción de la iglesia de Jaruco y, además, fue fundadora de la ciudad de Nueva Paz.

Foto: Periodico-Distrito-Villaverde

La Condesa de Merlín – no tiene nada que ver con el mago – nació en La Habana en 1789 y murió en París en 1852. Su nombre era María de las Mercedes Beltrán Santa Cruz y Cárdenas Montalvo y O’Farrill y fue hija de la arriba mencionada. Siendo joven se fue a vivir a casa de su tío, el general Gonzalo O’Farril y Herrera y allí conoció a Christophe-Antoine de Merlín, un general francés con el título de conde, con quien finalmente terminó casándose. Al casarse, adquirió el título de Condesa de Merlín.

Foto tomada de arrajatabla.net

Era escritora, y aunque de ella ponderó virtudes Gertrudis Gómez de Avellaneda, en el 1840 fue acusada de plagiar una obra – Viaje a La Habana – al afamado novelista Cirilo Villaverde.

Edelmira Ignacia Adriana Sampedro-Ocejo y Robato, la primera Condesa de Covadonga, nació en Sagua la Grande, 1906 y murió relativamente hace poco, en el año 1994 en la ciudad de Miami.

Edelmira estuvo a punto de ser la reina de España, pues mantuvo una gran historia de amor con el príncipe de Asturias y heredero al trono, Alfonso de Borbón y Battenberg. Se conocieron en Lausana, Suiza, mientras Alfonso era tratado de hemofilia. El amor fue tan fuerte entre ambos que Alfonso de Borbón, para ser coronado Rey, tenía que casarse con una mujer miembro de la realeza. A todo renunció el enamorado hombre por Edelmira. Incluso al trono, por lo que le rebajaron el título y se quedó en Conde de Covadonga.

Se casaron en el mismo país donde se conocieron, Suiza, en el año 1933. A la boda no asistió ningún representante de la Casa Real, quienes estupefactos conocieron del divorcio, ocurrido cuatro años después a solicitud de Edelmira, tras sospechas de infidelidad por parte de Alfonso.

Y eran ciertas las sospechas de Edelmira. Alfonso sostenía relaciones con la modelo cubana Marta Esther Rocafort y Altuzarra – segunda Condesa de Covadonga – (La Habana, 1913- Miami, 1993). Apenas le fue concedido el divorcio, en el año 1937, rápido llevó al altar a Martha Esther. La boda tuvo lugar en La Habana el 3 de julio de 1937 en La Habana, y duró – como se diría en buen cubano – “menos que un merengue en la puerta de un colegio. Marta, la nueva Condesa de Covadonga, le pidió el divorcio a Alfonso apenas unos meses después.

Foto tomada de Escacademic

¿Habrá sido por puro interés? Al menos tuvo la suerte de que hasta el propio Fulgencio Batista asistiera a sus nupcias,  y con ello selló cierta amistad con el hombre duro del Palacio Presidencial.

María Elena de Cárdenas y González, la reconocida Duquesa de Campo Florido, es una cariñosa anciana que pudo en el 2017, tras muchos tres años de batalla en las llamadas “cortes”, recuperar el título nobiliario del marquesado de Campo Florido. Con él, le cayeron además los derechos para ser nombrada Marquesa de Bellavista y el del marquesado de Almendares.

El caso de María Elena, y cómo perdió su título – el cual como ya dijimos recuperó después – tuvo mucho que ver con todo el tiempo que lo tuvo “en recesión”, ya que como también explicamos párrafos encima, con la llegada de los barbudos al poder en Cuba en el año 1959, todos los títulos de nobleza quedaron “desactivados”. Curiosamente, a 90 millas, parte de la familia de Cárdenas y González que se exilió en Estados Unidos, logró rehabilitarlos en la década de los 60´.

Contra Alicia Alcocer Koplowitz arremetió María Elena en el 2014, y la primera fue despojada de lo que había adquirido casi que de manera espuria.

Por último tenemos a Su Alteza Real, María Teresa de Luxemburgo. Nació en Marianao, en 1956, en el seno de una familia perteneciente a la alta burguesía cubana, que apenas triunfó la llamada Revolución, abandonó el país y se instaló en Nueva York.

¿Cómo llegó a ser “Alteza Real”? Maria Teresa estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Ginebra. Allí conoció a Enrique de Luxemburgo, con quien se casó en 1981, a pesar de las férreas críticas de la Gran Duquesa Carlota, abuela de Enrique.

La joven nacida en Marianao ni siquiera conocía quien era Enrique. Este se lo mantuvo oculto hasta que un día María Teresa lo descubrió.  La joven quiso sorprender a su esposo en el aeropuerto en lugar de esperarlo en casa como casi siempre, y al llegar a la terminal aérea se lo encontró vestido con traje oficial y con todo un ejército de séquitos rindiéndole pleitesía.

A pesar de “el engaño”, aquello no mermó en nada el amor entre los dos, y en el año 2000, con el ascenso al trono de su esposo, ella pasó a ser Su Alteza Real, la Gran Duquesa Consorte de Luxemburgo. Actualmente tienen cinco hijos: Guillermo, Félix, Luis, Alejandra y Sebastián.

con información de Cubalite

nota del editor: En esta nota falta la Condesa de Revilla Camargo, cuya historia es tan interesante que merece una nota aparte.

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