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Cuba

Botero en La Habana quiere unirse a otros para ayudar a damnificados

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Botero en Cuba

La historia de Wilmer un botero de Boyeros que conduce un Buick verde de 1950, ha sido descrita magistralmente por el periodista cubano Raúl Rodríguez y muestra que – como intenta explicar el articulista – los boteros no son tan malos.

Wilmer contó que tanto él como otros boteros, estaban “estaban de acuerdo en brindar algo de sus ganancias para los afectados”, pero lamentó que no existiera un Sindicato o algo más organizado.

Cuballama reproduce el texto íntegro publicado por Rodríguez en la red social de Facebook bajo el título de “Ante tanto dolor: solidaridad

Ante tanto dolor: solidaridad

Estamos y estaremos consternados. Los estragos por el inusual tornado han acentuado en los cubanos un sentimiento que brota espontáneo: solidaridad. Es el sentir en cada esquina, en cada hogar. Por eso comparto el noble gesto de un taxista de los conocidos “almendrones”, muchas veces criticados por la misma falta de solidaridad con los clientes, pero hoy unidos y desbordando muestras de apoyo.

Su nombre es Wilmer. Es de Holguín, tiene unos 30 años y conduce un Buick verde de 1950 en la línea de Boyeros. Me impresionó su sentido humano, pese a su juventud.

No sé cómo sea con los clientes del día a día, pero hoy sus ojos reflejaban pesar al hablar del destrozo en zonas afectadas.

Contó que él y un grupo de colegas estaban de acuerdo en brindar algo de sus ganancias para los afectados. Gesto que estoy seguro a estas alturas miles ya deben estar haciendo.

“Ya lo hablé con una directiva de transporte que nos atiende”, dijo, porque no “sabemos cómo se puede hacer”.

El muchacho lamentó que los boteros no estén organizados, aunque lo hizo sin ánimos de ser reconocido, ni ningún protagonismo.

Aunque Wilmer puede hacer lo mismo que estoy haciendo yo en las redes sociales, tal vez no disponga de tiempo para ello o tal vez ni sepa cómó hacerlo. Simplemente no es lo de él. Lo de él es brindar un buen servicio al volante, algo que aprendió de su padre, quien, por cierto, le enseñó mucho más, porque desde pequeño su padre “daba carreras gratis cuando mediaba algún gesto humanitario o solidario”.

Ojalá alguien se haga eco del clamor de Wilmer y de los “boteros” de Boyeros. Y ojalá también Cuba entera se llene ahora y siempre de muchos Wilmer. Falta que hace.

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