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Cuba

Bellas Artes y el cinismo de su vocación de servicio

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Bellas Artes
Imagen referencial (Perfil de FB Angie Ferreyra)

El Museo de Bellas Artes responde en una nota a los creadores que pidieron sus obras fuesen cubiertas en solidaridad con Luis Manuel Otero Alcántara

¿A quién sirve exactamente el Museo Nacional de Bellas Artes? ¿ A los artistas que figuran en sus colecciones o a quienes gobiernan Cuba? La respuesta que ha dado el Museo en una nota que luego postearon en sus redes sociales -a la carta enviada por varios creadores cubanos al director Jorge Fernández– es de una impudencia que enoja sobremanera.

Hechos recientes -y que involucran a funcionarios de la isla- evidencian que en muchos casos quienes están al frente de instituciones y ministerios en el campo de la cultura son únicamente comisarios políticos.

Aunque la carta fue remitida a Jorge Fernández, el actual director de Bellas Artes, este ni ha firmado la nota que salía a la luz en la tarde de ayer. Fernández no se da por aludido, o prefiere bajar la cabeza y seguir órdenes. Como un soldado. Como si no fuera consciente que es la cara más visible de una institución cultural con historia.

Refiere la nota: “El Museo adquiere regularmente obras de artistas cubanos de todas las generaciones y tendencias, con fondos del presupuesto estatal. No ha tomado en cuenta ninguna consideración extrartística para conformar una colección patrimonial de altísimo valor, destinada al enriquecimiento de la vida espiritual de la población. Lo que ha importado, definitivamente, es el respeto a la valía de las obras, el apego a los contextos históricos, y la comprensión de las libertades asociadas a la naturaleza del arte. Tal modo de actuar es parte de una política cultural inclusiva y transparente, que concede la más alta prioridad al acceso del público a las mejores realizaciones de la cultura cubana y universal”.

Hablan de política cultural inclusiva, como si los nacidos en la isla no supiéramos cuantas reconocidas personalidades de la cultura cubana han sido borradas por tan solo no comulgar con eso que aún llaman Revolución. Los ejemplos sobran.

Los anodinos argumentos de los funcionarios de Bellas Artes van a más cuando apuntan que su decisión de no ceder a las tres demandas abajo mencionadas, se explican por la vocación de servicio y el respeto al público.

  • Liberación inmediata de Luis Manuel Otero Alcántara y traslado seguro a su residencia permanente en la calle Damas 955, San Isidro, La Habana Vieja.
  • Garantía de acceso a sus familiares, amigos y colegas a su residencia, para comprobar su estado de salud físico y mental.
  • Eliminación del cerco policial que tiene desde noviembre de 2020.

“El Museo adquirió las obras de estos creadores y les da un uso legítimo y provechoso para la ciudadanía. Al hacerlo, se establece una nueva relación entre el legado patrimonial preexistente y las prácticas artísticas de la actualidad. Ese nexo, vivificante en ambos sentidos temporales –pasado y presente- es típico de la construcción patrimonial. Ninguna coyuntura ajena al campo museal puede pretender violentar este proceder museológico. En tal sentido, el Museo no acepta una demanda que no se aviene con la vocación de servicio de nuestra institución ni con el interés del público al que se debe”, concluye el texto.

Neus Francino

 

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