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Cocina

Al que le guste el tamal, que se aguante la boca cuando vea esto

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tamales

Las miles de recetas o formas mediante las cuales se puede comer el maíz, un alimento básico en las culturas indígenas americanas han dejado una huella indeleble en el arte culinario de la región.

En Cuba, hay un plato que forma parte de esa tradición heredada de nuestros aborígenes y que es, a no dudarlo, uno de los platos más gustados en la mesa cubana: el tamal. O tayuyo, como también se le conoce.

Nos atreveríamos a asegurar que, de 10 millones de cubanos, a 999 mil le gusta el tamal, que seguro son los mismos a los que les gustan las frituras de maíz, el atole, majarete o el tamal en cazuela; todas estas variantes culinarias elaboradas a partir del maíz.

Si bien es cierto que los aborígenes no lo comían de la manera en que actualmente lo conocemos, es cierto que no existe mucha diferencia en la forma de cocinarlo; como también es cierto que todo el que lo prueba por primera vez, repite.

¿Cómo se elabora?

Hay quien dice que es trabajoso, y la verdad es que no lo es tanto, pues la parte más trabajosa es molerlo, aunque lo que menos gusta a quienes lo elaboran con placer o con desgano es el “embarrotillo” que se forma, y si lo haces en el campo el reguero de moscas que suelen venir a revolotear alrededor de la mesa. Es que es un plato tan rico que, aún sin estar elaborado ya estos insectos empiezan a “mosquearlo”.

De la página de OnlineTours hemos traído estas imágenes y… ¡claro!, una explicación más detallada de cómo se hace este delicioso manjar.

Lo indispensable es tener varias mazorcas de maíz tierno, listas para ser desgranadas y convertidas en tamal.

Comience a quitarle las hojas. Aquellas más cercanas a la mazorca no las deseche. Consérvelas pues le servirán luego para envolver la masa.

Quítele las pelusas, y luego desgrane cada mazorca. Algunos prefieren desgranarlos y pasarlos por la “maquinita de moler”. Hay quien prefiere rallarlos con un “guayo”. Si va a hacerlo de esta última manera, ojo con las uñas y los dedos.

Ya con la masa en un caldero es que el tamal encierra su misterio, pues de acuerdo al condimento que se use, el maiz – el tamal – va a adquirir su sabor característico. Muchos tamaleros aseguran tener su propia receta, pero en general las especies que se usan son las mismas: ajo, ají y tomate, cebolla, comino, pimienta, culantro, cebollino, ajo puerro, y ¡limón! Ah, y la sal.

Como “sustancia”, los cubanos usamos el recorte de cerdo, empellas, y pequeñas masitas de cerdo que son las que le dan “el toque” al tamal. Sin carne dentro, el tamal, no es tamal.

Mezclado todo y agregada la sal, lo que viene es lo más engorroso del proceso si es una sola persona la que está haciéndolo, pues es necesario hacer una especie de cuenco con las hojas, echarle la masa adentro y luego amarrarlo, para que una vez en el caldero no se nos desbarate. Lo mejor es que sean dos personas las que hagan el tamal. Uno para embarrarse y otro para amarrar el tamal y echar la masa en el cuenco.

Una vez echado en el caldero con agua bien caliente, su cocción puede tardar cerca de una hora.

 

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