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Cuba

¿A dónde van los juguetes cubanos?

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Juguetes cubanos, de la cooperativa Decorarte, se venderán en Europa

Dice Mayra que de pequeña le ponía pelusas de maíz a las botellas para convertirlas en muñecas. Su mamá le compraba juguetes en dependencia del número que obtuvieran en la lista de la Oficoda. “Una vez llegó con una bicicleta”, cuenta rememorando aquellos días.

Los juguetes cubanos. Acuñémosle el título a los patitos plásticos de diferentes colores, a las damas de trapo y a los camiones hechos de materiales reciclables. Incluso, para algunos, el término se asocia con los carritos de pomos, las ruedas de tapas, o los muñecos de plastilina.

“En el círculo infantil cualquier cosa servía para jugar. Las seños inventaban y hacían casas de plástico, cartón y papel. Eso eran los juguetes. Ya en la casa los padres trataban de compran artículos más modernos, soldados y aviones con luces”, declara Ricardo.

En la actualidad la mayoría de los productos de este tipo que se comercializan en las tiendas cubanas son de importación. Made in cualquier país, excepto Cuba. Además, en los mercados industriales que prestan servicios en moneda nacional no se venden, solo lo hacen  las jugueterías de los centros comerciales más demandados como Galerías Paseo o Carlos III.

“Cuestan cantidad. Antes al menos sacaban cositas de cocina que eran asequibles para todos los padres, y aunque fuese en los cumpleaños se podía hacer la excepción. En verdad me da hasta miedo entrar a un lugar de esos, son inalcanzables para quienes dependemos de un salario”, comenta Andrea de 38 años.

Nidia, madre de dos niños varones, expresa su insatisfacción: “Me parte el alma responderles con una negativa cuando me los piden. Son súper caros. El día de Reyes siempre tengo que inventar porque ese es el primer deseo de la lista. No hay nada que cause mayor ilusión en los niños. Pasamos mucho trabajo para complacerlos”, afirma.

Entonces, ¿qué pasa con los juguetes en Cuba? El sitio web Cubadebate, en julio del 2017, para referirse al tema puntualizó que en el país no existía una estrategia definida para el seguimiento a la producción, distribución y comercialización. “Gran parte de los pocos que se reciben de donación se destinan a instituciones hospitalarias”.

De confección nacional solo resaltan los realizados por cuentapropistas y que se venden en las ferias. “Son de menor calidad y visualmente menos agradables, pero es lo que hay. El objetivo es que los pequeños se diviertan. A veces ni caros los encuentras. Hasta eso tienes que encargarlo a las personas que viajan”, expone María.

En el 2017 cuando los juguetes se convirtieron en centro de debate en la Asamblea Nacional, ya Gabi & Sofi, nacidos en la cooperativa Decorarte, sobresalían entre las alternativas  en la confección de productos infantiles.

Hoy, tras la firma de un convenio con la empresa alemana Profümed, podrán adquirirse en todo el mundo siendo la primera vez que una unidad no estatal puede enseñar sus productos en el mercado global. No obstante continúan las insatisfacciones.

“Van a comercializarlos afuera y aún tenemos sitios donde no han llegado. Faltan muchos niños cubanos por conocerlos. Primero deberían asegurarse de abastecer dentro y luego de ampliar la industria. Deberían pensar más en los de aquí”, reclama Nelson, un padre de 43 años.

Los pensamientos de los habitantes se cuestionan como sucede esto cuando las familias ansían ver los juegos infantiles en cada comercio de la isla. Esperemos que al menos cuando Gabi y Sofi sean famosos los pequeñines cubanos puedan divertirse con ellos. Pero, sobre todo no volver atrás y jugar con las muñecas de maíz como Mayra, porque los tiempos son otros.

Vladia Rosa García


 

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