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Cuba

El 27N explicado por Jorge Fernández Era

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artistas cubanos frente al MINCULT Jorge Fernández Era

Jorge Fernández Era suele ponerse muy serio cuando se despoja de su excelente humor. El escritor cubano reflexiona sobre los sucesos del 27N.

Jorge Fernández Era, humorista pero cubano más que claro, preclaro -nada que ver con el café- ha valorado hace cuestión de una hora en su perfil de Facebook varios sucesos que, concatenados entre sí, nos permiten llegar a una suerte de explicación de cómo y por qué, el llamado “diálogo” entre artistas e intelectuales cubanos gestado desde el pasado 27 de noviembre, fracasó o al menos no se encauzó luego por el camino correcto.

Fernández Era, quien estuvo presente ese día en la calle frente a la sede del Ministerio de Cultura, llega a conclusiones muy serias sobre el asunto que, a pesar de los días pasados, continúa estando en boca de todos; en buena medida porque el problema de fondo persiste y este es: intolerancia al criterio no oficial.

En ocasiones se le llama “disidente”, en ocasiones “peligroso”. En otras “inadecuado”, y las mayorías de las veces llega “en el momento menos oportuno”. Llámese obra de arte, venga en formato literario o plástico… el Ministerio de Cultura de Cuba responde a directrices claras desde el gobierno; estas directrices estimulan a menudo “impertinente” o “inútil” determinado mensaje. Puede ser una película. Puede ser un performance de Luis Manuel Otero Alcántara. Incluso, una lectura de poesía frente a la Unidad de la PNR de Cuba y Chacón.

Se trata a todas luces de un problema de represión contra el pensamiento distinto. De un choque entre el poder y las fuerzas que impulsan provocar un cambio en las formas en que se articula ese poder, que a menudo pasa por encima de los derechos individuales. ¿Cómo una “sentada” dentro de una casa en apoyo a un amigo preso terminó de la manera en que terminaron los sucesos de San Isidro? Esa es la explicación que intenta hacerse Jorge Fernández Era: cómo un grupo de personas pudo influir de tal manera dentro de un grupo de artistas jóvenes cubanos.

Sin dudas, los sucesos del 27N solo pueden explicarse a partir de un sentimiento común. Tanto los recluidos en San Isidro, como la mayoría de los que acudieron ese viernes a las puertas del Ministerio de Cultura para intentar hablar con el ministro, sufren del mismo problema: la falta de libertad. Llámese de un tipo u otro -personal o artística- es falta de libertad.

Esa misma falta de libertad le impidió al Ministerio de Cultura, al Ministro de Cultura de Cuba y a su Viceministro, enfrentar con entereza el añorado y necesario diálogo. Siguiendo indicaciones, cosa que siempre han hecho, armaron la primera pataleta para dinamitarlo y romperlo, apenas le llegó una exigencia lógica que ellos no podían cumplir.

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Fieles al libreto de enfrentamiento a lo distinto, de inmediato le crearon una causa política al asunto y hablaron de “artistas comprometidos con EE.UU.”, y dijeron que con estos no hablarían.

Así lo explica Jorge Fernández Era en una parte de su reflexión:

Se insiste sobremanera en el pretexto del Ministerio de Cultura para la declaración sobre la ruptura del diálogo. Seamos honestos: el diálogo ya estaba dinamitado desde el día siguiente a los hechos, cuando un programa televisivo “especial” comenzó la campaña de asociar a los del 27N, por decantación, con el terrorismo y el vandalismo, campaña que se ha intensificado. A dicho espacio, como era de esperar de un diálogo entre revolucionarios —así lo calificó el viceministro Fernando Rojas— o en cualquier plática que merezca llamarse tal, debieron ser invitadas las dos partes, y era menester, por deber cívico y elemental obligación, leer las demandas y los acuerdos tomados. Nada de eso aconteció. Cabía en días sucesivos el pulseo propio de un proceso de negociaciones, pero fue más fácil cerrar de golpe y porrazo cualquier posibilidad de entendimiento“.

Para luego culminar con una pregunta que pesa como una piedra de una pirámide egipcia:

“¿Cómo es posible que aún no hayamos escuchado a creadores de la talla de Fernando Pérez, Jorge Perugorría, Daniel Díaz Mantilla y Carlos Celdrán, por solo mencionar a algunos de los que han participado en distintos momentos del diálogo con el Ministerio de Cultura?”

Solo es posible con una palabra (respuesta): MIEDO.

Roberto A.

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