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Zumbado regresa. “El hombre que creía en el Sol” llega a Miami esta noche

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Libro "El hombre que creía en el Sol"

Esta noche tendrá lugar en una librería de Coral Gables un acontecimiento cultural para enmarcar entre los más importantes acontecimientos culturales de los últimos años en la ciudad de Miami. el regreso a del más genial de los escritores humoristas cubanos luego de 1959: Héctor Zumbado (H. Zumbado).

El humorista cubano más importante de los últimos 70 años en la isla, conocido no solo por su estilo fino y agudo, como escalpelo diseccionador de una sociedad regresa de la mano de La Pereza Ediciones.

El hombre más importante en las letras del periodismo y la literatura cubanas,… no hay escritor nacido después de 1959 que no haya devorado los libros de Zumbado, y al que no se le hayan escapado más de 200 risas, y haya reflexionado otras 500 veces sobre la verdad de sus escritos; sobre el modo único con el que Zumbado supo entender el tiempo en que le tocó vivir y la burocracia cubana que debió aceptar, y de la cual decidió burlarse como nadie supo hacer y como nadie jamás hizo.

El diario 14ymedio lo definió hace unos días como “el látigo de la burocracia”, y no le faltó razón. Zumbado arremetió con su fino humor y su sarcasmo, que era su modo de ejercer la crítica social y el periodismo, como no supo hacerlo ningún otro escritor o periodista cubano.

Zumbado fue el hombre que elevó a lo más alto del criollismo y el realismo cubano post revolucionario a la croqueta, al cigarro popular, al cuadre de caja, a los cambios de turno, a la programación televisiva, a la guagua, al café de las cafeterías, al ron a granel, a los burócratas, ¡al pan!, y en fin a todo lo que conformó e integró la Cuba post 59.

Colección de Héctor Zumbado

De él, dijo a EFE el humorista Enrique del Risco (Enrisco), que se destacó por recoger “casi todos los arquetipos” de la sociedad cubana.

Tenía una mezcla de humor fino con amplia cultura y, al mismo tiempo, un sabor muy popular en su manera de entender el mundo. Esa mezcla hizo que conectara con mucha gente“.

De humor fino y ácido, irreverente e iconoclasta, Zumbado es un referente obligado dentro del panorama humorístico cubano y latinoamericano; alquien que durante años fue la risa que hacía vivir a muchos cubanos.

Es considerado el cultivador más auténtico de la sátira social cubana después de 1959.

Entre sus libros están:

¡Compañía atención!, 1976, TE, 214 pp.

Limonada Joe, (Humor), 1979, 147 pp.

Amor a primer añejo (Humor), 1980, 59 pp.

Riflexiones (Humor), 1980-85, 2 t.

El american way (Humor), 1981, 159 pp.

¡Esto le zumba! (Humor), 1981, 126 pp.

Prosas en ajiaco (Humor), 1984, 285 pp.

La bodequita del medio (Divulgación), 1986, 21 pp.

Kitsch, kitsch, ¡bang, bang!, (Humor), 1988, 171 pp.

“Oh, San Zumbado, santo patrón de los usuarios, tenaz castigador de ‘administraiciones (sic)’ y/o catástrofes, escudo de los traspapelados en las envolventes aguas de la burocracia, ¡auxilianos en esta hora difícil!”

El libro tendrá una tirada de 500 ejemplares, y el prólogo estuvo a cargo del poeta y humorista Ramón Fernández-Larrrea.

Titulado El tipo que creía en el sol – una adaptación al que quizás sea uno de los cuentos más bellos jamás escrito por Zumbado y titulado “El hombre que quería enlatar al Sol” – es una recopilación de sus mejores textos contra la burocracia cubana.

Este texto, escrito por Enrique del Risco en Nueva York 2008, es un homenaje genial al gran humorista cubano.

“En 1993, cuando se iba a inaugurar el primer festival de humor Aquelarre los organizadores me pidieron que le preparara un homenaje a Zumbado. En lugar del collage de los chistes del maestro que era más o menos lo que se esperaba opté por ser fiel a su espíritu, un espíritu inquieto, jodedor e irremediablemente rebencúo. Y eso fue lo que hice: convertirlo en espíritu, en un San Zumbado al que hacía responsable de los horrores del Período Especial. El texto, por supuesto, iba más allá de mencionar aquellas escandalosas miserias. Más bien era un ataque a la nostalgia de los que concebían la década de los 80 como una especie de paraíso, algo que a Zumbado le hubiera parecido una aberración. Y les recordaba a todos (como nunca dejó de hacerlo Zumbado) que Aquello nunca había conseguido organizar un presente más o menos placentero, que la Revolución nunca había cumplido 15.

Como se trataba de un homenaje a nadie se le ocurrió revisar el texto y con menos de 24 horas para prepararlo el actor Osvaldo Doimeadios llevó a las tablas del teatro Mella una interpretación espléndida. Al terminar Zumbado subió al escenario risueño como siempre y tarareando el tema de “Casablanca”. No estoy muy seguro si entendió lo que estaba pasando, si su maltratado cerebro había captado toda la ironía del asunto. Lo cierto es que de inmediato el monólogo se convirtió en parte de la rutina que varios actores repetirían durante años por todo el país sin que se atrevieran a censurarlos. En ese texto yo no había inventado nada nuevo. Apenas sintonicé el espíritu de Zumbado con la nueva época en la que habíamos entrado. Por eso me complació tanto que sin poder escribir una línea, el nombre y los hallazgos de Zumbado se mantuvieran vigentes durante la feroz década del 90 cada vez que algún actor empezara invocándolo con aquél “Oh, San Zumbado, santo patrón de los usuarios, tenaz castigador de administraiciones y/o catástrofes, escudo de los traspapelados en las envolventes aguas de la burocracia ¡auxílianos en esta hora difícil!”. Era un medio de devolverle en parte lo mucho que nos había dado. Su cuerpo no sé por dónde andará. Su espíritu no es difícil de invocar cada vez que un cubano intente entender su realidad (no sé por qué pero así es como insistimos en llamar a una pesadilla de medio siglo: “realidad”) con humor y (valga la redundancia) inteligencia.”

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