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Animales

Protectores de animales en Cuba: la lucha por la ley

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Por Vladia Rosa García

Constancia y perseverancia caracterizan a los activistas por la protección animal en Cuba. Siguen exigiendo al gobierno que se apruebe una Ley de Protección Animal

“Hoy vamos a hablar por los que no tienen voz”. Así daban inicio al encuentro. Los protagonistas anónimos eran los animales y sus representantes fueron cada participante que decidió apostar por la cita. El panel lo componían activistas del movimiento a favor de la protección animal, y el lugar escogido fue el Centro Cultural Félix Varela.

La mesa principal tenía entre sus manos abordar las temáticas más importantes de su batalla: reclamar un decreto ley, denunciar el maltrato, y abordar la adopción, el abandono y la esterilización de los animales. Este último punto es uno de los más complicados por la escasez de recursos y personal autorizado a realizarlas.

“Cuba carece de documentos legales que nos respalden. No se penalizan los crímenes, ni existen refugios del Estado para acogerlos. Tampoco reconoce legalmente a las organizaciones dedicadas a las actividades de amparo a los callejeros (perros y gatos), caballos o cualquier otro ser vivo víctima de la insensibilidad humana”, dice Beatriz Batista, una de las organizadoras del encuentro.

En los medios de comunicación de la isla no existen espacios dedicados a concientizar a las personas en este sentido. Los centros educacionales carecen de círculos de interés o charlas para que los niños desde pequeños respeten a sus mascotas o a cualquier otro animal. Inclusive, la radio y la televisión censuran cualquier actividad encaminada a la preservación de los ecosistemas, como sucedió recientemente con la “Huelga por el clima” o la bicicletada convocada por los mismos motivos. “Aún no nos dejan marchar”, asegura Odalis Jaramillo, panelista principal.

El gobierno debe aprobar una Ley de Protección Animal

Los activistas creen en la necesidad de una legislación que sea comparable a la de hombres y mujeres. Las redes sociales han permitido la movilización para las acciones que preparan, como la marcha de abril del año en curso, desde el Parque El Quijote hasta el Cementerio Colón, que en cinco días lograron el respaldo de más de 500 personas.

Sólo se reconoce en el territorio cubano como organización vinculada con este tipo de menesteres a la Asociación para la Protección de Plantas y Animales (ANIPLANT). Sin embargo, esta no acepta la vinculación a sus filas de otros interesados por “tener los cupos llenos”. En La Habana coexisten otros movimientos como el  grupo Cubanos en Defensa de los Animales (CEDA) encargados de disminuir las poblaciones callejeras y evitar la violencia hacia los animales.

“El respaldo del gobierno es fundamental para nuestras labores. A menudo la Aduana nos confisca donaciones provenientes de Canadá, Italia y España, incluso cuando les enseñamos las certificaciones. Las pocas que entran casi son a escondidas y no dan abasto para toda la población que atendemos”, comenta Sergio, integrante del CEDA.

Las opiniones de los participantes en la sesión arrojaron las diversas dificultades por las que han pasado para alentar al gobierno en la aprobación de una Ley de Protección Animal. En un principio le exigían a los voluntarios y rescatistas diez mil firmas, pero cada persona que rubricara debía abonar diez pesos a la administración del Estado. Los trámites en la actualidad siguen parados.

Los hechos apuntan a que se precisa una ley, como por ejemplo “el perrito de Manzanillo que fue quemado vivo, los gatos sacrificados en la cerca del parque de La Mantilla, en Santos Suárez, o el caballo que colapsó en Camagüey por falta de humanidad”.

Otro tema expuesto es la actuación de la asociación Zoonosis. La función de este grupo debería ser recoger, amparar, alimentar y cuidar a los animalitos hasta que aparezcan los dueños o cualquier persona interesada en adoptarlos. El movimiento de protección dirigió una carta a los directivos de este lugar denunciando las prácticas indebidas de los trabajadores de ese centro y exigiendo la devolución de perros a las protectoras. Luego de varios meses la respuesta fue  que “no se le entregará a ninguna protectora un animal recogido por no tener documentación legal”.

Paciencia es el término más utilizado por los altruistas de esta causa. Aunque falta mucho para lograr el reconocimiento legal están decididos a continuar con su trabajo cueste lo que cueste, ese es el precio de ser un “protector de animales en Cuba”.

 


 

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