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Cuba

Por primera vez, un cubano escribe el mensaje del Día Internacional del Teatro

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El 27 de marzo en todo el mundo se celebra, desde 1962, el Día Mundial del Teatro. Por vez primera a un creador cubano se le ha pedido escribir el mensaje para conmemorar este día. Las palabras de Carlos Celdrán, director fundador de la compañía Argos Teatro y Premio Nacional de Teatro 2016, serán traducidas a 50 idiomas.

Desde su fundación en 1996, Celdrán ha dirigido en Argos Teatro La Tríada, Baal (de Bertolt Brecht), La Noche de los Asesinos (de José Triana),  El Alma Buena de Se-Chuan (también de Brecht), La Vida es Sueño (de Calderón de la Barca), y Aire Frío (de Virgilio Piñeira), entre otras puestas.

Al primero que se le solicitó redactar el mensaje por el Día Mundial del Teatro fue al poeta, dramaturgo y cineasta francés Jean Cocteau. Luego le siguieron otros como: Arthur Miller, Pablo Neruda, Richard Burton, Antonio Gala, Humberto Orsini, Isabelle Huppert, John Malkovich, Eugène Ionesco o Darío Fo.

¿Qué dice el mensaje del cubano Carlos Celdrán para este 27 de marzo del 2019?

En septiembre del 2017 y durante una entrevista con el portal digital La Jiribilla, Celdrán explicaba por qué aspiraba a que su teatro fuera transparente: “Una investigación del alma y del comportamiento humano. Es lo que me interesa del teatro. Y pienso que toda materialidad de escena debe estar lo suficientemente despejada para que eso sea visible, comprensible, tocable en el teatro”.

Ahora en su mensaje para este 27 de marzo, el dramaturgo cubano reflexiona acerca de la relación con el espectador: “Mi país teatral son esos momentos de encuentro con los espectadores que llegan noche a noche a nuestra sala, desde los rincones más disímiles de mi ciudad, para acompañarnos y compartir unas horas, unos minutos. Con esos momentos únicos construyo mi vida, dejo de ser yo, de sufrir por mí mismo y renazco y entiendo el significado del oficio de hacer teatro: vivir instantes de pura verdad efímera, donde sabemos que lo que decimos y hacemos, allí, bajo la luz de la escena, es cierto y refleja lo más profundo y lo más personal de nosotros. Mi país teatral, el mío y el de mis actores, es un país tejido por esos momentos donde dejamos atrás las máscaras, la retórica, el miedo a ser quienes somos, y nos damos las manos en la oscuridad”.

Para Carlos Celdrán el viaje es hacia y dentro del público: “Cuando entendí que el teatro era un país en sí mismo, un gran territorio que abarca el mundo entero, nació en mí una decisión que también es una libertad: no tienes que alejarte ni moverte de donde te encuentras, no tienes que correr ni desplazarte. Allí donde existes está el público. Allí están los compañeros que necesitas a tu lado. Allá, fuera de tu casa, tienes toda la realidad diaria, opaca e impenetrable. Trabajas entonces desde esa inmovilidad aparente para construir el mayor de los viajes, para repetir la Odisea, el viaje de los argonautas: eres un viajero inmóvil que no para de acelerar la densidad y la rigidez de tu mundo real. Tu viaje es hacia el instante, hacia el momento, hacia el encuentro irrepetible frente a tus semejantes. Tu viaje es hacia ellos, hacia su corazón, hacia su subjetividad. Viajas por dentro de ellos, de sus emociones, de sus recuerdos que despiertas y movilizas. Tu viaje es vertiginoso y nadie puede medirlo ni callarlo. Tampoco nadie lo podrá reconocer en su justa medida, es un viaje a través del imaginario de tu gente, una semilla que se siembra en la más remota de las tierras: la conciencia cívica, ética y humana de tus espectadores. Por ello, no me muevo, continúo en mi casa, entre mis allegados, en aparente quietud, trabajando día y noche, porque tengo el secreto de la velocidad”.

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