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Cuba

“Me fui en el año 2011 de educación, jurando no volver”

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Muchos de los mejores maestros cubanos abandonaron las aulas. La educación en la isla se lo ha sentido. Ahora fuentes oficiales aseguran que 12 mil maestros han vuelto

Mi abuela fue maestra normalista. Era hija de dos campesinos emigrados de Asturias y aun así, pudo graduarse con honores durante el gobierno de Fulgencio Batista. En su carpeta de estudios guardaba medallas y fotos graciosas de cuando se llenó de liendres durante la campaña de alfabetización. Después de haber fallecido encontramos cajas plásticas con condecoraciones que le fueron entregadas a lo largo de 47 años de labor, por su trabajo y experiencia metodológica.

Entre los recuerdos de mi mamá está verla llegar de la escuela con los pantalones marcados de tiza, la voz gastada y el pelo deshecho. Se jubiló a los 58 con la piel llena de manchas diminutas, que le dejaron las tantas veces que se expuso al Sol, cuando iba a dar clases a los niños del batey. Una vez que le llegó el retiro, su único remuneramiento económico fue una chequera con 270 pesos mensuales.

Como mi abuela, muchos maestros en Cuba han sufrido la disparidad salarial tan común en la isla. Las largas jornadas en cualquiera de los niveles de enseñanza habían sido retribuidas por el Estado por un valor estándar de 500 pesos cubanos para cada educador.

La situación se fue volviendo insostenible y la mayoría de los pedagogos, sobre todo los de mayor experiencia, y, en muchos casos, los mejores, abandonaron las aulas. Algunos se fueron a dar clases particulares, otros a vender pastelitos, a ser mantenidos por sus hijos o a sobrevivir con la jubilación asignada.

Ante el vacío en los claustros, se tomó la fatídica idea de formar profesionales emergentes, o instantáneos, como también eran conocidos en la jerga pueblerina. Se liberó del servicio militar a los jóvenes que con aptitudes o no, decidieran entrar al Pedagógico y con un entrenamiento de pocos meses, asumieran un aula. Como complemento, instauraron el método de las teleclases y los software educativos.

El resultado de esa nefasta experiencia aún lo lleva a cuestas el Ministerio de Educación en Cuba. La deformación llegó a todos los niveles y creó problemas, sobre todo, en la base de la enseñanza.

Los maestros que vuelven a Educación

Después de décadas con innumerables tropezones, el gobierno del país entendió que sin una buena educación, a la isla le quedaban pocos pasos para caer al vacío. Aumentar el salario en este sector fue una de las alternativas, la cual ha traído de vuelta a varios de los que se habían marchado.

El incremento salarial elevó el cobro de estos trabajadores de 500 a más de 1000 pesos en moneda nacional. A principios del pasado julio Cubadebate publicaba un tweet de la ministra cubana de Educación, Ena Elsa Velázquez, donde anunciaba que alrededor de 5000 educadores se reincorporarían al curso escolar que iniciaba en septiembre.
En los últimos días medios oficialistas han informado que hasta la fecha y, luego del aumento en el sueldo, han regresado un promedio de 12 000 maestros, disminuyendo la emigración de estos hacia otras actividades económicas y de servicio.

Ana Mercedes Plasencia, con 40 años de experiencia, es una de las que se ha reincorporado. “Me fui en el año 2011 de educación, jurando no volver. Trabajaba por entonces en una secundaria básica y me aturdía demasiado. La indisciplina de los alumnos y el mal salario terminaron por deprimirme y mis hijos me suplicaron que lo dejara. Ahora regresé como contrata porque el pago es mayor y no se me exige estar dentro de la escuela toda la jornada. Imparto mi asignatura, que es Matemáticas, y me voy. Me alegra ver que algunas de mis compañeras hayan hecho lo mismo. Si uno nace para esto y aun te quedan fuerzas, es triste decirle adiós”.

“Me fui de la primaria donde trabajaba y comencé a tejer”, cuenta Julia María Calzadilla, otra de las que ha vuelto a la docencia. “Siempre eché de menos el aula, los niños, mi gremio. Pero con un par de ropitas tejidas y unas carteritas para vender en la feria, hacía en dos días el dinero que el Estado me pagaba al mes. Es triste pero es así. El estipendio de ahora tampoco creas que es demasiado, de hecho, sigue siendo poco para la responsabilidad que tenemos. Pero bueno, por algo hay que empezar”.

“A mi familia y a mí nos preocupaba la falta de profesores que había en mi preuniversitario”, dice Alejandro Batista. “Ahora me imparte Biología la misma que le dio clases a mi mamá hace cerca de 30 años, y así, poco a poco, se ha ido cubriendo el resto de las materias”.

Según Ena Elsa Velázquez, titular de Educación de la isla, con la vuelta de estos docentes se satisface casi un 97% de las necesidades. No obstante, padres y estudiantes insisten en que es preciso atender a la superación de algunos jóvenes que también imparten asignaturas, quienes debieran absorber la metodología y el conocimiento de los más experimentados.

Texto y foto: Lucía Jerez

 

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