Cuba aprobó nuevas reglas para el Sistema de Atención a la Familia que permiten incorporar prestadores no estatales al servicio destinado a adultos mayores, personas con discapacidad y familias vulnerables. La normativa exige dos ingestas diarias y contempla entregas de alimentos a domicilio para quienes no puedan desplazarse hasta los establecimientos.
La Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) ha publicado un informe que detalla las diferencias de precios en alimentos entre las provincias cubanas. Guantánamo se destaca como la región más cara, con altos costos en productos esenciales, mientras que Pinar del Río ofrece precios más bajos, aunque aún elevados en comparación con los ingresos promedio de la población. Este análisis pone de relieve la crisis alimentaria que enfrenta el país, en un mes donde la inflación interanual alcanzó su nivel más alto de 2026.
Un reciente informe de la Oficina Nacional de Estadística e Información de Cuba (ONEI) muestra que los precios de alimentos esenciales como el aceite, el cerdo y la leche en polvo han alcanzado cifras alarmantes, con variaciones significativas entre provincias. Este panorama refleja la desigualdad en el acceso a productos básicos y la presión económica que enfrentan las familias cubanas, en un contexto de inflación interanual que ya supera el 15%.
Un reciente recorrido por los mercados informales de Bayamo, en la provincia de Granma, ha revelado precios exorbitantes para productos básicos. El cartón de huevo se vende a 4.000 pesos, la libra de azúcar a 400 y el litro de aceite a 1.500, cifras que superan el salario mensual de muchos cubanos. La situación refleja una creciente presión inflacionaria en el país, que afecta la capacidad de compra de la población.
La Defensa Civil pidió a las familias cubanas preparar mochilas con enlatados, galletas y cereales. Las redes explotaron con una sola pregunta: ¿de dónde?
más allá de la contentura porque la gasolina ha bajado, la pregunta seria es si ese eventual cheque compensaría lo que el hogar promedio de Miami viene pagando de más en el mercado desde que Trump volvió al poder en enero de 2025.
En el Capitolio, un intento demócrata por autorizar el financiamiento total de SNAP naufragó el lunes en el Senado, lo que mantiene la incertidumbre para hogares que ya agotaron sus compras de inicio de mes. Mientras, el USDA informó al juez que liberará unos 4.6 mil millones de dólares de contingencia, insuficientes para restituir los beneficios completos.
En Miami, donde el “fustán” es comida en la mesa, la noticia cae como plomo: bodegas, mercados y despensas comunitarias se preparan para un noviembre más duro si el dinero plástico no llega a tiempo.
La experiencia de Leonel Otero Cudeiro pone de manifiesto las dificultades que enfrentan los campesinos cubanos: escasez de recursos, falta de apoyo estatal y desafíos económicos que limitan su capacidad para producir alimentos y sostener a sus comunidades.
Detrás de esta narrativa gubernamental se esconde una realidad mucho más cruda: el Estado cubano, incapaz de satisfacer la demanda interna de productos esenciales, delega en los ciudadanos la responsabilidad de abastecerse a través de importaciones individuales. En términos prácticos, la exención es una válvula de escape que permite amortiguar el descontento social, sin que el gobierno tenga que asumir directamente los costos de importar estos bienes.
Los datos revelan una paradoja significativa: mientras el Estado mantiene la propiedad mayoritaria de la tierra, el sector privado emerge como el único motor productivo. Los números son contundentes: el sector privado genera el 92% de las frutas, el 87% de los cítricos y el 82% del plátano y las viandas.