Durante décadas, el régimen exhibió la merienda escolar como conquista de la Revolución. Hoy, para que 12.677 niños del oriente cubano almuercen en la escuela, hace falta el Programa Mundial de Alimentos de la ONU y el dinero de un canje de deuda con España.
El PMA puso en marcha una iniciativa que destinará 60 millones de pesos cubanos a la alimentación escolar en Guantánamo, Santiago de Cuba, Holguín, Granma y Las Tunas, beneficiando a 12.677 niños en 74 escuelas durante seis meses de 2026, según reportó Directorio Cubano.
El financiamiento no sale de las arcas cubanas: proviene del acuerdo de canje de deuda entre España y Cuba aprobado en julio de 2025, dentro del Programa de Conversión de Deuda firmado en 2016. Es decir, deuda que La Habana no podía pagar, convertida en comida para sus escolares.
El modelo se basa en transferencias de dinero a los territorios para que las escuelas compren alimentos frescos producidos localmente, en un circuito corto que elimina intermediarios. Participarán 42 formas productivas locales como proveedoras, con impacto indirecto en más de 3.000 trabajadores del sector educativo.
El Ministerio de Educación ejecutará el proyecto con los gobiernos territoriales, mientras el PMA aporta asistencia técnica y supervisa la rendición de cuentas. «Es un ejemplo de cómo la cooperación internacional puede traducirse en soluciones concretas para las comunidades», señaló Etienne Labande, representante del organismo en Cuba.
La iniciativa es bienvenida para las familias del oriente, la región más castigada por la crisis. Pero el trasfondo es imposible de ignorar: el país que presumió de su sistema educativo necesita que Naciones Unidas organice y financie el almuerzo de sus niños, mientras el presupuesto estatal de 2026 recorta el gasto social en términos reales.
Quedan además las dudas prácticas: la capacidad real de los productores locales para cumplir la demanda en medio del colapso agrícola, y la eficiencia de unos gobiernos territoriales que no lograron garantizar ni la canasta básica. La cooperación llega; la pregunta es cuánto de ella sobrevivirá a la burocracia que la administra.

















