En un país donde conseguir un plato de comida se ha vuelto una odisea, el régimen acaba de publicar en la Gaceta Oficial las nuevas reglas para los comedores que alimentan a sus ciudadanos más frágiles: ancianos solos, personas con discapacidad y familias que no tienen ni con qué cocinar.
El Acuerdo 10196 del Consejo de Ministros reorganiza el funcionamiento del Sistema de Atención a la Familia (SAF), la red de comedores sociales del país, según lo publicado en la Gaceta Oficial y reportado por Directorio Cubano. El cambio central es la creación de un circuito corto de distribución: los comedores podrán adquirir alimentos directamente de los productores locales, eliminando a los intermediarios que históricamente encarecen y complican el acceso a productos frescos.
La red del SAF cuenta con unas 1.445 unidades que atienden a más de 76.000 personas: adultos mayores sin amparo, personas con discapacidad y familias sin recursos para cocinar, los eslabones más frágiles de la crisis alimentaria cubana.
La normativa exige a los comedores condiciones mínimas que hasta ahora no estaban garantizadas: disponibilidad de agua, medios para conservar los alimentos y locales adecuados para los beneficiarios. Contempla además la entrega a domicilio para quienes no puedan asistir por razones de salud, y abre la puerta a la participación de actores privados bajo supervisión de las autoridades municipales.
El Ministerio del Comercio Interior supervisará la implementación junto a Salud Pública, Agricultura y Finanzas.
La pregunta que la norma no responde es la de siempre: ¿con qué alimentos? La efectividad del nuevo esquema dependerá del abastecimiento real de cada territorio, en un país donde la producción agrícola está en mínimos, el combustible para mover mercancías escasea y hasta el arroz donado por China se demora meses en llegar a las provincias.
Que el Estado necesite un acuerdo ministerial para intentar garantizar el almuerzo de 76.000 personas vulnerables dice más de la profundidad de la crisis que cualquier estadística. La reorganización puede ser un alivio si funciona; si no, será otro decreto bien redactado para estómagos vacíos.

















