En Sancti Spíritus, la libra de manteca de cerdo se vende a 1.800 pesos, más cara que una libra de bistec de cerdo, cotizada en 1.650 pesos. La inversión de precios, atribuida a la escasez de aceite comestible, se produce mientras el salario mínimo cubano —fijado en 3.210 pesos desde julio de 2026— apenas alcanza para comprar menos de dos libras de cualquiera de los dos productos.
El litro de aceite alcanzó los 4.000 CUP en Holguín durante agosto, después de costar aproximadamente 1.500 en abril. El precio supera el salario mínimo mensual de Cuba, fijado en 3.210 pesos.
Tres hechos ocurridos en los últimos días retratan la profundidad de la crisis alimentaria cubana: en una feria agropecuaria de Trinidad la libra de cerdo se vendió a 850 pesos, un precio que el salario mínimo de 3.210 pesos mensuales apenas cubre para cuatro libras; en Pinar del Río el gobierno municipal fijó por decreto un precio máximo de 2.150 pesos para el aceite comestible, apenas dos meses después de haber eliminado los topes nacionales; y en redes sociales se viralizó la denuncia de que el milordo, la tradicional mezcla de agua con azúcar parda, se ha vuelto un lujo inalcanzable por la escasez simultánea de ambos ingredientes. Los tres episodios comparten un mismo trasfondo: una inflación de alimentos que en junio de 2026 alcanzó el 22,79% interanual.
La crisis alimentaria y sanitaria cubana se agrava en medio de protestas y represión récord, mientras un colectivo mexicano envía tres toneladas de víveres en el centenario de Fidel Castro y las exportaciones de México a la isla se desploman 97% por la presión del régimen de Trump.
El humorista cubano Loky Kubah se convirtió en un fenómeno viral al retratar con humor negro una realidad que viven miles de cubanos: el precio del aceite sube mientras el comprador intenta reunir el dinero. El sketch superó el millón y medio de reproducciones.
Un reciente informe de la Oficina Nacional de Estadística e Información de Cuba (ONEI) muestra que los precios de alimentos esenciales como el aceite, el cerdo y la leche en polvo han alcanzado cifras alarmantes, con variaciones significativas entre provincias. Este panorama refleja la desigualdad en el acceso a productos básicos y la presión económica que enfrentan las familias cubanas, en un contexto de inflación interanual que ya supera el 15%.
El Programa Mundial de Alimentos moviliza 60 millones de CUP —fruto de un canje de deuda entre España y Cuba— para alimentar a 12.677 niños en 74 escuelas de cinco provincias orientales. La cooperación internacional cubre lo que el Estado cubano ya no puede.
El Consejo de Ministros aprobó el Acuerdo 10196, que reorganiza el Sistema de Atención a la Familia: los comedores sociales podrán comprar alimentos directamente a productores locales, sin intermediarios. Unas 1.445 unidades atienden a más de 76.000 personas vulnerables en plena crisis alimentaria.
El observatorio Food Monitor Program presentó ante el Relator Especial de la ONU sobre el Derecho a la Alimentación un informe que acusa al conglomerado militar GAESA de monopolizar divisas, importaciones y distribución de alimentos en Cuba. La producción agrícola nacional cayó 67% en cinco años, el 96% de los cubanos perdió capacidad de compra, y Cuba importa hoy el 80% de lo que consume.
El presidente cubano Miguel Díaz-Canel recorrió las instalaciones de la Empresa Agroindustrial de Granos Los Palacios en Pinar del Río, donde se desarrolla un proyecto de producción de arroz en colaboración con la empresa vietnamita Agri-VMA. La visita se produce en un contexto de grave escasez de este alimento básico en la isla, que ha visto caer su producción en los últimos años. A pesar de las promesas de autoabastecimiento, la realidad muestra un panorama complicado.
Robos de animales, inflación descontrolada, falta de combustible y pagos que no llegan están empujando a los campesinos cubanos a un límite peligroso. Entre la desesperación social y el colapso institucional, producir alimentos en Cuba se vuelve cada vez más inviable, con consecuencias directas para la escasez que vive el país.
la insistencia del gobierno en alcanzar la "soberanía alimentaria" parece más una retórica política que una solución efectiva a la crisis alimentaria que enfrenta el país. La falta de resultados concretos y la persistencia de problemas estructurales sugieren que, sin reformas profundas y un cambio en el enfoque de la política agrícola, la situación difícilmente mejorará.
Si se superan las barreras políticas y se garantiza el apoyo necesario, este proyecto podría ser un paso importante hacia la revitalización de la agricultura cubana y la mejora de la seguridad alimentaria en la isla.