El rescate de Hernán Gil en Venezuela se convirtió en una operación internacional contrarreloj. Hernán llevaba 170 horas enterrado vivo bajo 140 toneladas de concreto en Venezuela. Los bomberos lograron primero liberarle la cabeza y los hombros de los escombros. Lograron pasarle una mascarilla y unas gafas para que el polvo no lo afectase.
Cada pocos minutos, un centenar de rescatistas ordenaba silencio absoluto sobre las ruinas de Catia La Mar. Esperaban una voz que llegaba desde 15 metros bajo tierra. Hernán Gil seguía vivo, y tras más de 170 horas bajo los escombros, su rescate entró en la fase decisiva y fue finalmente liberado.
Una garita que se convirtió en refugio bajo 140 toneladas de escombros.
Hernán Alberto Gil Flores cumplía su turno como vigilante en el sótano de un estacionamiento de Catia La Mar, en el estado La Guaira, cuando el doble terremoto de magnitud 7,2 y 7,5 del 24 de junio derrumbó el edificio sobre él. La caseta de cemento resistió el colapso y le sirvió de escudo, con alimentos que le permitieron sobrevivir a 15 metros bajo tierra.
Durante ocho días, un centenar de rescatistas ordenó silencio sobre las ruinas de Catia La Mar para escuchar una voz que llegaba desde el fondo del concreto. Este jueves, esa voz salió a la luz: Hernán Gil fue rescatado con vida y Venezuela tiene, por fin, su milagro mayor.
«¡Hernán está afuera!»: el anuncio que Venezuela esperaba
«Tras 114 horas de esfuerzo ininterrumpido y más de siete días después de los terremotos, Hernán ha sido rescatado y ya se encuentra en una ambulancia de la Cruz Roja Venezolana. ¡Lo hemos logrado!», anunció la Cruz Roja Costarricense, que dirigió el operativo desde que uno de sus rescatistas escuchó la voz del vigilante el sábado 27 de junio, cerca de la 1 de la tarde.
La extracción culminó horas después de que los equipos lograran liberar su cabeza y parte del torso; débil y con un ojo visiblemente dañado, Hernán seguía las indicaciones de los Bomberos de Chile, que lideraron la fase final del rescate.
Ocho días en una garita bajo 140 toneladas
Hernán Alberto Gil Flores cumplía su turno como vigilante cuando el doble terremoto de magnitud 7,2 y 7,5 del 24 de junio derrumbó el edificio en Playa Grande, Catia La Mar. Quedó atrapado en el tercer piso subterráneo, dentro de una garita de cemento que resistió el colapso y le sirvió de refugio bajo unas 140 toneladas de escombros.
Los rescatistas lo mantuvieron vivo con agua suministrada por una manguera, suero y medicación, mientras excavaban un túnel con cincel y martillo a un ritmo de 40 centímetros por hora. El operativo estuvo varias veces al borde del fracaso: el primer túnel, trabajado durante más de 66 horas, colapsó, y las labores se suspendieron por una réplica. Los equipos tuvieron que evacuar en varias ocasiones por el riesgo de un desplome total del edificio.
Siete países para salvar una vida
En la misión participaron rescatistas de Costa Rica, Venezuela, Estados Unidos, Chile, El Salvador y Portugal, además de los 15 especialistas USAR de la Cruz Roja Mexicana, que aportaron binomios caninos y cámaras térmicas para precisar el punto de acceso. La NaciónInfobae
«Hernán sigue luchando, y nosotros también», había escrito el presidente salvadoreño Nayib Bukele mientras sus brigadistas sumaban horas en el túnel. Y su esposa, Gusbimar González, que montó guardia frente a las ruinas desde el primer día, lo resumió antes que nadie: «Es un milagro, no nos daban esperanza de vida».
Horas después escribía Bukele.
«¡FINALMENTE LOGRAMOS RESCATAR A HERNÁN!
«Después de más de 72 horas de trabajo y tras enfrentar una estructura sumamente inestable, réplicas, derrumbes y la necesidad de abrir una nueva vía de acceso para poder llegar hasta él, rescatamos con vida a Hernán Alberto Gil Flores, de 44 años, quien permaneció más de 7 días atrapado bajo los escombros del centro comercial Galerías Playa Grande.
«Este rescate fue posible gracias al esfuerzo conjunto de los equipos de Chile, Estados Unidos, Portugal, México, Costa Rica, Venezuela y El Salvador, que trabajaron sin descanso para remover escombros, estabilizar la estructura y abrir paso hasta llegar a Hernán.
«Nuestra admiración y reconocimiento para todos los rescatistas que participaron en esta operación, así como para Hernán, cuya fortaleza y resiliencia durante más de 7 días fueron extraordinarias.
«En este momento, los médicos están evaluando su condición para que pueda ser trasladado a un centro hospitalario y continúe recibiendo la atención que necesita.
«Gracias a Dios por permitir este milagro.»
Una luz en medio de 2.295 muertos
El rescate de Hernán desafió todas las estadísticas: los especialistas advierten que después de las primeras 72 horas las probabilidades de hallar sobrevivientes caen en picada. Él resistió casi 200 horas sepultado.
Su historia le da un respiro a un país donde el balance oficial ya suma 2.295 muertos y más de 11.200 heridos. Pero la cuenta no está cerrada: en la misma zona continúa la búsqueda de Lucas Gámez, un niño de ocho años cuyos padres se aferran a la esperanza de que el próximo milagro lleve su nombre.


















