Tras el peor resultado en 30 años en la ONU, el canciller cubano Bruno Rodríguez buscó a Guterres para hablar de las sanciones.
La votación en la Asamblea General había terminado el martes con 136 votos a favor, 9 en contra y 40 abstenciones. El peor resultado para Cuba en tres décadas. El miércoles, Bruno Rodríguez fue a ver a António Guterres. El régimen cubano sabe que las resoluciones de la ONU no son vinculantes. Pero la foto importa.
El canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla se reunió con el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, en Nueva York para abordar el impacto de lo que el régimen llama «bloqueo recrudecido» — las sanciones y restricciones económicas impuestas por Estados Unidos, que se han intensificado desde la orden ejecutiva de la administración Trump de enero de 2026 que amenazó con aranceles a países que suministraran combustible a Cuba.
Según el relato del régimen, Rodríguez enfatizó ante Guterres las consecuencias humanitarias de las sanciones: escasez de alimentos, medicinas y combustible, apagones prolongados y el deterioro general de las condiciones de vida. Solicitó un mayor apoyo del sistema de Naciones Unidas y reiteró la petición de que Cuba sea retirada de la lista estadounidense de estados patrocinadores del terrorismo, una designación que según La Habana bloquea transacciones financieras internacionales esenciales.
Lo que Rodríguez no dijo ante Guterres es lo que pasó en la misma sala horas antes. La votación del martes fue la peor para Cuba en más de tres décadas: 136 votos a favor de debatir el embargo, frente a los 165 de octubre de 2025 y los 187 de 2024. Cuarenta países se abstuvieron — el número más alto en años. El apoyo internacional a La Habana se erosiona de manera constante y mensurable.
Tampoco mencionó los 1.306 presos políticos documentados por Prisoners Defenders a días del quinto aniversario del 11J, ni los 458 de ellos con enfermedades graves que no reciben atención médica en las cárceles cubanas, ni los 40 menores de edad entre los detenidos. Ni los simulacros de ejecución aplicados a activistas que intentaron asistir a una recepción en la Embajada estadounidense.
La reunión con Guterres es una pieza más de la estrategia del régimen: mantener el discurso de víctima del embargo en foros internacionales mientras ejecuta en la isla la mayor escalada represiva documentada en su historia reciente. Las sanciones son un factor real en la crisis cubana. Pero no son la única causa, y el régimen lleva décadas usándolas para desviar la atención de las otras.



















