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Texto y fotos: Fernando Vargas

La 28 Feria Internacional del Libro de La Habana, que comenzó el pasado 7 de febrero, sigue siendo un evento que une a muchos cubanos, sin importar su raza, credo, edad o procedencia social.

La concurrida asistencia pudiera parecer un síntoma saludable de los hábitos de lectura en la isla, aunque la pregunta de ¿a qué realmente van los cubanos? ha tenido disímiles respuestas, algunas encontradas. No han sido pocas las críticas al evento cultural por distorsionar su objetivo principal para convertirse en un espacio para la venta de mochilas, pullovers, artesanía y comida. Abel Prieto, quien fuera ministro de Cultura, hace dos años explicaba al sitio oficial Cubadebate: “La Feria es un espacio para los libros, para la lectura, para las artes. Es un hecho cultural. La mercadotecnia desmedida puede convertirla en una caricatura”.

Presentaciones en la 28 Feria Internacional del Libro de La Habana

En la actual edición pudieran destacarse la aparición de títulos como El Rey de La Habana del escritor Pedro Juan Gutiérrez, novela que forma parte de la famosa Trilogía Sucia de La Habana, silenciada durante algún tiempo en el país por su forma cruda de narrar fenómenos como la prostitución y las marginalidades, aunque, según Rafael Grillo —su presentador—, ya muchos cubanos la conocían por versiones piratas que se distribuyeron de forma digital o se imprimieron irregularmente. Pedro Juan Gutiérrez apuntó en el encuentro con sus lectores que todos las historias contadas en la obra salieron de personajes reales, que vivían a su alrededor y él fue entrevistándolos sin que muchos de ellos se dieran cuenta.

Pedro Juan Gutiérrez en la Feria

También fue «con muertos y heridos» el lanzamiento de la recopilación de relatos Aquello estaba deseando ocurrir del reconocido narrador Leonardo Padura, muy popular por su forma peculiar de reflejar la ideología del cubano de a pie en medio de sus vicisitudes. El texto aborda historias de la isla entre 1985 y el 2009, y, para muchos, funciona como una antología social de las transformaciones en la Cuba post-soviética. La inmensa fila que se amontonaba bajo la sala Alejo Carpentier, incluso con el privativo precio de 120 pesos cubanos, da fe del placer que le provoca a los habaneros leer su realidad bien contada.

Leonardo Padura firma ejemplares de su libro

Otro de los libros de gran popularidad ha sido Verdugos, del caricaturista Juan Padrón conocido por sus series de Elpidio Valdés y Vampiros en La Habana. En esta entrega, con un ingenioso uso del humor negro, se acerca a la relación victimario-víctima, con aquellas «pequeñas venganzas» que le hacen los oprimidos a sus opresores.

La otra Feria

A pesar de esto, el encuentro con la lectura sigue siendo opacado por el «ambiente ferial». Muchos cubanos acuden para buscar en los puntos de venta extranjeros, un paliativo ante la reducida oferta de mochilas, agendas, juguetes u artículos escolares en la red de tiendas nacionales. A esto se le suma la edición y reimpresión desproporcionada de libros con contenido puramente político, que luego quedan sin salida comercial y terminan convertidos en «premios» o «regalos» en los eventos académicos y culturales que se desarrollan en el país.

Niños y adolescentes van a socializar con sus compañeros y amigos, a correr por las adoquinadas calles del castillo, o a adquirir objetos de merchandising. Entre ellos está Yanner Osvaldo Valdés, un adolescente fanático al anime, quien no se confiesa como un ávido de la lectura, pero viene a La Cabaña a comprar principalmente posters de sus series favoritas.

Por su parte, Iris Gorostola, librera de Ediciones Selvi, una editorial valenciana que produce literatura cubana, le comenta a Cuballama que tiene libros de muchos autores consagrados, sin embargo, los más vendidos son los de literatura infantil y los didácticos, pues las madres cubanas los compran para que sus hijos perfeccionen la caligrafía u otras habilidades. Otras de las ofertas tentativas son los libros de cocina.

Los afiches también resultan de gran atractivo, sobre todos aquellos que se derivan de series. «Yo realmente estoy un poco perdida en ese tema, pues no es de mi generación, pero sí me sorprenden las edades de los compradores. La gente piensa que es algo para niños, pero no es así, lo consumen muchachos de preuniversitario, universitarios, adultos, que ven todas estas series por el paquete semanal.» nos aclara. En este sentido recalcó que la entrada de Internet a Cuba ha posibilitado que los jóvenes estén conectados con las novedades de la producción audiovisual en el mundo.

El joven Iván Egued le explica a Cuballama su preocupación por la falta de buena literatura, y cita, como una excepción, el libro de Pedro Juan Gutiérrez. Además se refiere al alejamiento del objetivo central de la Feria para la venta otros productos «No tengo nada en contra de eso, pero la feria debe ir más allá», concluye.

Esta opinión contrasta con la de Elisa Ravelo, amiga de Leonardo Padura y primera asistente de dirección de la película Regreso a Ítaca. Ravelo califica el evento como muy organizado, con una variada oferta de libros a precios relativamente módicos, y reitera que esto lo hace único en comparación con sus homólogos en otros países, donde acceder a los libros puede ser muy caro.

Otros cubanos aprovechan la feria como espacio cultural para desarrollar sus proyectos, como es el caso de la Escuela de Fotografía Creativa de La Habana, que tiene varias exposiciones en los salones del recinto. Arianna Díaz, su relacionista pública, habla a Cuballama de la muestra por el 500 Aniversario de la Ciudad, con imágenes tomadas por niños y adolescentes.

Variadas son los criterios y posturas de los cubanos ante el evento que anualmente se desarrolla en la capital. Algunos van tras las presentaciones, rastrean en las librerías algún ejemplar nuevo, madres trabajadoras resuelven de un solo viaje los útiles escolares de sus hijos, familias enteras se dan un paseo pintoresco… Cada cual vive su propia experiencia, lo que sí se puede asegurar es que, con el objetivo de leer o no, será muy difícil encontrar a un habanero que no haya asistido nunca a la Feria Internacional del Libro de La Habana.

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