Vicecanciller cubano lleva semanas elevando sistemáticamente el tono contra Estados Unidos

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Fernández de Cossío señaló a Langley y al Pentágono a mediados de julio: la acusación más dura de La Habana contra Washington en años.

Carlos Fernández de Cossío ha convertido sus redes sociales en una sucesión de ataques contra Washington: acusa al Gobierno estadounidense de mentir, financiar organizaciones “turbias”, actuar con “crueldad” contra los cubanos y promover una campaña para presentar a la isla como una amenaza.

El viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, lleva varias semanas endureciendo de manera sostenida su discurso contra Estados Unidos, con publicaciones en las que atribuye a Washington desde campañas de desinformación hasta acciones deliberadas para provocar sufrimiento entre la población cubana.

Una de sus acusaciones más graves llegó cuando señaló directamente a la CIA y al Pentágono como centros de lo que calificó de “terrorismo de Estado”.

“Puede decirse con seguridad que la fuente principal del terrorismo, por lo menos en el hemisferio occidental, es el gobierno de EEUU y se trata de terrorismo de Estado”, escribió Fernández de Cossío.

El diplomático fue aún más específico al situar los supuestos “centros neurálgicos” de ese terrorismo en Virginia, “específicamente en Langley —sede de la CIA— y el Pentágono, a orillas del Potomac”.

La declaración se produjo en medio de una fuerte tensión bilateral y después de que CBS News revelara que planificadores militares estadounidenses habían examinado distintas opciones para una eventual acción contra Cuba. Entre los escenarios estudiados figuraba un posible asalto aéreo dirigido por el Ejército y en el que podría intervenir la 101ª División Aerotransportada.

El reporte, sin embargo, dejó una precisión importante: los funcionarios consultados por CBS insistieron en que la existencia de esos análisis no significaba que el presidente Donald Trump o el Pentágono hubieran decidido ejecutar una operación militar contra la isla.

De las acusaciones de terrorismo a una sucesión de ataques

Lejos de tratarse de una declaración aislada, las publicaciones posteriores de Fernández de Cossío muestran una línea prácticamente continua de confrontación con Washington.

El 15 de agosto aseguró que el Gobierno de Estados Unidos carecía de justificación para mantener lo que denominó una “agresión despiadada contra Cuba” y lo acusó de “mentir oficialmente a su propio pueblo”.

Cinco días más tarde volvió a cargar contra Washington y afirmó que el Gobierno estadounidense demuestra “con frecuencia casi semanal su disposición a imponer con crueldad al pueblo cubano el mayor daño posible”.

En otro mensaje publicado el 19 de agosto, esta vez en inglés, sostuvo que Estados Unidos emplea “millones de dólares” para pagar a organizaciones que calificó de “shady” —turbias o poco fiables— con el propósito de promover la idea de que Cuba representa o puede representar una amenaza.

“Nobody with a clear mind buys the fable”, concluyó, al asegurar que ninguna persona en su sano juicio creería esa versión.

El discurso también se ha extendido fuera de la relación bilateral. El 20 de agosto, al referirse a la guerra en Medio Oriente, Fernández de Cossío afirmó que Israel solo podía cometer lo que calificó de “genocidio abierto” gracias al respaldo total de Estados Unidos y añadió que la historia lo registraría “con vergüenza”.

“Campaña de calumnias” y otro ataque a finales de agosto

El 26 de agosto volvió sobre el mismo tema al acusar al Gobierno estadounidense de mantener una “campaña de calumnias contra Cuba”.

En esa ocasión apuntó contra el analista Gordon G. Chang, a quien llamó “mentiroso” después de la publicación de una columna en The Hill sobre la presencia e influencia estratégica de China en Cuba.

“Contrataron ahora a otro mentiroso llamado Gordon Chang”, escribió Fernández de Cossío, antes de describir el artículo como una colección de “infundios disparatados sobre supuestas bases militares extranjeras en Cuba”.

La afirmación de que Chang habría sido “contratado” por el Gobierno estadounidense fue presentada por el vicecanciller sin aportar pruebas públicas que la respaldaran.

El patrón de mensajes coincide con una etapa particularmente tensa de las relaciones entre ambos gobiernos. Mientras La Habana presenta las medidas económicas, diplomáticas y de seguridad estadounidenses como una política destinada a provocar el colapso del país, Washington continúa considerando al Gobierno cubano un problema de seguridad y mantiene a Cuba bajo la designación de Estado patrocinador del terrorismo.

La Casa Blanca seguía identificando oficialmente a Cuba como “state sponsor of terrorism” en sus medidas migratorias de 2025, condición que implica restricciones adicionales para los nacionales cubanos y otras consecuencias legales y financieras.

El contraste resulta especialmente visible en el discurso de Fernández de Cossío: mientras Estados Unidos mantiene esa clasificación sobre Cuba, el número dos de la diplomacia de La Habana ha invertido públicamente la acusación y sostiene que es Washington el que constituye “la fuente principal del terrorismo” en el hemisferio occidental.

Desde entonces, sus publicaciones han mantenido la misma dirección: acusaciones de crueldad, mentiras, financiación de organizaciones contra Cuba, campañas de propaganda y preparación de una eventual agresión militar.

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