La crisis energética y el desplome del turismo empujan a miles de cubanos al límite. Entre apagones, hambre y desempleo, una frase se repite: hay que irse.
La combinación de apagones masivos, presión de Estados Unidos y tensiones geopolíticas sitúa a Cuba en uno de los momentos más críticos de su historia reciente, con un debate abierto sobre el futuro político de la isla.
El anuncio de que cubanos residentes en el exterior podrán invertir en empresas privadas en la isla reabre un debate incómodo: si ahora se puede, ¿por qué no se permitió antes? Un repaso a las últimas décadas muestra un patrón repetido en la política económica del país: prohibiciones que se desmontan solo cuando la crisis obliga.
Un tanquero carga gas licuado en Venezuela rumbo a Cuba mientras dos buques mexicanos entregan más de 1.200 toneladas de alimentos en La Habana, en medio de sanciones y una profunda crisis energética y alimentaria en la Isla.
La presión desde Miami y Washington se intensifica con llamados a cortar vuelos y preparar celebraciones, mientras en Cuba crecen críticas al modelo y al discurso oficial. Entre el desgaste social, voces como Mauricio de Miranda, Alina Bárbara López y José Daniel Ferrer chocan con la retórica del Gobierno, y el humor en redes —con Cuco Mendieta como símbolo— revela ansiedad y deseo de ruptura.
La Onat impuso una multa de 99 millones de pesos a un cuentapropista en Artemisa por evasión fiscal. El caso expone el rigor tributario y las fallas estructurales del sistema.