Los cubanos buscan escapar de los apagones con paneles solares, pero un sistema puede costar miles de dólares
Los apagones prolongados y la reducción del suministro de combustible están acelerando en Cuba una transición hacia la energía solar, tanto a nivel estatal como doméstico. Sin embargo, mientras crece a gran velocidad la importación de tecnología fotovoltaica china, instalar un sistema particular puede costar entre 2.000 y 4.000 dólares o más, una cifra fuera del alcance de la mayoría de los trabajadores de la isla.
Los paneles solares han dejado de ser para muchas familias cubanas una inversión ambiental para convertirse en una manera de mantener encendido un refrigerador, un ventilador o algunas luces durante apagones que pueden extenderse durante gran parte del día.
Un reportaje publicado por Local 10 mostró el caso de Esther Torres, residente de La Habana, quien instaló durante la primavera un sistema de paneles, baterías y equipos complementarios financiado por su hija, que vive en Chile.
El costo fue de aproximadamente 4.000 dólares.
Torres explicó que la instalación resulta especialmente importante para su madre, de 80 años, porque permite conservar alimentos y dormir con mejores condiciones durante los extensos cortes de electricidad.
El precio coincide con otras investigaciones realizadas dentro de Cuba.
Al Jazeera encontró en junio un sistema fotovoltaico de tres kilovatios a la venta por unos 3.678 dólares, mientras una instalación de 10 kilovatios superaba los 10.000 dólares.
La expansión se produce mientras el sistema eléctrico cubano enfrenta una combinación de centrales termoeléctricas envejecidas, falta de mantenimiento, escasez de divisas y una reducción drástica de los suministros de combustible.
A esas dificultades se ha añadido la presión estadounidense sobre los envíos petroleros hacia Cuba.
El reportaje de Local 10 describe la actual política como un bloqueo efectivo de combustible y sostiene que nuevas sanciones estadounidenses contra compañías navieras han complicado tanto el traslado de combustibles como de otros productos hacia la isla.
La energía solar es también una prioridad del gobierno cubano.
Con apoyo de China, en los últimos años se han construido decenas de parques fotovoltaicos y Beijing ha enviado equipos para ampliar la generación y proporcionar sistemas independientes a hospitales, centros de salud, comunidades rurales y otros servicios esenciales.
Datos recopilados por diferentes análisis indican que las importaciones cubanas de paneles solares chinos crecieron 34 veces en un período de doce meses, una de las tasas de incremento más altas registradas internacionalmente.
El 11 de agosto, Cuba recibió además una segunda donación china de 5.000 sistemas fotovoltaicos para viviendas rurales e instituciones esenciales distribuidas en los 169 municipios del país.
Sin embargo, el aumento de capacidad renovable no resuelve por sí solo la crisis.
Una parte de la nueva generación solar no puede aprovecharse plenamente debido a las limitaciones de almacenamiento y al deterioro de la propia red eléctrica. El Wall Street Journal reportó que la capacidad solar representa ya alrededor del 10% de las necesidades energéticas del país, pero persisten importantes pérdidas de transmisión y restricciones técnicas.
La brecha entre quienes tienen acceso a dólares o reciben ayuda de familiares en el extranjero y quienes dependen exclusivamente de salarios estatales también resulta evidente.
En barrios de Centro Habana, Local 10 encontró muchos menos sistemas privados que en sectores de mayores ingresos de la capital.
El problema no es la disponibilidad tecnológica, sino el precio.
Para un trabajador pagado en pesos cubanos, una instalación de varios miles de dólares puede equivaler a años de ingresos. Para familias que reciben remesas, administran negocios privados o cuentan con apoyo desde el extranjero, los paneles ofrecen en cambio una vía para reducir su dependencia de un sistema eléctrico cada vez más inestable.
La revolución solar cubana avanza, pero lo hace a dos velocidades: el Estado intenta incorporar grandes parques conectados a la red, mientras una minoría de hogares compra su propia independencia energética.
Fuentes
Local 10.
Al Jazeera.
PV Magazine.
Wall Street Journal.





