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Cuba: Viene Congreso, avísenle al Lobo

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La octava vuelta de tuerca del partido único en Cuba ocurre entre estertores y probables sustituciones necesarias. La generación del Moncada sigue pasando el testigo a otra que ¿qué ha hecho?, ¿qué hará? ¿y nosotros? Viene Congreso.

De nuevo en esa fecha castrense y castrante del 16 al 19 de abril. Esto no termina aún. Quedan Raúl Castro y algunos otros expedicionarios, rebeldes y sus réplicas militantes. Y claro, queda el fantasma de él, el que le dijo a Sartre que si el pueblo pidiese la luna, habría que dársela. El Caballo, el Jefe, el Tipo. El Guardián de la Piedra, que se despidió en el anterior Congreso dejando a La Habana con look de posguerra.

Pero poco impulso queda en las generaciones cortadas por la tijera de Fabio Grobart, Blas Roca y Carlos Rafael Rodríguez, con arreglos florales de Carlos Aldana. Hace rato nadie lee El Militante Comunista, ni Moncada, ni Verde Olivo.

PCC, ya ni con PPG.

La revolución se quedó quieta en una isla de economía precaria, estancada, sumergida. Una reliquia para turistas. Si tenemos en cuenta que etimológicamente ‘congreso’ significa caminar juntos, no hay que explicar la ironía, entre el Síndrome de Estocolmo y la Paradoja de Abilene.

Viene congreso de un partido que es además gobierno y ejército, con los cascos metidos desde la comunidad LGBT hasta la inversión privada. Nada se deja al azar.

Por cierto, ya que el tema está en el candelero, cabe aclarar que técnicamente la inversión privada local en Cuba no ha estado prohibida, a pesar del sabor dejado por las intervenciones de los años 60, y de que la propiedad “colectiva” es el principio regente de la teoría marxista para un nuevo orden socialista, inicialmente implementado con la visión leninista, adaptado en Cuba bajo el fidelismo, universalmente etiquetado como comunismo, y que siempre deviene el cojonismo de toda la vida (que no es lo mismo, pero es igual).

Y es que la primera y menos percibida fábula del llamado comunismo es precisamente no serlo nunca en la práctica: violar su fundamento. La teoría que supuestamente jubila al capitalismo no ha sido más que un regreso al régimen socio-político-económico anterior, y sus crisis dejan entrever su verdadera esencia:

  • la consanguinidad sustituye a la meritocracia, y esta a su vez consiste en reconocer el valor absoluto de la primera
  • disfrazadas de populismo, las decisiones fundamentales y los principales medios de producción no recaen en manos colectivas, sino que son manejados a siniestra por un pequeño grupo de envejecidos improvisadores y otros empresaurios a lo Ricardo Cabrisas e Ibrahim Ferradaz
  • no hay amplia clase media, ni burguesa ni de ningún otro tipo, solo extremos muy acentuados: una selecta casta dominante (con cargos oficiales o no) y una masiva población con ingresos que no cuesta reconocer por debajo de la línea de pobreza, cuya monotonía es rota solo a ratos por algo de pan y circo. Y el pan es opcional
  • una horda disfuncional e irresponsable cada vez más analfabeta y menos civil dentro y fuera de la isla, y que ve a Martí como cheo y a Chocolate como rey, todavía a la espera de regalos del cielo y la venida del mesías
  • infraestructura venida a menos, con alma de trapiche y si tiene algún filo comercial, se concentra en manos de un selecto grupo de familias asociadas o derivadas de la central Castro.
  • ciudades-estado satélites alrededor del mundo, repletas de desterrados que contribuyen financieramente al reino que mantiene a sus familias como rehén
  • el ya no tan central dinero solo tiene valor en manos de la clase pudiente, donde se acumula de manera insospechada a través de un interminable y complejo sistema de compañías fantasma dentro y fuera de Cuba, a base de testaferros, chantajes e impagos. Para los que malviven del otro lado, solo queda un tráfico fugaz de moneda de valor anulado, lo cual obliga al trueque para seguir con una existencia cada vez más frugal. Entre uno otro extremo existe un oasis de pequeña propiedad privada que vive ya sea pescando migajas del primer grupo (ojo, hay incluso millonarios) o constantemente escapando del segundo
  • sumémosle una oposición bajo asedio a tiempo completo, aunque sin mucho oficio político, aún incapaz de movilizar eso que llaman sociedad civil. Y también un clero silente que como siempre se mueve por debajo de la mesa haciendo de Pilatos su pilates.

Cuba ha reinventado el feudalismo. Lo ha actualizado, eternizado y exportado explotando y multiplicando la miseria humana. Eso explica que siendo Venezuela el país con mayores reservas petrolíferas probadas, haya salido del top 10 de los países de mayor producción de crudo, y malviva en medio de constantes apagones y escaseces. El socialismo del siglo XXI es un regreso medieval donde ruedan cabezas para asegurar que nada se mueva porque el enemigo acecha.

Viene congreso de un sistema unipartidista, o sea, sin sistema y que prefiere empujar al bobo repartecasasycarros Miguel Díaz-Canel que parar a Lázaro Expósito, un loco que ha puesto a Granma y Santiago a funcionar brevemente.

Viene congreso y Cuba arriba a un nuevo ciclo del absurdo, donde los siervos escupen en Facebook sus frustraciones y se van de cacería a WhatsApp. No en balde algunos dicen: tan mal no estamos. Peligrosa sentencia que sobrevive la muerte de Fidel Castro. Cambian los jugadores, pero no el juego del gobierno que saca a pasear como nadie la magnanimidad paternal, premiando todavía con ‘casas en la playa’.

Otro congreso sin seso. Enésima rumia de una generación negada a segundas opiniones, donde ‘sálvese quien pueda’ pudo más que ‘a cada cual según su…’

Ya hace más de 30 años que Mijaíl Gorbachov vino a Labana a decir que se acababa lo que se daba, los subsidios, el CAME, el apoyo diplomático, militar y logístico. Parecía que la liebre se quedaba a merced del Lobo. Y hasta él pasó las de Caín. Shhh, ¡shupekatchí! Cualquier pandemia mundial palidece ante la local.

Viene otro OCHO, que nos dejará un poco más o menos como cuando hace 30 años cayó en plena Habana el más grande general cubano entonces, uno clase A, de un grupo que jugaba con el mono y la cadena, y ya sabemos cómo terminó. Por eso este abril, a los sobrevivientes de esas y otras causas se les redobla el chequeo, dentro y fuera de Cuba. Ya se sabe: nada al azar. Nada.

Los guillermotell no pueden siquiera negarse a la manzana en la cabeza porque no hay. Cuba es una isla que importa sal común de Bolivia que no tiene mar, y despilfarra el 60% del agua potable que bombea… como queriendo hundirse de nuevo. Y no es para menos, con el interminable rosario de capítulos oscuros que viven regresando: Camilo Cienfuegos, intervención, Escambray, Unión Soviética, racionamiento, Camarioca, 10 millones, insurgencia, Pedro Luis Boitel, quinquenio gris, Mariel, Granada, Pablo Escobar, rectificación, Angola, período especial, CUC, apagones, balseros, remolcador, perfeccionamiento, Orlando Zapata, Oswaldo Payá, lineamientos, ordenamiento.

Pero el desespero crece entre los recolectores-cazadores así como la frecuencia de tonfazos por minuto. En Cuba aflora un descontento que no es repentino, siempre estuvo ahí y tarde o temprano le toca erupcionar. Hemos vivido dejando pasar la bola porque no fue nunca el béisbol el deporte nacional, sino “el qué dirán”. El “yo no estoy en ná” sigue siendo la asignatura pendiente de quien vive olvidando, barriendo bajo la cama, mirando a otro lado. Hasta un día.

Ser militante no es lo que un día fue. Ya no es lo mismo y lo haya dicho Máximo Gómez o no, da igual: nos pasamos siempre y nos toca vivir de nuevo el rebote tan caprichoso como presente en la historia de un país que no madura. Si PCC contigo, todos contra ti. Por eso para algunos esa anexión a Estados Unidos comienza a ser una salida política y económica tras el esperado día D. Seguimos mirando al norte. Nunca dentro de nosotros. La culpa la tiene siempre otro, y también la solución.

No es casual que hay quien opina que el presente y el futuro de las familias cubanas se debate a la vieja usanza entre otras más célebres que van de Malmierca, Maciques y  López-Callejas, a Tarafa, Hilton, Bacardí, Rockefeller, casa de Saúd y los Barones Fanjul.

Viene congreso.

Y con ello la reactivación de una vacuna para la que nunca hubo enfermedad. Tengamos cuidado, a veces lo que pedimos se cumple. Fulgencio Batista era el malo y mira a quién trajimos.

Vamos a otro 8, como si no lo fuésemos ya.

Cuba sigue doliendo como esas mujeres que Joaquín Sabina escribe, describe, suscribe. Y ahí vamos.

8 es ‘calabaza’ en la bolita.

¿Será que nos la vamos a seguir dando?

Héctor S. Martínez



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