Asimismo, reiteró la posición del Gobierno cubano de no reconocer la existencia de presos políticos y subrayó que las transformaciones dentro del país deben responder exclusivamente a decisiones internas.
Lo cierto es que julio y agosto pondrán en vilo a un gobierno que ya no sabe por dónde nacerá la próxima protesta y los próximos gritos de comida y libertad.
El cardenal católico, quien además es doctor en derecho canónico y diplomático de la Santa Sede, expresó que “es importante que los jóvenes que en un momento manifestaron su pensamiento de la forma que conocemos puedan volver a sus casas".