Cuba: hambre, apagones y huracanes que terminan de hundir a los más vulnerables

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La crisis en Cuba se ha intensificado con la combinación de apagones, escasez de alimentos y el impacto del huracán Rafael, que destruyó infraestructura y producción agrícola en el occidente del país.

Mientras miles dependen de ayuda humanitaria, los sectores más vulnerables, como los ancianos, enfrentan condiciones extremas, con escenas de supervivencia en calles y basureros que evidencian el deterioro estructural.

En una esquina de Santiago de Cuba, un grupo de ancianos sin hogar se reúne cada día para resistir. Piden agua para no desmayarse bajo el sol, rebuscan entre basura que se acumula en calles sin recogida y duermen donde antes había comercios.

La escena, documentada por el Miami Herald, no es una excepción ni un símbolo aislado: es el retrato más crudo de una crisis que atraviesa todo el país, pero que golpea con más fuerza a quienes ya no tienen margen.

Cuba arrastra desde hace años una combinación de escasez de alimentos, apagones prolongados y deterioro de servicios básicos. A eso se suma el colapso de la producción agrícola. Un reportaje de CBS News Miami muestra a campesinos incapaces de sostener sus cosechas por falta de combustible, fertilizantes y electricidad. Sin producción, no hay abastecimiento. Y sin abastecimiento, la supervivencia se convierte en una ecuación diaria.

Ese equilibrio ya precario recibió un golpe adicional en noviembre de 2024, por ejemplo. El huracán Rafael, uno de los más intensos registrados en esa época del año, tocó tierra en el occidente del país con vientos de hasta 185 km/h. El impacto no solo fue inmediato, sino estructural. Más de cuatro millones de personas resultaron afectadas en un país que ya estaba en crisis .

Las cifras dibujan el alcance del daño. Más de 23.000 viviendas quedaron afectadas, muchas con pérdidas totales de techos. Solo en Artemisa, casi 20.000 casas sufrieron daños. La red eléctrica colapsó en amplias zonas tras la caída de cientos de postes y transformadores, agravando los apagones que ya eran habituales. En La Habana, el impacto alcanzó incluso a hospitales y centros educativos, mientras el sistema de gas y agua también sufrió afectaciones .

Pero el golpe más profundo fue en el campo, y es lo que lo diferencia de Melissa que fue más devastador. Provincias clave para el suministro nacional como Artemisa y Mayabeque vieron devastadas miles de hectáreas de cultivos. Plátano, yuca, arroz y café quedaron arrasados. También colapsaron sistemas de riego, instalaciones agrícolas y unidades de producción animal. En un país donde la comida ya escaseaba, el huracán destruyó parte de lo poco que quedaba funcionando.

El resultado es una crisis superpuesta. La escasez no es solo económica, es física. No hay suficiente comida porque no se produce lo suficiente, y no se produce porque faltan recursos y porque fenómenos como Rafael destruyen lo poco que hay. Esa cadena explica por qué el impacto no se distribuye de forma igual. Los ancianos, que dependen de pensiones mínimas o de ayudas, quedan expuestos de forma directa. Muchos sobreviven sin acceso regular a alimentos ni medicamentos.

Tras el paso del huracán, se activaron mecanismos de ayuda. La Cruz Roja Cubana, junto a agencias internacionales, distribuyó alimentos, kits de higiene, tanques de agua y materiales básicos para viviendas. Más de 11.500 personas recibieron asistencia directa . También se desplegaron brigadas médicas y campañas para prevenir enfermedades derivadas de agua contaminada y malas condiciones sanitarias.

Esa ayuda, sin embargo, llega en un contexto limitado, ya de crisis y a la postre ha terminado por ser insuficiente. El propio informe humanitario reconoce problemas de logística, falta de combustible y dificultades para sostener operaciones en medio de apagones constantes. La recuperación se ralentiza porque el sistema ya estaba debilitado antes del desastre. Reparar una red eléctrica o reactivar la agricultura no es inmediato cuando faltan recursos básicos.

En paralelo, el debate político sigue marcando el contexto. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, afirmó que las reformas necesarias para sacar a Cuba de la crisis son imposibles bajo el liderazgo actual. La declaración añade presión externa, pero no cambia la realidad inmediata en la isla: la gente sigue lidiando con la escasez día a día.

Entre apagones, campos improductivos y ciudades donde los ancianos buscan comida en la basura, la crisis cubana ya no se puede explicar por un solo factor. Es una acumulación de fallos, agravada por eventos como el huracán Rafael, que terminan empujando a los más vulnerables a un punto límite.

Y ojo… ya casi estamos en Mayo. Ya dentro de poquito comienza la temporada ciclónica y llega el calor sofocante a la isla.

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