Amelia Calzadilla: la tormenta mediática cubana del momento

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Empezó pidiendo una balita de gas y terminó fundando un partido. Amelia Calzadilla funda el Partido Liberal Ortodoxo Cubano y desata la mayor tormenta de reacciones del activismo cubano en 2026; pero… aquí hay de todo.

Todo comenzó con una balita de gas. O más bien, con el hecho de no contar con gas para cocinar. Era junio de 2022, y una joven cubana llamada Amelia Calzadilla — graduada en la Facultad de Lenguas Extranjeras de la Universidad de La Habana, traductora, guía de turismo, madre de tres hijos, con 32 años — se plantó delante de una cámara y dijo lo que millones de cubanos pensaban pero no decían.

El video de inmediato se viralizó. La Seguridad del Estado le puso una patrulla en la puerta. La «entrevistó»; la persiguió, la acosó y terminó enviándola al exilio. Cuatro años después, esa misma mujer acaba anunciar la fundación de un partido político desde el exilio en Madrid. Y la explosión que provocó en las últimas 72 horas dice más sobre el estado de ánimo de la comunidad cubana que cualquier encuesta; pero también dice mucho de los cubanos y quiénes somos.

La madre que el régimen convirtió en opositora

Alguien dijo una vez y mi amiga Masiel Rubio desde Madrid a cada rato lo menciona, que el propio régimen cubano es el mayor fabricante de disidentes y opositores dentro de la propia Cuba.

Para entender lo que está pasando esta semana, hay que entender lo que ocurrió en aquellos días de 2022. Amelia Calzadilla no salió a protestar con un cartel. Salió con la rabia específica de una madre que no puede garantizarle a sus hijos lo más básico. Habló de la escasez de gas que afectaba a 58 familias en el Cerro de La Habana. Habló con nombres, con datos, con la dureza de alguien que ya no tiene nada que perder diciendo la verdad.

Esa mezcla de «hechos concretos», de hablar desde la juventud; de mezclar un lenguaje basado en lo preciso, para luego «chabacanizarse» y lanzar frases tan memorables como «Bruno, haz tu pincha loco», o decirle a Lis Cuesta, que a ella no le importaba si se tiraba a Díaz-Canel o no, terminó por conectar con cientos de miles de cubanos dentro y fuera del país. No solo se trataba de una mujer, sino de una madre de tres hijos. Hablando desde la capital. Joven, agraciada… y el trabajo. Ese es un detalle importante. Si una joven traductora y guía de turismo —un sector que durante años ha ofrecido ventajas económicas frente al resto— era capaz de gritar a los cuatro vientos «Ya no aguanto más», y de paso referencia a unos padres «integrados» y lo hace desde La Habana, ¿qué se pudiera esperar para el resto de las madres cubanas? Específicamente para aquellas que residen en el interior, vinculadas al sector estatal… Nada. O muy, muy poco. Ese fue el gancho de Amelia; que sin proponerse una carrera política en aquel entonces, reclamando solo gas para poder cocinarle a sus hijos, terminó convirtiéndose en un referente nacional del hartazgo.

La respuesta del régimen fue inmediata y reveladora. La Seguridad del Estado activó perfiles anónimos en internet para atacarla: que si sus lámparas eran de lujo, que si sus uñas eran acrílicas, que si había comido en el Tropicana. Que si tenía familia en el extranjero y una de ellas trabajaba en Martí Noticias.

El diario Cubadebate le dedicó un artículo atacándola. El programa Con Filo — el mismo que esta semana volvió a atacarla — la convirtió en objetivo. La amenazaron. La convocaron a la policía. Le hicieron exactamente lo que el régimen hace cuando alguien le da miedo: intentar destruir a la persona para no tener que responder a las ideas. Pero nada de eso funcionó.

«Aprendí de muy mala manera que la propaganda castrista no perdona al honesto», escribió Calzadilla esta semana en su perfil de Facebook al anunciar su partido.

«Fueron sus constantes amenazas, el descrédito, la difamación y el asedio lo que me empujaron a volverme entonces una activista y opositora. Lo único que podré agradecer a la revolución en los 32 años vividos en Cuba,» dijo más adelante.

En 2023 salió de Cuba con su esposo y sus tres hijos. Se instaló en Madrid. Se unió a Ciudadanía y Libertad, la organización de Carolina Barrero. Visitó el Parlamento Europeo para exigir sanciones contra el régimen. Se reunió con María Corina Machado. Estudió. Pensó. Y el domingo 27 de abril de 2026, hizo el anuncio que lo cambió todo.

El domingo que sacudió a la comunidad cubana

El post de Amelia Calzadilla anunciando el Partido Liberal Ortodoxo Cubano no fue un comunicado frío. Fue un texto de temperatura alta, escrito desde la honestidad que la caracteriza: «Nace hoy el Partido Liberal Ortodoxo Cubano, un partido como su nombre indica de Centro Derecha Liberal, comprometido con la defensa de la justicia, la dignidad y el desarrollo de nosotros como nación. Fundado sobre las bases más humanistas del ideario martiano y también con las políticas del libre mercado.»

En horas, la publicación superó las 17,000 reacciones y los 2,000 comentarios. En su canal de YouTube, la directa donde explicó el partido acumuló más de 19,000 visualizaciones y 171 comentarios en menos de 48 horas.

Los apoyos llegaron de todas partes. Lara Crofs — una de las activistas más perseguidas dentro de Cuba, conocida por repartir comida entre personas vulnerables en La Habana — escribió: «Entonces creo que militaré por primera vez en un partido que pienso que representa mucho de lo que quiero para una Cuba libre.» La activista Saily González Velázquez declaró: «Al fin aparece un partido que me representa. Con Amelia Calzadilla, por supuesto.» El humorista Ulises Toirac, siempre preciso, lanzó una frase que resume la ironía de toda la historia: «Lo que está de pipi es que la revolución la haya preparado tan bien» — refiriéndose a que fue el propio acoso castrista el que forjó a Calzadilla como opositora.

El régimen responde: Con Filo y sus burlas

El miércoles por la mañana, el programa oficialista Con Filo — nacido en agosto de 2021, apenas un mes después del 11J, con la misión declarada de atacar mediáticamente a voces disidentes — publicó un video burlesco. El presentador Michel Torres Corona anunció con sorna que él también iba a fundar un partido. «Queríamos ponerle partido comunista pero el nombre estaba ya tomado», dijo. «Lo más importante, que es el financiamiento, ya lo tenemos listo.» El chiste lo dice todo sobre la mentalidad del régimen: cuando no pueden refutar las ideas, ridiculizan a quien las tiene.

La comunidad cubana en redes reaccionó de inmediato. «¿Pero en Cuba puede existir más de un partido?», preguntó un usuario, mientras otro citó el artículo 5 de la Constitución cubana — que reconoce al Partido Comunista como fuerza dirigente única — para preguntarle a los propios presentadores si estaban burlándose de su carta magna. El tiro le salió por la culata a Con Filo.

Calzadilla respondió con la cadencia de quien ya sabe exactamente lo que hace. En una primera publicación escribió: «La reacción sarcástica de Con Filo me llena de orgullo; refleja cuánto dolor les produce saber que como pueblo estamos listos para recibir a brazos abiertos proyectos de país que no vengan de la mano de aquel que nos ha privado de todo.» En una segunda: «Se necesita mucho más que un diplomático corrupto, un terrorista, dos capítulos de Sinfilo y cuatro auras tiñosas para desanimarme.»

Torres acumula un historial reciente: en marzo de 2026 llamó «bestias» a los manifestantes de Morón que protestaban por los apagones. Que el régimen le haya encargado a él la tarea de atacar a Calzadilla dice tanto sobre el atacante como sobre la atacada. Y dice mucho de aquellos que terminan haciéndole la pala.

Sí, no todos los ataques contra Amelia Calzadilla (o su proyecto) vinieron del régimen. Una parte importante — y más reveladora — vino de dentro de la propia comunidad cubana en el exilio. Los canales de YouTube de periodistas y comunicadores cubanos llenaron sus comentarios de desconfianza: que si era «agente del G2», que si «llegó a España demasiado fácil con tres hijos», que si «antes era de izquierda», que si «no tiene experiencia política», que si el nombre del partido «recuerda a Fidel Castro». En el canal de Juan Manuel Cao, que la entrevistó este miércoles con respeto y rigor, el 30% de los comentarios eran de apoyo, el 30% de desconfianza y el 40% de debate sobre el nombre del partido. Hubo quien lo llamó «proyecto canibal».

Hay algo que vale la pena nombrar con claridad porque se exige hacerlo: una parte de esos ataques tiene un componente que va más allá de la legítima discrepancia política. Amelia Calzadilla es joven — nació en 1991 en La Habana. Es madre de tres hijos. Comenzó su activismo desde una cocina, quejándose de que no tenía gas. Es hábil comunicadora, habla varios idiomas, transmite empatía y dulzura. Cada una de esas características — que en un hombre de mediana edad serían aplaudidas sin cuestionamiento — se convierte en motivo de sospecha cuando las tiene una mujer joven y atractiva. «Es una influencer», dice alguien. «¿Quién la financia?», pregunta otro. «Llegó muy rápido», apunta un tercero. Nadie pregunta eso de los que llevan décadas en el exilio acumulando cargos en organizaciones que tampoco tienen estructura ni programa público. En una sociedad tan machista como lo es la cubana, donde la sororidad es una asignatura pendiente por parte de muchas mujeres que terminan proyectando sobre todas las cosas recelos, resentimientos y envidia —a la vez que legitiman el machismo— todo este ataque era de esperarse. Y desde Miami.

Guenady Rodríguez, quien se confesó no tener casi nada en común con lo que Amelia representa lo dijo con cierta elegancia: «Así como el poder en Cuba intenta forzar a la sociedad real a encajar en un modelo preconcebido, también hay sectores en Miami que intentan moldear a los cubanos según una idea idealizada — y ya inexistente — de lo que deberían ser. Las críticas recientes contra Amelia en redes, en mi opinión, son otro síntoma de todo esto.»

Desde Portland, Oregon, el joven periodista cubano Eyder La O Toledano lo resumió así:

«Es legítimo estar a favor o en contra de alguien; la empatía juega su rol, y el sesgo político también. Pero es inadmisible que te coloques en el lugar que le corresponde a la dictadura y a su legión de clarias.»

El partido, el 19 de mayo y lo que viene

El Partido Liberal Ortodoxo Cubano no es un partido para gobernar Cuba mañana. Calzadilla lo ha explicado con insistencia y claridad: es un proyecto pensado para una Cuba en democracia, no para la transición inmediata. Su programa completo — fundadores, directrices, estatutos — se presentará el 19 de mayo, fecha elegida por el aniversario de la caída de José Martí, que es referencia central del proyecto. «Quiero que las personas decidan a partir del conocimiento real de la propuesta política, no solo por una conexión personal conmigo», dijo a 14ymedio, diario en el que fue entrevistada.

El financiamiento es cero. Ella misma lo admitió: «No hay un peso, literalmente.» La apuesta es construir desde abajo, con el autofinanciamiento que generan sus canales de comunicación y las aportaciones voluntarias de quienes se identifiquen con el proyecto. Es un punto que sus críticos señalan como ingenuidad. Es también el punto que más la diferencia de los partidos del exilio histórico que llevan décadas recibiendo fondos de organizaciones estadounidenses sin mostrar resultados concretos dentro de Cuba.

Juan Manuel Cao, en la entrevista que le hizo este miércoles, le señaló que ya existe en Madrid una organización liberal cubana — la Unión Liberal Cubana fundada por Carlos Alberto Montaner — con relaciones establecidas en la Internacional Liberal y trabajo acumulado durante décadas. Calzadilla lo reconoció y lo tomó como información útil: «No venimos aquí a invalidar trabajos de personas que ya han hecho tanto por Cuba. Tenemos mucho que aprender de ellos.»

Lo que la tormenta revela — y lo que Amelia representa

Hay un dato que ninguna de las polémicas de esta semana ha mencionado con la claridad que merece. Dentro del ecosistema del activismo y la oposición cubana — con todas sus figuras, sus organizaciones, sus plataformas, sus años de trayectoria — Amelia Calzadilla es hoy la figura que más simpatías despierta en la comunidad cubana en términos amplios según lo que se ve en las redes sociales, ese termómetro digital de lo que sucede y se mueve en Cuba. Si en este momento se llevara a cabo una votación virtual sobre quién representa mejor a los cubanos de a pie, quién encarna mejor sus aspiraciones y su hartazgo, quién genera más identificación genuina, Amelia Calzadilla ganaría. Sin dudas. Y eso lo saben perfectamente quienes la atacan, que es también, en parte, la razón por la que la atacan.

La encuesta independiente que El Toque y una coalición de medios independientes publicaron esta semana — con más de 31,000 respuestas, el 59% desde dentro de Cuba — incluyó una pregunta sobre qué figuras representaban mejor a los encuestados. Las estadísticas del dashboard que la propia Calzadilla compartió en su directa mostraron lo que muchos intuían: el pueblo cubano está hambriento de figuras políticas que hablen su idioma, que partan de la realidad cotidiana, que no vengan envueltas en el barniz del exilio histórico que muchos cubanos de adentro siente como ajeno y lejano.

Calzadilla habla de la escasez de gas porque la vivió. Habla de criar hijos en la oscuridad porque lo hizo. Habla de sentir vergüenza de no poder sustentarse con el propio trabajo porque lo sintió. Y cuando habla de querer regresar a Cuba para invertir todo lo que tiene y es el día que sea libre, la gente le cree — porque sabe que lo dice quien dejó atrás a sus padres, a sus vecinos, a todo un barrio del Cerro de La Habana que la vio alzar la voz cuando nadie esperaba que lo hiciera.

Ese es el perfil que incomoda. Una mujer joven, madre, hábil comunicadora, que habla varios idiomas, que transmite empatía y dulzura, que empezó en una cocina pidiendo una balita de gas y terminó hablando en el Parlamento Europeo. Que es inteligente sin ser pedante. Que admite lo que no sabe. Que dice «todavía somos un bebé» cuando habla de su partido, sin que eso suene a debilidad. En un hombre de cincuenta años con décadas de exilio, esas mismas cualidades se llaman experiencia y se celebran. En ella se llaman sospecha.

Hay una frase que Calzadilla pronunció en su directa del domingo que resume lo que está en juego más allá de ella misma: «El día que caiga la dictadura es que la guerra realmente va a comenzar — y va a ser la guerra por levantar el país. Hay que ir organizando ideas de país ahora, no después.» Es un argumento que los sectores más pragmáticos de la comunidad cubana deberían tomar en serio. Cuba lleva 67 años sin partidos. Sin cultura de debate político plural. Sin práctica democrática de ningún tipo. La aparición de partidos, de propuestas, de debates — aunque incómodos, aunque imperfectos, aunque generen tormentas — es exactamente el músculo político que la sociedad cubana necesita ejercitar antes de que llegue el momento en que realmente haga falta.

El régimen lo sabe. Por eso Con Filo se burlaba mientras Torres Corona no podía ocultar el nerviosismo detrás de la ironía. Que el aparato de propaganda de un Estado que lleva 67 años en el poder dedique tiempo y recursos a burlarse de una madre cubana de 34 años que fundó un partido político sin un peso es, en sí mismo, el mejor indicador de que algo en Cuba ha empezado a cambiar.


Fuentes utilizadas: CiberCuba (27-29 abril 2026), 14ymedio / Luz Escobar (28 abril 2026), Periódico Cubano (28-29 abril 2026), Martí Noticias (29 abril 2026), Somos+ (28 abril 2026), Cuba Noticias 360 (27 abril 2026), Juan Manuel Cao Live / YouTube, publicaciones propias de Amelia Calzadilla en Facebook y YouTube

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